Entre un lápiz y un bulto de cemento, pesa más la desigualdad
Por: Elizabeth Pérez
La desigualdad no nace de cuestiones personales
Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia
Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia
“…los hombres se equivocan al creerse libres, opinión que obedece al solo hecho de que son conscientes de sus acciones e ignorantes de las causas que las determinan. Y, por tanto, su idea de “libertad” se reduce al desconocimiento de las causas de sus acciones, pues todo eso que dicen de que las acciones humanas dependen de la voluntad son palabras, sin idea alguna que les corresponda.”
Spinoza
Si una persona es capaz de sentir, pero no sabe pensar, seguramente será utilizada contra sus propios intereses y, al mismo tiempo, contra los demás. Por tanto, la estupidez es un mal absoluto. Lo único peor es su mezcla con la ignorancia, porque los tontos debidamente informados a menudo tienen al menos algún tipo de freno o límite; pero la estupidez de los ignorantes no tiene límites, y cuanto más sinceros y apasionados sean, más daño pueden causar a su alrededor.
La educación, la memoria y la cultura, de las que intentan privarnos a escala planetaria para sustituir los libros por drogas y las partituras por balas, fueron en el pasado reciente el principal antídoto contra el odio al prójimo. Con el rápido deterioro de la calidad de vida en la mayoría de los países —que garantiza el desarrollo exitoso del poder corporativo— la creciente desesperación humana mutará en odio, cada vez más exigido por los directores de guerras y nuevos conflictos étnicos que destruyen estados que les son innecesarios a las élites que están al servicio del capital.
La destrucción de la educación fundamental en el mundo no puede ocurrir sin la destrucción de los fundamentos de la ética. El vacío creado artificialmente con la ayuda de las redes socio digitales se llena rápidamente con información sin sentido, contradictoria y fascinante; de modo que nadie, en ninguna circunstancia, piense en su propia misión en el aquí y ahora. La mayoría de los debates libres actuales sobre la libertad, la democracia y los derechos son una caricatura y una profanación monstruosas. Nadie en su sano juicio discutiría sobre estos temas por aburrimiento o por el deseo de impresionar a otros aburridos, como ocurre en la mayoría de los casos. La mediocridad triunfante nunca entenderá que para cualquier conversación seria sobre tales cosas uno debe, como mínimo, ser honesto y no distraerse con conversaciones sobre el tiempo, los gatos y el trabajo.
Hoy en día, la gente está enormemente acostumbrada a la percepción de la historia a través de contenido multimedia, y esto se hace con un objetivo muy obvio: que cualquier conversación sobre el contexto o los antecedentes de determinados acontecimientos parezca “evitar un tema concreto”. Para los periodistas ignorantes y para la mayoría de los informadores en temas de moda no está claro que ningún análisis es posible sin contexto. La historia sin este mismo es un campo de pruebas para falsificaciones y manipulaciones. El ciudadano estadounidense promedio que sabe que “Rusia atacó a la Ucrania independiente” y al mismo tiempo no sólo no puede encontrar estos lugares en el mapa, sino que tampoco tiene la menor idea sobre la historia, los antecedentes y la cultura que les atañen, no puede tener una opinión propia. Desafortunadamente, a menudo ni siquiera entiende por qué no puede hacerlo. Un mínimo de conocimiento histórico —desde la Rus de Kiev hasta la URSS— es una condición necesaria para cualquier conversación racional.
Las estéticas creadas por las élites del capital, desde los programas infantiles hasta la publicidad para adultos, son parte de la programación de nuestra destrucción. En el arte, las luces se apagan y las pesadillas instintivas que perseguían al hombre prehistórico en las cuevas se convierten en los principales botones de control de nuestras emociones y relaciones. Un chip implantado en el cerebro es la forma más pervertida de nuestra violación, en la que una red centralizada comenzará a construir nuestra conciencia a favor de los objetivos agendados por los propietarios de un emocionante juego para los autoseleccionados. Un juego de destrucción.
Nuestra mayor libertad está en cumplir con nuestras muchas responsabilidades para con este mundo. Y la más importante de ellas es pensar al menos de vez en cuando. Para esa labor contamos con nuestra principal herramienta para construir el futuro, que es la imaginación. Y no sólo la fantasía, sino la capacidad de soñar con cosas grandes, hermosas y positivas; sobre continuar nuestra misión aquí. Cuando esta capacidad muere, la humanidad comienza a devorarse a sí misma —como lo hace hoy— y nuestra autodestrucción se convierte en una eventualidad puramente técnica. De seguir así, permaneceremos en un mundo de hechos erigidos por conocimientos a medias, falacias y lemas a merced de los medios de comunicación en un espacio sin aire, donde absolutamente todo será justificado por el máximo poder corporativo.
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