¿Para ser aesthetic hay que estar siempre agotados?
Por: Banshee Gómez Gutiérrez
Cuando el descanso parece un acto de rebeldía
Escuela Nacional Preparatoria Plantel 3
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Frente a un mundo acelerado donde las noticias nos agobian con informes desgarradores y alarmantes sobre el medio ambiente, me llega el caos, la desesperación, el miedo y el agobio ante una pregunta que tal vez muchos de nosotros nos hacemos: ¿qué puedo hacer?
La crisis climática no solo es un problema ambiental o político, también es emocional. Nos enfrenta constantemente con escenarios catastróficos y con la sensación de que el problema ambiental es demasiado grande para nosotros. A veces parece que lo único que queda es sentir pánico o impotencia.
Desde pequeños se nos ha hablado sobre reciclar, ser sustentables, las 3R (reducir, reutilizar y reciclar) y la frase más famosa de todas: “cada granito de ayuda cuenta”. Pero, ¿realmente estas pequeñas acciones ayudan a detener el cambio climático? La respuesta es: no. Como decía el escritor y ambientalista Bill McKibben: “en lo que toca al cambio climático, ganar despacio es lo mismo que perder”.
Poner nuestro “granito de arena” realmente no hace un cambio significativo para detener la situación, pues no son cambios radicales como reestructurar nuestra industria o nuestro sistema socioeconómico. Que no se me malinterprete, esto no es un llamado al lujo ni al despilfarro de recursos, sino a reflexionar sobre algo más profundo: ¿vale la pena seguir con la esperanza climática?
Piénsalo, ¿es provechoso seguir esperanzados en que la temperatura del planeta no subirá, que las calles no se inundarán o que poblaciones enteras no se verán en la necesidad de ser desplazadas porque ya no pueden vivir en sus lugares de origen?
Tener esperanza, según el diccionario de la Real Academia Española, es el estado de ánimo que surge cuando se presenta como alcanzable lo que se desea. Pero para mí, la esperanza no es ser optimistas ni aceptar todo lo que se nos diga. Esperanza es buscar una solución donde aparentemente no la hay, alternativas radicales para cumplir nuestro objetivo.
Por ejemplo, durante el huracán Otis (categoría 5) en Acapulco en 2023, nadie estaba ilusionado en que todo se iba a solucionar por sí solo. No, la esperanza movió a la gente a recolectar víveres, ayudar a limpiar y llevar comida. En fin, la necesidad de mejorar las condiciones en Acapulco, movilizó a las personas de una manera mucho más rápida de lo que lo hubieran hecho las autoridades.
Y como este hay miles de ejemplos más. El terremoto de 1985 en el centro del país o el sismo de 2017, son un claro ejemplo de cómo las personas se movilizan ante los problemas. En esos momentos el cuidado no actuó de manera individual sino colectiva. La gente se organizó, ayudó a otros y encontró en los demás una forma de resistir emocionalmente.
En este marco de ideas, estar esperanzado frente a la crisis climática no es pensar que de un día a otro todo se disipará. Es movilizarse para intentar cambiar nuestras formas de organización socioeconómica y el manejo de los residuos; es buscar en estrategias que realmente puedan enfrentar la crisis. Es no quedarnos paralizados por el miedo. Cuidar nuestras emociones frente a una crisis tan grande también implica transformar el miedo en acción colectiva.
La crisis climática es una verdad incómoda que tenemos que afrontar, y entre más pronto caigamos en cuenta, mejor. Solo así podremos seguir siendo seres esperanzados que se movilizan.
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Una reflexión sobre descanso, rendimiento y humanidad
Una respuesta
Me parece increíble la forma en que abordas este tema y más ahora que todo va tan rápido, el mundo se siente tan abrumador y es tan importante ver por un bienestar colectivo, no únicamente personal.