El desconcierto de los policías
Por: Jaime Martínez
Seguridad sin confianza no existe
Facultad de Ciencias Políticas y Sociales
Facultad de Ciencias Políticas y Sociales
“El amor es una enfermedad en un mundo en que lo único natural es el odio”
José Emilio Pacheco, Las batallas en el desierto
En la tarde del lunes 14 de febrero me ocurrió un hecho bastante excepcional.
Llevaba gran parte del día bajo el sol en busca de un lugar donde comer. Al que acostumbraba ir, era pequeño y por la fecha estaba lleno de gente. Desde temprano ya había pensado en buscar un lugar diferente. No encontré uno de mi agrado. En principio, buscaba un lugar tranquilo, con bonita vista y en el que no tuviera que escuchar conversaciones ajenas, aunque me habría conformado con una mesa junto al balcón. Al caer la tarde, justo cuando oscureció me hallaba en Señorita Caruso, una cafetería de Puebla bastante agradable. Me gustaba su vibra de febrero, especialmente en un atardecer frío.
Todo el recinto se iluminaba por un estilo y diseño característico que se sitúa en un rango de los años 50, 60, algo como vintage. Esos colores amarillos y amaderados perdían todo ese aspecto sombrío: a uno se le iluminaba el alma. Una nueva mirada, una experiencia relajante… Principalmente si por la fecha te acompañas de quien te enamoras, ¡es maravilloso lo que el día, el amor y la compañía pueden hacer en el alma de una persona!
Pero esa energía termina cuando lo único que conservamos algunos es el recuerdo y la soledad de nuestra compañía. El viento del aire libre me regresó a la realidad, comenzaba a sentirme vacío y de pronto como perdido en mis pensamientos me limitaba a observar del otro lado de las mesas, como si eso me diera las respuestas que necesitaba. Recuerdo bien cómo se me apachurraba el corazón con un efecto enfadoso, cuya razón era entender algo que aún no soy capaz de determinar, pues no soy un psiquiatra, apenas y ubico el psicoanálisis, presagios o señales, sin embargo, sí que me he enamorado algunas veces en la vida –como seguro le ha ocurrido a todo el mundo–, algo terrible ciertamente.
Aquel día, por ejemplo, me cuestioné: ¿por qué siempre me había ido mal en el amor? Probablemente era la fecha, además estaba solo y viendo a todos los demás acompañados queriéndose o por lo menos enamorados, aunque sabía que las expresiones o muestras de afecto frecuentemente son engañosas.
¿Cómo se habrán conocido, por qué se eligieron como pareja?, pensaba, sentado en la mesa de la cafetería mientras novios, esposos, cónyuges, concubinos y hasta amantes iban y venían. Cierta curiosidad debido a mis experiencias y ganas de chisme se apoderaba de mí.
¿En que estarán pensando, son conscientes de lo que significa el amor?, seguía preguntándome, ¿es el amor una de las expresiones de la libido? Sus caras están completamente convencidas de la atracción, ¿en realidad se eligieron como pareja inconscientemente, fue por amor o deseo?
Nadie sabía qué hacía ahí, ninguno de los enamorados se lo preguntaba, jóvenes o adultos tenían un objetivo, pero el de entender el amor, ciertamente no era, pues es un hecho que no muchas personas creen que se necesita aprender, sin embargo, todos creen merecerlo por regla social de manera instintiva, tradicional y sin dificultad. Este es el daño que nos ha causado ver incontables historias como la de Hachiko, un perrito que manifiesta su amor a través de la lealtad hacia su amo a quien espera durante años; o La La Land, que nos enseña que otra forma de amor es esa en la que a veces se debe dejar ir a la persona que más queremos para que persiga sus sueños; en La tumba de las luciérnagas lloramos con una representación de amor y sacrificio de hermanos ante las dificultades; y hasta Shigatsu Wa Kimi no Uso nos transporta a observar una cantidad de situaciones en las que nosotros debemos asignar qué emoción es la más adecuada, ya que los protagonistas de esa historia, bien pueden ser los que nos encontramos en la cafetería, tú, yo o algún conocido experimentando alegría, tristeza, enojo, placer, odio, vergüenza o incluso el tan buscado amor. Todo desde el otro lado de las mesas y pantallas a través de nuestras plataformas digitales favoritas.
Aún sentado en la mesa de esa cafetería pensaba que el aprendizaje a través de las historias acerca del amor me hacen creer que el sentimiento no sólo figura de una relación personal, pues éste llega a ser una manifestación de erotismo, fraternidad, amistad y hasta un individualismo en el que después de todo, el amor seguirá siendo fruto de aprendizaje en el que a lo largo de la vida y por consecuencia de seguir conociendo a otras personas con sus distintas formas de amar, podremos llegar a entender un poco más de lo que significa.
Por eso yo, como todos, también me siento cómodo en ese lugar en el que nos brindan amor, aunque quizá algunos otros, con una manera exagerada de expresarlo, dirían que el mismo amor es muy cansado o que también puede llegar a ser una recompensa. Sin embargo, lo máximo que puedo decir es que todos lo perseguimos a través de las historias de amor propias tanto como las ajenas que nos transportan en un segundo a reflexionar sobre situaciones que, aun cuando no las podemos materializar, nos transmiten confesiones de personas a quienes no conocemos viviendo relaciones que podemos o no observar, pero sabemos que ahí están.
Y es que todos vamos por ahí repletos de ese amor que podemos o no sentir y de experiencias que aún no hemos vivido, pero claro que son totalmente diferentes en su naturaleza a lo que sucede en los libros o el cine. Ese mundo que exhiben en las películas, las novelas o las caricaturas es tan específico que ni un fallo podemos observar pues en un mundo así no hay nada que con nuestras inestables relaciones pudiéramos cambiar. Supongo que en la vida real los finales felices no existen para nosotros. Solo finales complejos.
Incluso cuando uno repite muchas veces algo, llega un momento en el que dudamos, ya que realmente, ¿sabemos lo que es el amor? O, ¿sabemos para qué sirve? Pues según los antecedentes jurídicos y católicos por amor es que se contrae matrimonio, pero no era su finalidad, sino la de perpetuar la especie.
Entonces, ¿estamos condenados a esa representación de amor? Seguramente sigue siendo una vía y entrada a un sinfín de posibilidades que no requieren debate, pues no existe nada en contra del amor, en realidad tampoco hay mucho a favor, pero al parecer nos hace felices, y si bien es fugaz, lo necesitamos, aunque en momentos sea la mentira que tanto nos gusta repetir; esto es importante, así es la naturaleza humana. Hacemos cuestionamientos que esperamos nos guíen a la verdad que queremos oír y si es sobre amor, no importa, nos gustan varias cosas: aprender, el chisme y conocer diversos lugares a los que por amor iríamos sin dudarlo.
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