¿Para ser aesthetic hay que estar siempre agotados?
Por: Banshee Gómez Gutiérrez
Cuando el descanso parece un acto de rebeldía
Escuela Nacional de Lenguas, Lingüística y Traducción
Escuela Nacional de Lenguas, Lingüística y Traducción
Empecé a ir a terapia porque experimenté una depresión por primera vez a los 16 años. Tuve el privilegio de acudir con una gran profesional, quien me acompañó durante algunos meses para superarla; sin embargo, a medida que crecían mis gastos familiares, tuve que reducir mi número de sesiones a la semana y, posteriormente, tuve que suspenderlas.
Gracias a esa experiencia me di cuenta de algo importante: haber tenido acceso a terapia privada no elimina las limitaciones económicas ni garantiza procesos completos. Al principio me sentí muy impotente y triste al no ser capaz de entender por qué mi estabilidad emocional dependía de mi nivel de ingresos, pero después llegué a la conclusión de que el problema no era únicamente económico.
Con el tiempo entendí que, al vivir en un mundo capitalista, estamos condicionados por determinadas estructuras sociales y económicas. Por ejemplo, el costo de una terapia privada se debe a múltiples factores asociados al profesional. Uno de ellos puede ser la necesidad de pagar la renta de su consultorio; por ende, no tendría ningún sentido cuestionar la forma en que cobra su trabajo. Los servicios gratuitos tampoco están exentos de los mecanismos que utilizan para regular su demanda.
Carrillo menciona que, de acuerdo con el Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (2025), México destina sólo el 1.3 %, mientras que la Organización Mundial de la Salud recomienda un 5 %. De igual manera, debemos considerar el impacto de las listas de espera. Barreiro advierte que estas pueden afectar principalmente a personas con bajo nivel socioeconómico, poblaciones de zonas rurales o aisladas, grupos vulnerables o minoritarios e incluso a menores de edad, porque son quienes pueden sufrir un mayor deterioro en su salud mental si no se atienden a tiempo.
Asimismo, es necesario analizar la relación costo-efectividad de los tratamientos. Considero que uno de los estudios más relevantes sobre este tema es el que realizaron Laura Muñoz y otros autores en México sobre la depresión. Dicho análisis señala que, debido a que la depresión continúa siendo subtratada en México, el costo social de la depresión puede ser mucho mayor. Cabe aclarar que esta efectividad es subjetiva, ya que una persona puede decidir continuar un proceso terapéutico incluso cuando este ya no esté centrado en una enfermedad mental, sino en el cuidado constante del bienestar emocional que forma parte de nuestra vida diaria.
Dentro de este contexto, muchas personas se ven obligadas a buscar otras formas de procesar lo que sienten y de cuidar su salud mental. En ese sentido, la terapia, en la actualidad, puede pensarse desde otra perspectiva y el concepto de terapia moderna consiste en conectar, resignificar y crear nuevos recuerdos.
Por ejemplo, ir a un concierto y cantar a todo pulmón las canciones que algún día te acompañaron en un momento difícil, viajar a tu ciudad favorita, ir al gimnasio, etc., son actividades que, en lo personal, han cambiado bastante mi forma de sentir la vida y es en esos momentos cuando la depresión ocupa menos espacio.
Sin embargo, si nos detenemos a pensar en todas las alternativas anteriores, estas también requieren un gasto económico. Entonces surge una pregunta inevitable: ¿cómo procedemos cuando tenemos que suspender la terapia o no podemos hacer algo que nos guste porque no es sostenible?
En mi caso, la solución fue preguntar sobre los servicios disponibles en mi universidad, desahogarme con mis amigas; incluso escribir este texto fue una especie de catarsis, una prueba de que, a veces, la terapia termina sin aviso y, aun así, el proceso puede continuar de diferentes formas.
Sé perfectamente que no existe una única forma de enfrentar estas situaciones, pero creo que vale la pena hablar más abiertamente de las condiciones institucionales que vuelven más complejo mantener un proceso terapéutico. No sólo como experiencias individuales, sino como parte de un problema que requiere respuestas colectivas.
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Una respuesta
Me encanta el punto de vista de Mariana. Como licenciadas en psicología, comprendemos que muchas veces es muy fácil decir ‘pues ve a terapia’, sin tomar en cuenta el contexto económico del país, donde costear una sesión implica recortar gastos de la canasta básica. Ojalá tuviéramos un México donde la psicología no solo fuera una profesión bien remunerada, sino también un derecho fundamental; un servicio accesible para todos los mexicanos, tan indispensable como el agua potable y tan respaldado como los apoyos sociales