En estas trincheras nuestras armas son palabras convertidas en argumentos y contra argumentos.
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Más allá de la frontera

Número 20 / ENERO - MARZO 2026

Testimonios migrantes

Picture of Fatima Ixchel De León Carranza

Fatima Ixchel De León Carranza

Facultad de Ciencias Políticas y Sociales

En la migración México-EE.UU., la identidad es un proceso dinámico de tensiones simbólicas. Gloria Anzaldúa describe la conciencia mestiza como una encrucijada de hibridez, Samuel Sosa explora la transnacionalización y María Eugenia Sánchez analiza la memoria diaspórica. Estos marcos iluminan a las mujeres mexicano-americanas que, como mis primas, navegan fronteras psicológicas. Basándome en sus testimonios, veremos cómo sobrellevan la violencia simbólica: la erosión de pertenencia, estereotipos y dicotomías que actúan como exclusión.

¿Qué significa la identidad para una joven entre dos culturas? Es una liminalidad constante donde la frontera es conflicto y creación. Sus testimonios revelan tensiones entre valores colectivos mexicanos e individualidad estadounidense.

Una de ellas  describe la biculturalidad como alienación: “A veces me siento muy americana para México y muy mexicana para Estados Unidos. Es interesante cómo las dos culturas se mezclan en mi vida, pero esa mezcla también hace que no me sienta 100% perteneciente a ninguna. Tengo la necesidad de mezclar los dos idiomas al hablar, me sale natural porque estoy acostumbrada a usar español en casa y luego cambiar al inglés en la escuela o con mis amigos. A veces ni me doy cuenta cuando cambio de un idioma al otro, simplemente fluye. También influye crecer en Estados Unidos pero con costumbres profundamente mexicanas. Cuando voy a México, noto que el vocabulario de la chaviza es diferente o usan palabras que no escucho todos los días en Estados Unidos, lo que me hace sentir que no encajo al 100%. Aunque entiendo y me siento parte, siempre hay pequeños detalles que me recuerdan que no crecí allá. Es una sensación curiosa pertenecer, pero no por completo. Al final, vivir entre dos culturas es algo hermoso pero también complejo. Te da una perspectiva diversa del mundo, pero a veces te hace cuestionar dónde está realmente tu hogar, y creo que esa es una experiencia muy común entre los hijos de migrantes.” Esta vivencia ilustra la violencia de la no pertenencia.

Otro testimonio resalta los lazos familiares: “Me siento muy afortunada de que mis papás hayan migrado a este país. Ellos llegaron sin nada y siempre han sido un gran ejemplo, son personas honradas, trabajadoras, y siempre conectadas con sus raíces. Nunca dejaron atrás su cultura y siempre nos la han inculcado a sus hijos y ahora también a sus nietos. Conforme he crecido, me he dado cuenta de que muchas familias a mi alrededor no tuvieron la oportunidad de obtener ciudadanía o residencia como mis papás. Eso me hace valorar muchísimo que yo no tenga que vivir con el miedo a ICE, o preocuparme por no recibir ayuda financiera para estudiar, o por no tener ciertos beneficios que muchos inmigrantes no pueden acceder. Tener esa estabilidad gracias a ellos es algo que no doy por hecho. Aunque mis papás emigraron a este país, ellos no tuvieron la oportunidad de estudiar una carrera o ir al colegio. Quiero que su sacrificio tenga un propósito, porque ellos llegaron a este país sin nada y trabajaron duro para que yo pudiera tener un futuro con más posibilidades.”

Aquí, la violencia se manifiesta en el observar a los alrededores y ver que aunque sean migrantes no dejan de ser víctimas de su entorno. Sobrellevan esto convirtiendo el sacrificio parental en motivación académica. Los lazos familiares crean un ADN de resiliencia con agencia propia.

Los viajes a México exponen contrastes: “No recuerdo la primera vez que fui a México, pero sí recuerdo haber ido varias veces de pequeña. Siempre viajaba con una gran felicidad en el corazón y regresaba con una nostalgia enorme porque no quería volver. La vida allá se sentía muy diferente a la de acá. Me encantaba ir en diciembre por los cuetes, visitar el rancho de mis papás y, sobre todo, me fascinaba que podía ir al súper o a la casa de mi abuelita caminando. Eso era algo nuevo para mí, porque en Estados Unidos casi siempre necesitamos carro para movernos.. Actualmente, muchas cosas han cambiado. México ya no se siente tan seguro como antes por todo lo que se escucha decir, y de hecho tengo más de un año sin ir. Aun así, espero poder volver pronto, quizá incluso visitar una ciudad diferente a San Luis Potosí, que es a donde siempre voy cuando visito México.”

Esta experiencia revela violencia en la inseguridad y la nostalgia por una infancia idealizada. Sobrellevan esto mediante recuerdos y tradiciones que reafirman sus raíces, transformando la confrontación en esperanza.

Finalmente, los estereotipos agravan la exclusión: “Cuando voy a México, muchas personas en los puestos o en los supermercados se dan cuenta de inmediato de que soy de acá por la manera en la que hablo. A veces, solo por ser la del otro lado, te suben los precios o te intentan cobrar de más porque asumen que uno tiene mucho dinero. También he sentido que piensan que somos ingenuos o fáciles de engañar, como si por vivir acá no conociéramos cómo funcionan las cosas allá. Obviamente no todas las personas son así, pero sí es un cliché muy común. En Estados Unidos también existen estereotipos hacia los hijos de migrantes. Uno muy común es que cualquier persona latina automáticamente es mexicana, cuando en realidad muchos vienen de otros países de Latinoamérica. También, si te escuchan hablando mucho español, usando expresiones muy mexicanas o si trabajas como en la construcción, algunas personas asumen que eres indocumentado solo por tu forma de hablar, tu apariencia o tu trabajo, aunque no sea así. .”

La violencia simbólica es la discriminación por acento y origen que marginaliza. Sobrellevan esto afirmando su hibridez como fuente de autenticidad.

Ellas construyen una identidad híbrida como tercera vía. Sobrellevan la violencia mediante prácticas como el spanglish, tradiciones y agencia, fomentando una pertenencia flexible. Esto urge enfoques matizados donde la frontera es punto de partida para la evolución.

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