En estas trincheras nuestras armas son palabras convertidas en argumentos y contra argumentos.
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Foto de Chris LeBoutillier / Pexels

Catástrofe al derroche

Número 8 / ENERO - MARZO 2023

¿Por qué el capitalismo se infiltró en la defensa del medio ambiente?

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Dainé Zeferino

Colegio de Ciencias y Humanidades Plantel Azcapotzalco

Hablar del ambiente más allá de su belleza o diversidad refiere hablar de una problemática, que a profundidad no podría tan siquiera ser considerada en acción como una lucha colectiva, sino más bien a una causa relacionada a intereses políticos y de mercado. El ser humano tiende a liberar culpas en el entorno sin hacer énfasis en su responsabilidad individual, no es una costumbre generacional, es una conducta impregnada que ha sido replicada en el interior de nuestra necesidad de percibirnos inocentes e ignorantes de cualquier mal que podría ser causado por nosotros.

Los jóvenes, hemos llegado a un mundo infestado de situaciones de las que hemos tenido que hacer conciencia a pesar de no ser parte de ese contexto, interponiendo nuestro carente sentido de pertenencia: ¿será cierto que todos nuestros antecesores han heredado a estas nuevas generaciones este tipo de conflictos? Creo que existe una responsabilidad compartida, se entiende que en el pasado se definió una realidad “correcta” que sigue prevaleciendo hasta la actualidad. Pero,  desde una sola percepción, no se contemplaba el futuro, uno no estuvo en su momento para hacer una comparativa más amplia y justa, pero de la propia mano de experiencias, la mayoría de productos en su anterioridad  contaban con más detalles, más calidad, con el propósito de ser únicos y duraderos para su adquisición, mantenían la verdadera intención de dar un buen costo beneficio, ahora, a pesar de que se nota un desplome abismal en estos factores, existe de manera aprendida, la insistencia de seguir comprando, y a su vez, generando.

Los conceptos “civilización” y “desarrollo” son clave, ya que son los principales potenciadores para tomar una dirección, gracias a ellos, podemos justificar la destrucción y las acciones “inhumanas” (desgarradoramente contradictorio e irónico) y tendría credibilidad si ese avance estuviera contemplado y concentrado en situaciones por el beneficio de todos los seres que habitan la ecósfera. Ahora bien, la moral y la ética son también relatables, presumen de extremada subjetividad, no obstante, después de tanto tiempo de patrones antropocentristas que define al prójimo que comparte nuestra especie como el centro del universo y como los dueños de todo plano terrenal, es más concebible para la humanidad seguir adoctrinando por la creación de alternativas a estados superfluos a que el modelo de producción y de consumo capitalista cambie.

No presumimos de inocencia, existen necesidades, por supuesto, pero a menudo suelen confundirse con inconscientes y desidiosas decisiones producto de una constante confusión por cosas que no son lo que parece, el claro ejemplo de esto es el greenwashing, una calculada práctica que se aprovecha de la consternación ambiental para su beneficio, es decir, con engaños, convencen al consumidor de ser una opción amigable con imagen ilusoria de responsabilidad ecológica.

Existen grandes imperios que intentan desviar sus negativas acciones en contra del planeta y para los consumidores exactamente hacia lo “mínimo” causante, crean técnicas de manipulación mediática delegando absolutamente toda la carga mental de cuidar el agua, reciclar, reutilizar, de forma hipócrita, creando un discurso de: “pequeñas acciones que colectivamente transforman el mundo” más sin en cambio, no hay nivel de comparación entre un corporativo y un ciudadano promedio, en beneficio de compañías abusivas y en favor de la “economía” los gobiernos procuran lazos que manejan corrupta e irresponsablemente sus desechos, contaminan en exceso, y se roban el agua del pueblo, no es una incógnita de quienes se tratan, nuestras marcas preferidas de cajón o los resorts de planes vacacionales, las tendencias de moda que imitamos con ropa desechable del fast fashion o qué decir de una bebida refrescante en cualquiera de sus presentaciones acompañada de los alimentos transgénicos rápidos y conservados.

Otro punto para considerar es el mito de la sobrepoblación, confiere la sarta de ideales fascistas con intenciones clasistas, generaliza principios de estilo de vida insostenible que tienen los individuos marginados, asegura ignorantemente que traen hijos al mundo generando así más desechos, más producción, más contaminantes, a diferencia de las personas en condiciones privilegiadas a las que no se les señalan las emulsiones de jets privados y grandes familias, tales como nuestras celebridades favoritas o los idealizados millonarios. Según el economista: “El estudio de la Oxfam y el Instituto de Medio Ambiente de Estocolmo señala que justamente la población más pobre que menos contamina es la que se ve más afectada por el impacto ambiental, por la naturaleza de sus bajos recursos para hacer frente al cambio climático y por la mayor parte de actividades económicas que realizan”.

Esta transición demográfica no es la que está dañando a la tierra, se cree erróneamente que cuando hablamos de sobrepoblación, hay que entender que va de la mano con los patrones de consumo nuevamente culpabilizando a los no empresarios, no todo el mundo tiene la capacidad de costear todo lo que se produce exactamente esa misma condición de vulnerabilidad y desigualdad en derechos humanos es la que los coloca en el menor índice de consumismo. Según David Satterthwaite el investigador del Instituto Internacional para el Medio Ambiente y el Desarrollo en Londres: “No es el número de personas en el planeta el problema, sino la cantidad de consumidores y la escala y naturaleza de su consumo” el problema es el modelo de producción que no es equivalente a la demanda de los consumidores en todos los casos, si no, a los deseos de generar ganancias infinitas con recursos finitos.

Tras la evidencia de nulas previsiones hacia un futuro sostenible y la alegación de simplezas que únicamente deterioran al medio, ¿ahora? ¿actuar ahora? ¿sirve de algo la preocupación? La responsabilidad de reflexionar conlleva el análisis psicológico detrás de la agresión a la naturaleza y la sobreexplotación de los recursos, el deseo que tenemos es directamente proporcional a su valor monetario, no a su necesidad, somos la criatura hostil en comparación a las especies que convergen al unísono que nosotros al ser caracterizados como “pensantes” y eso da origen a calificar nuestras actitudes como egoístas que acaparan con un sentido unilateral, un constante “aprovechamiento” inverosímil y excesivo que además subordina y considera de nivel inferior a todo quien pueda explotar.

Si somos filantrópicos, habría que cuestionarnos qué es lo que pasaría con el planeta si empezamos a cuidar nuestro bolsillo y a nuestras acciones, cada individuo tiene la elección de su impacto que determinaría un balance en su posición como integrante influyente en su realidad y la de otros, quienes notarán y sufrirán las grotescas consecuencias, no han nacido aún, habla del respeto a las demás especies habitantes de la tierra y como el desprecio no es único a los que no son parte de nuestra símil raza, sino a todo lo viviente.

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