En estas trincheras nuestras armas son palabras convertidas en argumentos y contra argumentos.
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Metros, minutos, kilómetros

Número 20 / ENERO - MARZO 2026

Me pregunto qué habría pensado Karl Marx del metro

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Adanelly Marlene Martínez Ahuecatitan

Facultad de Ciencias Políticas y Sociales

Cualquiera que haya viajado en metro sabe lo horribles que son las 7:00 am en la estación Pantitlán, el transbordo de Obrera o en la CETRAM Santa Marta. Todos esos tardados viajes al trabajo o a la escuela, tomarnos 2 horas o más para llegar barriendo la hora, nos parecen normales, son cotidianos y aunque nos quejamos constantemente, ¿podríamos hacer algo para cambiarlos? ¿A quién le sirve hacernos esperar tanto tiempo un vagón que no esté tan lleno?

El sociólogo Max Weber hablaba del sentido de las acciones sociales, el que nos interesa en este caso es el sentido racional de acuerdo a fines, una primera impresión podría decirnos que el hecho de hacernos esperar en filas para entrar al metro o filas de autos para cruzar una calle es impráctico, pero la sociología nos enseña a mirar interpretar y saber explicar más allá de lo aparentemente evidente.

Javier Auyero, un sociólogo argentino, nos dice que la espera se ha vuelto una nueva manera de control social, capital político para la dominación, vigilan y castigan. Las personas que esperan lo hacen porque no tienen otra opción, mientras las ciudades se llenan de autos y segundos pisos de periférico las personas que no tienen dinero para un transporte privado nos tenemos que conformar con un precario sistema de metro. Con la espera nos recuerdan eso, que no tenemos opción, que es eso o tener que pagar el doble por una combi o el quíntuple por un taxi.

Nos cansan, nos quitan el tiempo que podríamos usar en el ocio, en dormir, en leer los 48 libros que un japonés lee al año. Karl Marx decía que para que la fuerza de trabajo se reprodujera tendríamos que estar bien descansados y comidos para seguir trabajando. Pero no desayunamos antes de salir, porque 5 minutos se vuelven 1 hora y preferimos no comer que llegar tarde. El metro y el transporte condicionan nuestro sueño, nuestra comida y pensamiento. Con sus esperas que parecen eternas, pero también inofensivas nos hacen no tener espacio, ni tiempo ni ganas de hacer más, nos vigilan y nos condicionan, nos castigan por llegar tarde, nos dejan viajar parados y aplastados 12 estaciones por quedarnos dormidos 10 minutos más.

—Mañana agarro el metro 6:00am en punto y no me agarra la hora pico—, exclamó a las 12:00 am un obrero.

—Mañana tengo examen, me voy a dormir tarde—, dijo una estudiante que tarda dos horas en irse a la escuela y entra a las 7:00am.

Pero encontramos la manera de sobreponernos a ese tipo de cosas, ahora hacemos memes del metro, con páginas en redes que hasta tienen club de fans, con todo y estaciones favoritas… por ser las menos peores. A veces la espera entre estaciones no es tan tortuosa, si vas con la chica que te gusta, 30 minutos de espera se vuelven en nervios cuando esperas una cita, las parejas que se encuentran en Copilco y los grupos de amigos que pasan parados 12 estaciones sin notarlo por platicar en el proceso son maneras distintas de esperar. Ese tipo de acciones tienen otro sentido para nosotros, no es práctico llegar tarde por esperar a nuestra pareja o nuestros amigos de regreso del trabajo, pero lo hacemos, son acciones afectivas de acuerdo a fines, y según dice Weber, así le dan un sentido distinto a ser pacientes. La compañía hace más fácil un viaje.

Hay algo muy distinto en ese tipo de paciencia, paciente significa alguien que tiene la capacidad de soportar, el paso del tiempo en este caso, todos esperamos distintas cosas, pero no las soportamos igual, ni la misma cantidad de tiempo, Auyero también nos dice que la clase media y alta soportan esperas más cortas. En México no existe la clase media, solo personas que ganan más que el mínimo y pueden comprar un auto. A diferencia del proletario común que es paciente en los vagones de metro, esta falsa clase media existe esperando de otro modo por encima de nosotros y entre menos presupuesto se destina al sistema de transporte colectivo metro, más se le destina a construir una selva de asfalto a 40° centígrados que, por un lado, no se puede cruzar caminando y, por el otro, se sume en un tráfico agotador.

Controlarnos y vigilarnos con el metro tiene quizá dos sentidos racionales de acuerdo a fines de parte de quien nos controla, por una parte, se ahorra dinero en reparar y darnos un transporte de calidad y por el otro les da una herramienta para mantenernos en el orden que más les conviene. Es una lucha entre los intereses de una u otra clase. Me pregunto qué habría pensado Marx del metro en la CDMX, probablemente diría que se construyó simplemente para tener una forma barata y rápida de transportar la mano de obra desde distintas partes de la ciudad y la periferia, manteniéndola lo menos posible y ampliándose cuanta más fuerza de trabajo se necesitara. Tendría mucha razón. 

Las líneas de metro se extienden por zonas populares, claro que el discurso alrededor de eso sería darles una mejor movilidad y agilizar el traslado, pero en términos concretos, ¿a quién le favorece realmente que las jornadas laborales se cumplan estrictamente en términos de tiempo? Incluso Zócalo o la línea roja de Polanco están llenas de godínez en traje para hacer funcionar la burocracia. Se podría decir, desde una mirada más positiva, que gracias al metro hemos conquistado lugares antes reservados para la clase alta, como la Roma o la Zona Rosa, pero mientras el proletario se expande y resiste en los ambientes que se le dan las clases altas se recluyen en privadas o simplemente hacen de sus espacios inaccesibles para nosotrxs, Santa Fe, por ejemplo, está diseñada para autos, es prácticamente imposible caminar por ahí.

Parece que la lógica del capitalismo se extiende hasta en algo tan cotidiano como el metro de la CDMX, y al igual que el capitalismo cava su tumba también lo hacen sus otros mecanismos de dominación, la lucha de clases está siempre presente y tiene que haber un ganador, nosotros somos más y luchamos hartos durmiendo en los vagones, mal comidos y mal vestidos, nada es más peligroso que un pueblo cansado, hambriento y ellos no lo saben. Nosotros no esperamos la revolución como esperamos el metro, nosotros haremos la revolución.

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