¿Para ser aesthetic hay que estar siempre agotados?
Por: Banshee Gómez Gutiérrez
Cuando el descanso parece un acto de rebeldía
Facultad de Estudios Superiores (FES) Acatlán
Facultad de Estudios Superiores (FES) Acatlán
Dedicado a la profesora Alika Roxana y a los profesores Manuel Hernández, Hugo Sigüenza e Isidro Morales.
La necesidad de este texto nace a partir de la observación que he tenido en mi último trayecto por la universidad. Soy un estudiante de Actuaría que, como muchos otros compañeros de diversas carreras, tiene sueños, aspiraciones y metas, algo que nos motiva a despertar temprano, a hacer trayectos sin importar qué tan largos sean con tal de llegar a la escuela y sacrificar cualquier tipo de espacio de convivencia, inclusive con nosotros mismos.
La universidad es la puerta más importante que para algunos se abre con la posibilidad de cambiar nuestro entorno de forma cultural, intelectual y económica.
México es un país en el que la educación siempre ha sido un privilegio, sin importar la cuota de la escuela.
Durante casi 20 años he tenido la oportunidad de estudiar en el sistema de educación pública de este país. Desde preescolar pude presenciar los matices que pueden tener nuestras vidas frente a las vidas de otros compañeros. Con muchas personas pude compartir más de 12 años de vida en aulas y recreos, pero al llegar a la preparatoria me di cuenta de que la mayoría de ellos ya no estaban ahí.
Desde que entré al nivel medio superior (primero en el IPN y luego en la UNAM), los profesores empezaron a insistir en que debíamos desarrollar ciertas aptitudes tecnológicas e incluso lingüísticas para que en el futuro fuese más rápido poder incorporarnos a alguna empresa privada y así tener una buena percepción salarial. La narrativa se intensificó cuando llegó la etapa de elegir una carrera universitaria. ¿Es mejor elegir una carrera por dinero o por amor al arte?
En lo personal, veo que una gran mayoría enfoca su decisión en elegir algo por el dinero, por el glamour, por el “estatus social” que da estudiar una carrera universitaria a diferencia de quienes no pueden. Veo que hay un aspiracionismo individual en las universidades públicas, mismas en las que los planes de estudio, de manera ideal, están diseñados para formar profesionistas que ayuden al porvenir de la sociedad.
Como lo dije en un inicio, el motivo de este texto es porque yo, como miembro de una universidad pública (UNAM), noto que estamos olvidando que somos parte de una institución que se mantiene en pie gracias a la gran mayoría de personas que nunca tendrán la oportunidad de pisar o conocer las mismas aulas que nosotros. Veo que, en las universidades públicas, nos estamos formando como profesionistas cuyo único objetivo es convertirnos en obreros calificados para empresas privadas y en donde no estamos aprendiendo a aplicar nuestros conocimientos para cuestionar y, con ello, construir una mejor sociedad para aquellas personas que no tuvieron la misma dicha de llamarse universitarios.
Me da la impresión de que las redes sociales nos han deshumanizado de muchas formas, pero en este contexto pareciera que, como estudiantes, estamos en constante competencia con el mundo sin preguntarnos: ¿cómo puedo emparejar al otro?
Desde mi perspectiva, el error que estamos cometiendo es no involucrarnos con la educación de los otros. Estamos permitiendo que las decisiones en torno a la educación sean tomadas únicamente por políticos. Las narrativas construidas alrededor de la educación son tomadas por ellos cuando su único objetivo es ascender en el poder. Con la desaparición del COMIPEMS y la llegada del ECOEMS podemos ver cómo los gobiernos hacen jugarretas para conseguir votos, para hacernos creer que están a favor y enterados de las necesidades que tenemos como sociedad. Porque, seamos sinceros, no basta con otorgarle un lugar en una preparatoria a un estudiante si esa escuela no tiene las cualidades y los beneficios que tienen las escuelas de alta demanda. Eso es algo que no se está arreglando con equidad y por eso mismo sigue siendo una situación que marca desigualdades entre estudiantes.
