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acto revolucionario

¿Es el amor un acto revolucionario?, ¿cómo podemos ejercer este sentimiento sin someternos a dinámicas de explotación o dominación?

Te invitamos a leer la sección Trincheras y desarrollar tus argumentos con todo respeto

2 Responses

  1. Las dinámicas de explotación o dominación siempre están sujetas a un contexto en el cual el sistema le indica u obliga a los sujetos que deben actuar de una u otra manera para poder amar correctamente, entendiendo el amor; diría Erich Fromm, como un arte que se aprende y se ejerce de forma continua con base en ideas y supuestos previamente aprendidos e interiorizados.
    Entonces a través de las ideas y de la interpretación de las mismas es que se puede entender y buscar amar de maneras distintas, no correctas, por que me parece inadecuada la palabra, pero si formas mas sanas emocional y socialmente.
    Por ello creo que el amor no es un acto revolucionario en si, pero las ideas con las cuales construimos y ejercemos el amor, indudablemente lo son.

  2. ¿Es el amor un acto revolucionario? Quizá sí, pero no porque sea un sentimiento extraordinario, sino porque requiere una práctica constante de observación, cuidado y transformación.

    Pienso que hemos reducido el amor casi exclusivamente al ámbito romántico, cuando en realidad se manifiesta de múltiples formas: en la amistad, en la relación con la familia, con una comunidad, con el territorio, con los animales, con las plantas e incluso con nosotros mismos. El amor es una manera de vincularnos con la vida.

    Sin embargo, amar sin reproducir dinámicas de explotación o dominación implica un trabajo profundo. No basta con sentir afecto por alguien. Amar requiere preguntarnos constantemente desde dónde nos relacionamos, cuáles son nuestras expectativas, nuestros miedos y nuestras heridas. Requiere atender los diálogos internos, revisar los aprendizajes recibidos, reconocer las marcas de la infancia y, muchas veces, buscar espacios de acompañamiento, terapia o reflexión que nos permitan comprendernos mejor.

    Pienso el amor como un arte que se cultiva. Un arte que demanda paciencia, presencia y compromiso. No se trata de alcanzar una versión perfecta de nosotros mismos, sino de atrevernos a navegar nuestras propias aguas internas para comprender sus corrientes, sus profundidades y también sus tempestades. Sólo así podemos extendernos hacia los otros afluentes que encontramos en el camino sin intentar poseerlos, controlarlos o convertirlos en una respuesta a nuestras carencias.

    Tal vez el carácter revolucionario del amor radique precisamente en eso: en la decisión de conocernos para vincularnos de una manera más consciente; en aprender a cuidar sin dominar, a acompañar sin apropiarnos, a reconocer al otro como un ser completo y no como una extensión de nosotros mismos. En tiempos donde muchas relaciones están atravesadas por la prisa, el consumo y la instrumentalización de los vínculos, amar puede ser también un acto de atención, presencia y responsabilidad compartida.

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