En estas trincheras nuestras armas son palabras convertidas en argumentos y contra argumentos.
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“Yo tengo el don”

Número 18 / JULIO - SEPTIEMBRE 2025

Genealogía y esoterismo en lectura de cartas

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Fernanda García Ledesma

Facultad de Ciencias Políticas y Sociales

Hay situaciones inexplicables en la vida de los seres humanos. Son momentos que rompen con nuestro sistema de comprensión del mundo. Y hay hechos que simplemente no sabemos interpretar. ¿Es verdad que no hay respuesta ante esto? ¿Realmente lo extraordinario es inexplicable? ¿Lo no ordinario no se puede explicar a través de lógicas que son parte de nuestra idea de normalidad? Estas son algunas preguntas que me cuestioné antes de tener un primer acercamiento a mi tema etnográfico: la lectura de cartas.

Mi interés y curiosidad se centran en las herramientas y formas de afrontamiento que los seres humanos hemos desarrollado desde nuestros orígenes para comprender y dar sentido a aquello que nos sorprende, nos hiere, nos desestabiliza o irrumpe en nuestra aparente cotidianidad. La lectura de cartas es uno de los muchos mecanismos que, de forma mágica y simbólica, permiten abordar experiencias que, en apariencia, resultan caóticas. A través de la explicación y la consiguiente comprensión, este tipo de prácticas facilitan una conexión con lo trascendente o lo divino, ofreciendo interpretaciones sobre el curso de la vida según la visión particular que cada persona tiene acerca de su destino o camino existencial.

Es por esto que realicé entrevistas a tres mujeres de una familia (dos hermanas y su madre) que desde hace más de 35 años se han dedicado a la lectura de cartas en un mercado de la Ciudad de México. “Yo tengo el don”, me llegaron a decir todas mis entrevistadas; para referirse a la capacidad de sentir aquello (inmaterial o intangible) que se expresa en energía al saber qué pasa espiritualmente con los otros. Esto se tiene que dar naturalmente desde el interior; es decir, que “el don” es algo que trae dentro sí la persona y que se desarrolla a partir del conocimiento transmitido por la familia, en este caso, por solamente mujeres. 

De igual forma, el aprendizaje y la personalidad del ser con dicha habilidad, potencian el desarrollo y manifestación del don para ayudar a las personas en cuanto a la comprensión de su mundo y vivencias. Es así como hay una determinada espiritualidad vivida y compartida dentro de la familia, donde las mujeres traen consigo saberes que solamente pueden ser transmitidos, entendidos y manifestados en personas de su parentesco. Cada carta tiene un por qué, y aquella persona que lee la lectura o que tiene “el don”, tiene que saber cómo estos significados e imágenes se vinculan con la vida. Por consiguiente, para dedicarse a ese mundo se necesita de una edad determinada; aproximadamente a los 18 años de edad la persona “ya trae más vida” y se va enlazando con las cartas y con todo lo que conlleva vivir, como problemas, amores, envidias, sufrimiento, dicha, nostalgia, etc.

Por otra parte, el primer contacto que tuve fue con la hermana menor de manera inesperada mientras caminaba por los pasillos del mercado buscando algún lugar donde pudieran leerme las cartas; esto con el fin de realizar un reporte etnográfico para una de mis materias de la licenciatura que estoy cursando, que es Antropología. Iba recorriendo cada espacio del recinto hasta que vi una vitrina con atrapasueños, cuarzos y un “maneki-neko”, que es la figura de un gato blanco hecho de porcelana que simboliza la buena suerte en Japón y en otras partes del mundo que la han adoptado como amuleto. Me acerqué más y capté un olor a incienso, así que seguí observando los productos que había. 

En ese momento se encontraba una muchacha mostrando un paquete de pulseras rojas y azules cuyo centro era una bolita de plástico, que simboliza la protección a las malas vibras, las envidias y el “mal de ojo”; a una señora que le preguntaba por el precio de cada una. La muchacha me miró y me preguntó que qué se me ofrecía, le pregunté si aquí me podrían leer las cartas y que si podía hacerle una entrevista para mi trabajo; me dio una gran sonrisa y me dijo que sí, que ella misma las lee. Me invitó a pasar a su local y me pidió que esperara unos minutos a que terminara de cobrarle a la señora. Después de un rato regresó y nos sentamos frente a frente. Me preguntó de cuál tipo de cartas quisiera que me leyera, si el tarot o la baraja española; le pregunté la diferencia y ella me dijo que la baraja española es más exacta; así que esa escogí. Para comenzar ella me iba a “leer” mi pasado, mi presente y mi futuro; después yo podía hacerle 3 preguntas y las cartas iban a responder. 