Información publicada en el boletín del 1 de julio de 2019 por la UNAM menciona que 7 de cada 10 alumnos son los primeros en acceder a la educación superior en su familia. Considerando que en la UNAM hay aproximadamente 233,346 estudiantes en licenciatura (datos del ciclo escolar 2023-2024), aproximadamente 163,342 alumnos somos la primera generación universitaria de nuestra familia, solo considerando datos de la UNAM.
Personalmente, otro problema que he presenciado en instituciones educativas es uno de los lastres que más afecta a la sociedad mexicana: la corrupción. Durante la breve estancia que tuve como estudiante de bachillerato en una vocacional del IPN me di cuenta de que las problemáticas de un estudiante se convierten en un área de oportunidad para algunos. Una de estas problemáticas se da debido al alto índice de reprobación, sumado a un complejo proceso de inscripción y derecho a permanecer en la escuela. La venta de lugares y calificaciones se oferta cuando la desesperación por no perder derechos como alumnos regulares está latente. Aquí el problema es que, como estudiantes, muchas veces no levantamos la voz ni denunciamos este tipo de prácticas que, en vez de ayudarnos, nos perjudican y perjudican a los demás.
¿Qué estamos haciendo mal? No ser conscientes de las situaciones que suceden en nuestro entorno es lo que hacemos mal. Soñamos que una carrera universitaria nos otorgue estabilidad económica, pero en un país donde la gran mayoría gana poco la referencia de un buen salario es nula. Estamos perdiendo el sentido crítico que generaciones universitarias anteriores tenían y que, gracias a ellas, hoy estamos en un lugar privilegiado recibiendo educación que, en términos económicos, muchos de nosotros no podríamos solventar. Con base en datos publicados por la UNAM en el documento Perfil de Aspirantes y Asignados a Bachillerato y Licenciatura 2023–2024, elaborado por la Dirección de Estudios para la Planeación, los cuales provienen de encuestas aplicadas a aspirantes y estudiantes de nuevo ingreso, se observa que, en el ciclo 2023–2024, la mayoría de los estudiantes de la UNAM provenimos de hogares con ingresos mensuales entre $6,000 y $15,000 pesos, lo que refleja un predominio de sectores de clase media baja y media.
Este texto es una invitación para que la comunidad universitaria de escuelas públicas, sin importar la institución, nos preguntemos hacia dónde estamos dirigiendo la mirada. Estamos ignorando que las decisiones que toman sobre las vidas de las personas se basan en la optimización de una cartera. Estamos ignorando que, gracias a acciones de terceros, podemos gozar de lo que muchos anhelan y que en algún momento consideraron relevante para cumplir sus sueños. No por estar en un cubículo, estar encaminado a ser científico, comprender matemáticas, historia, ser licenciado, investigador, profesor, doctor o médico, portar corbata o zapatillas, somos superiores a quienes no lo poseen.
Desde hace años, el sistema educativo y político no nos da soluciones reales a nuestras necesidades educativas. Lo reducen a cifras en las que los que sobran son más y los que permanecemos estudiando una licenciatura, una ingeniería o algún grado superior nos desentendemos del verdadero sentido y propósito de estudiar para mejorar nuestro entorno social y el de aquellas personas que inconscientemente ayudan a mantener económicamente activas nuestras universidades públicas.
“El médico que estudió medicina para ser rico no sale de su casa para curar”.
Este texto se lo dedico a exuniversitarios que he encontrado en mi camino como estudiante y que, de manera desinteresada o involuntaria, me han motivado y ayudado a seguir adelante.
Un universitario puede, sin darse cuenta, convertirse en la razón por la que alguien sueña con serlo.
Por: Banshee Gómez Gutiérrez
Cuando el descanso parece un acto de rebeldía
Por: Karla Nieto González
Entrevista a Diana Cabrera Cruz, psicóloga
Por: Juan Daniel Rendón Lucero
Nociones para saber si tienes (o no) el control de tu aislamiento
Por: Irais Valderrabano López
Síntomas de un sistema individualista, consumista y deshumanizante
Por: Saúl Ramírez Gómez
Una reflexión sobre descanso, rendimiento y humanidad