En estas trincheras nuestras armas son palabras convertidas en argumentos y contra argumentos.
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El precio de traicionar a Los Zetas

Número 20 / ENERO - MARZO 2026

Si el Estado no se hace nada por erradicar la violencia, no hay disculpa que valga

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Salvador Padilla García

Facultad Ciencias Políticas y Sociales

Una traición dentro del temido cártel de Los Zetas tuvo como resultado la desaparición y muerte de decenas de personas, así como el exterminio de un pueblo cuyo lugar es herencia de cultura, costumbres y tradiciones.

Dentro de la actual situación mundial, marcada por la violencia y la guerra, es importante volver la mirada hacia México y recordar los actos de violencia que más nos han marcado. Allende es uno de ellos.

Durante la tarde del 18 de marzo de 2011, México vivió uno de sus momentos más atroces, que dejó una huella profunda en este municipio. Atribuida a los hermanos Treviño Morales (Omar y Miguel Ángel), la masacre de Allende provocó un daño irreparable en la tranquilidad de este lugar. Aquella tarde tan sangrienta y brutal, decenas de camionetas con sicarios de Los Zetas irrumpieron e incendiaron casas y ranchos, secuestraron y ejecutaron a familias completas utilizando métodos extremos, como la incineración en tambos de ácido, la quema de bodegas con personas dentro, y la destrucción total de todo a su paso. En cuestión de horas, los hombres de “La Última Letra” tomaron el control de un pueblo ya devastado, sin que una sola autoridad interviniera. Una traición cobró la vida de más de 300 personas.

Pero, ¿cuál fue el motivo de este brutal ataque? Todo comenzó cuando tres integrantes de la organización —Alfonso Cuéllar, Héctor “El Negro” Moreno y Luis Garza—, operadores del cártel, comenzaron a colaborar con autoridades estadounidenses. A ello se sumó el robo de diez millones de dólares, provenientes del tráfico de drogas. Los hermanos Treviño Morales descubrieron que estos hombres habían delatado información sobre la red de narcotráfico del grupo. Los líderes más temidos del cártel más poderoso de México no sólo tomaron represalias en contra los traidores, sino también contra sus familias y cualquier persona relacionada con ellos. De esta forma, dejaron un mensaje claro: “Nadie podía traicionar a Los Zetas sin consecuencias.”

¿Y cómo reaccionaron las autoridades ante esta situación? Podríamos imaginar que el gobierno federal o las autoridades locales respondieron con la intervención, sin embargo, la realidad fue muy distinta. Lo que predominó fue el silencio y la complicidad, pues la Policía Municipal de Allende estuvo involucrada.

Investigaciones hechas por El Colegio de México revelan que los agentes recibieron órdenes de no salir a patrullar ese día, no atender las llamadas de auxilio y detener a cualquier persona que llevará el apellido Garza, para posteriormente entregarlas a Los Zetas. Durante todo aquel fin de semana, La Última Letra operó sin resistencia ni intervención del Ejército ni de la Policía Federal. 

La situación continuó el 19 de marzo, cuando decenas de hombres armados trasladaron a los sobrevivientes a los ranchos Los Garza y Los Tres Hermanos, donde finalmente fueron asesinados e incinerados para no dejar rastro alguno. Con tambos, gasolina y horas de fuego, los cuerpos quedaron reducidos a cenizas y grasa humana. Al finalizar aquel fin de semana de terror, Allende había quedado completamente destruida.

Actualmente, una falta de justicia y una disculpa tardía representan una herida abierta, llena de impunidad y dolor. A catorce años de lo sucedido, la justicia no ha llegado: solo existen expedientes vacíos, abandonados o incompletos.

Aunque los responsables Miguel Ángel Treviño Morales (Z-40) y Omar Treviño Morales (Z-42) han sido detenidos y extraditados a Estados Unidos, queda la pregunta sobre quiénes permitieron esta situación, quién protegió a los culpables y quién responderá a las familias de las personas que aún siguen desaparecidas y continúan buscando a sus seres queridos.

La violencia es un fenómeno amplio que no conoce fronteras. No solo se manifiesta en México, sino también en Medio Oriente, América Latina, Europa del Este. En el contexto actual, Palestina está en una guerra que ha dejado miles de muertos y millones de desplazados. Los bombardeos sobre Gaza, la destrucción de hospitales, escuelas y viviendas, y las violaciones a los derechos humanos muestran que, aunque los contextos sean distintos, los crímenes de guerra y las desapariciones comparten un mismo denominador común: la impunidad. La falta de justicia internacional y el uso del terror como herramienta revelan una crisis global en la que la vida humana ha perdido valor.

Podemos tomar el caso de Allende como una advertencia, pues cuando la justicia llega tarde y el Estado guarda silencio, la historia se repite. Mientras el mundo siga tolerando la violencia como una forma de orden, ninguna disculpa será suficiente.

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