Entre un lápiz y un bulto de cemento, pesa más la desigualdad
Por: Elizabeth Pérez
La desigualdad no nace de cuestiones personales
Colegio de Ciencias y Humanidades Plantel Azcapotzalco
Colegio de Ciencias y Humanidades Plantel Azcapotzalco
Ser mujer representa más que ser un cuerpo: es inteligencia, talento, inspiración y esfuerzo adicional para enfrentar las barreras en una sociedad que cosifica y sexualiza día con día a las artistas femeninas.
Las mujeres en la música, tales como Taylor Swift, han alzado la voz y contando en base en su experiencia los constantes obstáculos para seguir vigentes en esta industria llena de letras que las sexualiza y las usa meramente como un objeto de consumo de las masas.
En el 2020, Taylor Swift señaló que las artistas femeninas tienen que reinventarse constantemente comparado con los artistas masculinos, o de lo contrario no son vigentes en una industria que busca el perfeccionismo que lleva generando por décadas estereotipos de género. No es un secreto que el cuerpo en las artistas femeninas es un objeto de consumo en el cual, la industria obliga a exhibir sus cuerpos semidesnudos o haciendo bailes eróticos para generar ventas y ganancias que de cierta forma generan un “éxito” teniendo un mayor alcance en sus carreras profesionales.
Mujeres como Shakira, Jennifer López, Dua lipa o la misma Taylor son el ejemplo de hipersexualización en el cuerpo de las mujeres, demeritando así sus capacidades y esfuerzo realizado, dejándolas como simples objetos para satisfacer las fantasías masculinas.
Gran parte de esta problemática se debe a la poca presencia de la mujer en los sellos discográficos y en los diferentes roles como productoras o mánager, ya que estas oportunidades son limitadas y dominadas en gran mayoría por hombres.
Por otra parte, en los diversos géneros musicales, una gran parte de estas letras contiene misoginia en donde el rol de la mujer se describe como “una mala mujer” o que están para satisfacer y servir a los hombres.
Sin embargo, la música es un medio de expresión en el cual se pueden abarcar estas y más problemáticas, además de cuestionarlas. La presión social que la industria musical ejerce hacia las mujeres al ser sexualizadas, consciente o inconscientemente, demerita su talento, su esfuerzo y el mérito propio que pueden tener.
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