CTM: bienestar emocional
Por: Esther Gómez Parra
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Facultad de Estudios Superiores (FES) Acatlán
Facultad de Estudios Superiores (FES) Acatlán
El bienestar emocional no llega solo, cuesta trabajo, reflexiones y mensajes motivacionales. Es un proceso aburrido, lento y sobre todo: difícil. Por ello, en el siglo XXI, se ha desarrollado el Centro de Terapia Moderno (CTM, por sus siglas), que aparenta ser un lugar maravilloso, donde quien entra triste sale totalmente curado, con una nueva personalidad y pasiones por explorar.
Pero, se preguntará querido lector, ¿qué tendría de malo tan maravilloso instituto? Si suena al mayor invento del hombre moderno. Fácil, no es un bazar en la Condesa, o un área en el Seguro Social, ni siquiera un café de especialidad en Insurgentes. Es nada más y nada menos que: tu servidora, una persona empática, bonita y risueña –la mayoría de veces–, a la que suelen usar como una servilleta, limpian sus problemas y desechan.
Antes de que te pongas a llorar por la tremenda arrastrada que yo misma he dictado, déjame contarte mi experiencia siendo lo más parecido a un centro de rehabilitación para hombres que cumplen los siguientes requisitos:
Para hacérselas más fácil y menos dramático, me gustan los vatos tristes, que extrañan a su ex, no quieren nada serio, tienen problemas maternales y son signos de fuego y aire. Lo que podría parecer bastante exacto, me ha resultado más fácil de encontrar que un tiktok burlándose de los Therians.
Desde que empezó mi experiencia siendo un CTM, me he llevado grandes anécdotas, bastantes malas historias y una que otra lágrima telenovelera en el metro de la Ciudad de México. Por ello, si estás dudando en si perteneces al grupo de los maravillosos centros de terapia, te dejo algunas de las frases más comunes de pacientes a cuidadoras.
“Me gusta besarte, y eres muy linda, pero nada más”, la frase lo explica todo y a la vez nada. Reconoce tus capacidades curativas pero solo te toma cada que empiezan los sintomas del resfriado.
“Quizá somos del tipo que solo sirve para ser amigos, pero yo te aviso”. ¿Disculpa? Parece que no sabes coordinar tus palabras habladas con el pensamiento en tu cabezota, cómo vas a decir eso después de dar un beso, besar la frente y reirte con ternura. Te receto, caerte de la cama y pegarte en la mera choya.
“Ay, no te avisé, la verdad no me di un tiempo con mi novia, solo le dejé de hablar. Hice esto para darle una la razón y terminarla”. El hombre no sólo peca por entregar su carnet doble vez en un CTM, también, te hace sentir que tienes la culpa por no revisar en la base de datos si se había dado de alta en otra clínica.
“Si alguna vez, vuelves a amar a alguien tanto como a mi, amalo, cuidalo, no lo dejes ir, hazlo reir”. El paciente se da de alta solito, cree que será el único en sesión y remata con un: “Gracias por todo, me hiciste ser mejor persona”, un caso de éxito total. Encima cree que puede darte consejos a ti.
La mayoría de estos individuos, después de alcanzar el tiempo máximo entre que se dan cuenta que una ya agarró cariño y ellos se sienten necesitados, se alejan y a las dos semanas encuentran a la indicada. Cómo algunas expertas afirman, nosotrxs no vemos red flags, vemos áreas de oportunidad.
En otras lenguas también se nos llama “El/La del proceso” porque sí, también hay hombres en los largos pasillos de este instituto de cuidado emocional. Pero a ellos les gusta decir que son un “todas mías”.
Pero bueno, si te has identificado con alguna de estas situaciones o frases, es porque felicidades, eres un CTM, ¡bienvenidx al mundo donde solo te quieren de manera temporal por tiempo completo y no tienes certeza de si algún día te elegirán a ti!
Manda un mensaje al 01-800-MIGAJAS y recibirás tu grammy a la friendzone más grande, una silla, porque vas a esperar por bastante tiempo y, una camisa de fuerza, porque cada paciente te copiará la personalidad y te dejará en la más profunda desesperación.
Ya, hablando en serio, nadie merece ser usado por un rato para después ser tirado como un pedazo arrugado de papel (Taylor Swift, 2023), ojalá pronto dejen de existir los Centros de Terapia Modernos o al menos, empiecen a pagar por ejercer, al menos para mi, en contra de mi voluntad. Por cierto, si cumples los requisitos mencionados con anterioridad, ¡Llamame, yo puedo arreglarte!
Por: Esther Gómez Parra
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