En estas trincheras nuestras armas son palabras convertidas en argumentos y contra argumentos.
En estas trincheras nuestras armas son palabras convertidas en argumentos y contra argumentos.
Esteban Valenti / meer

Los Huesos Que Fuimos

Número 20 / ENERO - MARZO 2026

Si queremos paz enterremos a los muertos esparcidos por todo el mundo

Picture of Miroslava Ramos Cárdenas

Miroslava Ramos Cárdenas

Facultad de Ciencias Políticas y Sociales

De las antiguas tragedias griegas con Antígona y Príamo a la actualidad, con miles de madres y familiares en todas las latitudes intentando dar una sepultura digna a sus muertos, la necropolítica ha regido la forma en la que los seres humanos no solo vivimos si no también como morimos y más allá de esto que es lo que pasa con nuestros restos. Mientras los cuerpos sean vistos como mercancías dispensables, la forma en la que nos relacionamos y construimos tejidos sociales se verá afectada por estas concepciones y constructos más no estará imposibilitado.

Para Eduardo Galeano: “El derecho de recordar no figura entre los derechos humanos consagrados por las Naciones Unidas, pero hoy es más que nunca necesario reivindicarlo y ponerlo en práctica: no para repetir el pasado, sino para evitar que se repita; no para que los vivos seamos ventrílocuos de los muertos, sino para que seamos capaces de hablar con voces no condenadas al eco perpetuo de la estupidez y la desgracia. Cuando está de veras viva, la memoria no contempla la historia, sino que invita a hacerla.”

El derecho de recordar se ha negado tal vez por lo doloroso que es, tal vez por agendas sociopolíticas o económicas, pero no importa si estas en México con más de 100,000 desaparecidos y un sistema forense colapsado con más de 70,000 cuerpos no identificados;, en Canadá con 6,000 infancias indígenas desaparecidas o asesinadas en El Sistema Escolar de Residencias Indígenas desde su establecimiento hasta 1996; en España con 114,000 desaparecidos de la Guerra Civil o en la Franja de Gaza donde, desde el 7 de octubre de 2023, se estima que 11,000 desaparecidos se encuentran debajo de 50 millones de toneladas de escombros producto de los incesantes bombardeos de la ocupación armada en territorios palestinos los cuales es poco probable sean recuperados o contabilizados ya que de acuero a ONGs como el Euro Med Human Rights Monitor (EMHRM), mas del 58% de Gaza se encuentra bajo control militar israelí donde operaciones de excavación y nivelación del terreno son llevadas a cabo, la historia se ha repetido una y otra vez, cruel e imbatible, generando la misma pregunta y el mismo deseo: la paz.

Una paz inasequible y endeble que dejó de ser una promesa y se ha convertido en una figura mitológica, por que mientras no haya justica y reparación de daños a las víctimas los horrores cometidos no se terminan,  se perpetúan,  se normalizan y se encarnan en todos y cada uno de nosotros por que nada es ajeno y nadie es inalcanzable, la violencia nos atraviesa a todos de distintas maneras pero el efecto que crea pulula en todas las sociedades a punto de estallar en prácticas y expresiones más allá de nuestro control. 

No todas las expresiones son negativas o destructivas, algunas iluminan y consuelan, se convierten en testamentos y alaridos de fuerza que llaman a la construcción de un mejor porvenir,  un último consuelo antes de una muerte anunciada. Prueba de ellos es la poesía palestina que en el medio de la destrucción, hambre, bombardeos y desplazamientos a los que los pobladores del Levante han sido sometidos se erige de entre los escombros y el dolor, cruza fronteras y es recitada y leida ante la indiferecia que los ha condenado. Es Refaat Alareer promoviendo la escritura, publicacion y difusión  al trabajo de escritores palestinos a lo largo de su carrera cuyo poema mas difundidoSi Debo Morir es una declaración de la resiliencia que el pueblo palestino posee.

Si debo morir, 

tú debes vivir

para contar mi historia,

para vender mis cosas

para comprar un pedazo de tela

y algunos hilos

(hazlo blanco, con una cola larga),

para que un niño, en algún lugar de Gaza,

mientras mire el cielo a los ojos,

esperando a su padre, que se fue en un resplandor

—y no se despidió de nadie,

ni siquiera de su carne

ni de sí mismo—

vea este papalote, mi papalote que hiciste, 

volando alto

y piense por un momento que un ángel está allí

trayendo de vuelta amor.

Si debo morir

deja que traiga esperanza,

deja que sea un cuento.

También es Fadwa Turqan ganadora del Premio Internacional de Poesia Palermo de 1990 con Me Basta Permanecer en su Seno 

Sólo quiero morir en mi tierra,

Que me entierren en ella,

Fundirme y desvanecerme en su fertilidad

Para resucitar siendo hierba en mi tierra,

Resucitar siendo flor

Que deshoje un niño crecido

En mi país.

Sólo quiero estar en el seno de mi patria

Siendo tierra

Hierba

O flor

 Es Mahmoud Darwish redactor de la Declaración de Independencia de Palestina en las últimas estrofas de su poema Piensa en los Otros.

Cuando te liberes a ti mismo

Empleando metáforas,

Piensa en los otros

Los que han perdido el derecho a la palabra.

Cuando pienses en los otros lejanos,

Piensa en ti mismo

Di: Ojalá yo sea una vela en la oscuridad

 

Y es su gente, el pueblo de estos grandes poetas llorando a sus mártires durante más de 70 años, para los palestinos la muerte y el colonialismo no es algo que pueda ser ignorado, es su realidad es lo único que algunos de los más de 5 millones de palestinos (de acuerdo a cifras de la UNRWA) en campos de refugiados han conocido toda su vida, la pérdida ya sea de un ser querido, de sus hogares, de sus posesiones materiales o de su propio país y eso es lo que piden y a lo que se aferran como lo demuestran estas expresiones artísticas, la realidad palestina como la de muchos otros pueblos reacios a aceptar que sus desgracias son las mismas o un augurio de su por venir es sin embargo el mundo entero viendo el mayor laboratorio de deshumanización en 365 km2 y volteando la mirada a otro lado solo para encontrarse con más horrores de un origen compartido que les han dicho no están relacionados . 

No podemos hablar de paz mientras el darle una sepultura digna a alguien sea visto como un lujo o una tarea hercúlea, mientras esos cuerpos vistos como objetos de control y propiedad, más allá de las construcciones jurídicas y teológicas a los que están sujetos, no sean tratados con dignidad ni siquiera en muerte y sean desechos escondidos, regresados en partes a sus dolientes u olvidados en algún rincón del planeta sin ser llorados, sin ser recordados: Los juicios de una persona antepuestos ante la decencia humana y desafiados por alguien en una posición desventajosa parece ser un hecho constantemente qué no deja de condenar a la humanidad y la pérdida de sí misma.

Si queremos paz debemos comenzar enterrando a los muertos esparcidos por todo el mundo producto  de la violencia, la colonialidad y el odio, llorarlos como nuestros y como si fueran nuestros propios huesos, recordandolos y esperando que no vuelva a sucederle a nadie en ningún lugar. Esperando que no seamos nosotros en un futuro.

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