Podría describir ampliamente toda la experiencia y los resultados, sin embargo el espacio no alcanza para contarlo. A grandes rasgos diré que fue algo extraordinario; cada oración que decía se vinculaba estrechamente con situaciones reales y específicas de mi vida, aquel malestar o duda sobre momentos que habían ocurrido en mi vida personal comenzó a descender al escuchar las palabras o significados que me explicaba la muchacha. Esto lo viví como una forma de reafirmación de aquello que ya sabía y que ya sentía.

Al concluir la lectura, iniciamos la entrevista. Algunas de las preguntas base que guiaron el diálogo fueron: ¿A qué edad aprendiste a leer las cartas?, ¿cómo adquiriste el conocimiento sobre el significado y la secuencia de cada una?, ¿realizas algún tipo de preparación espiritual o emocional antes de una lectura?, ¿es posible leer cartas sin tener un “don”?, ¿existe una generación más joven que continúe con esta práctica después de ti? A lo largo de la conversación, también surgieron preguntas no previstas, derivadas del curso natural del intercambio, especialmente relacionadas con el ámbito familiar de la persona entrevistada.

Retomando lo que mencioné en renglones anteriores, podría colocar en este texto aquellas respuestas que amablemente me comentaron estas tres mujeres dándome autorización de compartirlo; sin embargo, el espacio no es suficiente; así que mencionaré puntos clave de la conversación; no porque lo que no esté aquí escrito sea irrelevante, sino porque aquello que quiero plasmar en este texto tiene el fin de fomentar la escucha, el respeto y la apertura de aquello que tal vez no compartamos o entendamos, pero que podemos respetar y escuchar, ya que finalmente forma parte de la experiencia de vida, existencia y realidades, de la familia a la que entrevisté; así como también de mi participación al tomar como verdadera la lectura que tuve. 

Al final de esta primera entrevista, la hermana menor me ofreció presentarme a su hermana mayor y a su mamá para que yo pudiera tener una perspectiva más amplia y completa sobre cómo funciona “el don” en esta familia para la lectura de cartas. Un mes después tuve la oportunidad de platicar con ambas. Las tres entrevistas fueron enriquecedoras para nosotras al compartir mutuamente aspectos de la vida de ellas y aspectos de la mía. 

Por tanto, la lectura de cartas es un espacio simbólico de escucha y de posible resolución de dudas donde los clientes se sienten con la confianza de abrirse y buscar ayuda de ellas como seres mágicos. Y, así como hay personas que traen consigo un don o una habilidad espiritual determinada para lo esotérico, dentro de esta familia “hay gente que no se le da”; sin embargo, cada integrante de la familia es libre de decidir si potenciar su don o simplemente guardarlo para sí y no dedicarse a esto. Al no desarrollar “el don”, este se queda dentro de la persona y no se puede ocupar para ayudar a los demás.

Las páginas no alcanzan para relatar y plasmar cómo fue mi experiencia y compartir el conjunto de observaciones que tuvieron lugar en mi mente. Las vivencias no son transferibles, pero sí comunicables. Me gustó mucho realizar las entrevistas y platicar con ellas, no solo porque fue una forma de construir un diálogo académico en la redacción de mi tarea, sino también porque fue y es, una oportunidad de conocer y escuchar de viva voz, aquello que siempre me ha parecido fascinante, aquello que no tiene respuesta, aquello que simplemente ocurre y que los medios comunes no son capaces de explicar de forma “lógica” o “racional”. 

Pude entender y sentir una forma de vida que no es la mía, una forma de vida que no “traigo dentro”, refiriéndome al “don” y la magia, así como también una forma de vida que solamente puedo observar y experimentar de lejos participando también en ella como la espectadora de aquello que trabajan estas grandes mujeres. Más que comprender o sentir totalmente aquello que no forma parte de mí, el conocer parte de la historia de personas que decidieron brindarme su tiempo y calidez en regalos que me llegaron a hacer (la hermana menor con dos cuarzos, la hermana mayor con sus buenos deseos y la mamá con otro cuarzo) fue muy enriquecedor en mi proceso formativo como futura antropóloga y como ser que todos los días se pregunta algo de su existencia y de la realidad en la que vive todos los días, e incluso de aquellas que no vive.

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“Yo tengo el don”

Una respuesta

  1. Muy interesante tu artículo. Nunca se me habría ocurrido el trasfondo simbólico que hay en este tipo de actividades. Lo he visto generalmente como parte de la cultura, las tradiciones, la cosmovisión que prevalece aún en este época tan tecnológica, a veces me sorprende como hasta en línea se dan este tipo de actividades que desde luego no sustituyen el factor humano. Me fue muy ameno leerte, gracias.

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