En estas trincheras nuestras armas son palabras convertidas en argumentos y contra argumentos.
En estas trincheras nuestras armas son palabras convertidas en argumentos y contra argumentos.
noticias Énfasis

Diversidad cultural y violencia epistémica

Número 20 / ENERO - MARZO 2026

La justicia social no puede alcanzarse sin justicia epistémica

Picture of Mario César Campuzano Perales

Mario César Campuzano Perales

Facultad de Filosofía y Letras

Todos somos distintos; no existe ninguna persona idéntica a otra. Estas diferencias se manifiestan tanto en características biológicas —como el color de ojos, el tono de piel o el timbre de voz— como en aspectos culturales: las festividades, las formas de gobierno, las expresiones artísticas, el estilo arquitectónico de las viviendas o los tipos de conocimientos que producimos.

Frente a esta realidad, a lo largo de la historia han surgido diversos esfuerzos para tratar de homogenizar a la población de determinados lugares, muchos de los cuales han seguido el camino de la violencia. Por ejemplo, uno de los acontecimientos históricos que dio origen a la modernidad fue el llamado “descubrimiento de América”, un hecho que representó uno de los choques culturales más dramáticos de la historia debido a las enormes diferencias culturales y políticas entre los continentes americano y europeo. Más que un simple descubrimiento, implicó una serie de procesos de conquista e imposición cultural de Europa sobre América. Sin embargo, lejos de disipar las diferencias, estas experiencias provocaron movimientos sociales que buscan la justicia social mediante el reconocimiento de la diversidad, la igualdad de oportunidades y la lucha contra la exclusión y la discriminación.

En torno a la controversia sobre la diversidad cultural, podemos identificar dos posturas generales. Por un lado, están quienes condenan lo diferente bajo la idea de que solo existe una cultura legítima, considerada además superior a todas las demás. Por otro lado, encontramos la postura que reconoce el valor de la diversidad y promueve la igual dignidad y racionalidad de todos los grupos humanos.

A partir de este punto, me gustaría concentrarme en el caso particular de la diversidad epistémica. Como mencioné, la diversidad cultural se expresa en elementos como las artes, las formas de gobierno, la religión, la arquitectura o la manera de vestir. Sin embargo, existe un rasgo al que a veces no se le presta suficiente atención: el conocimiento, el cual también debe entenderse como un producto cultural. A partir de esto, podemos argumentar que si vivimos en un mundo constituido por una pluralidad de culturas, entonces también existe una pluralidad de conocimientos producidos desde distintos contextos y marcos conceptuales. Entre los múltiples tipos de conocimientos que conforman esta diversidad epistémica podemos mencionar los científicos, tecnológicos, humanísticos y sociales, así como los conocimientos tradicionales y locales. Esto significa que la ciencia no es el único tipo de conocimiento valioso; también existen conocimientos producidos desde otros contextos culturales y bajo otros criterios de legitimidad, que resultan válidos dentro de sus propios marcos de generación.

En este sentido, es importante distinguir entre la ciencia y otros tipos de conocimientos comúnmente denominados “tradicionales”. La ciencia —también llamada ciencia normal, eurocéntrica o convencional— se refiere al conjunto de conocimientos generados en universidades, instituciones de educación formal y centros de investigación. Sus orígenes se remontan a la filosofía griega y a la Ilustración europea, y se organiza en disciplinas especializadas que siguen sus propios paradigmas. En contraste, los conocimientos tradicionales son aquellos producidos, preservados y utilizados por comunidades y pueblos tradicionales, como los grupos indígenas de América Latina y otras regiones del mundo. Suelen transmitirse dentro de la comunidad mediante prácticas epistémicas constantes: un chamán que realiza un rito curativo o una familia de agricultores que ha desarrollado saberes específicos sobre la época y la forma adecuada de sembrar determinado tubérculo son ejemplos de ello.

Cuando hablamos de violencia, no debemos limitarnos al uso intencional de la fuerza o el poder para causar daño físico, psicológico o económico. La violencia también puede tener una dimensión epistémica, que surge cuando se menosprecian los conocimientos producidos desde contextos distintos al de la ciencia. En un mundo marcado por la injusticia social, una de las mayores demandas es precisamente la justicia social; sin embargo, esta no puede alcanzarse sin justicia epistémica. Los procesos de explotación y opresión que excluyen a ciertos grupos y sus prácticas también excluyen los conocimientos que esos grupos emplean para sostener dichas prácticas. Esta exclusión ha sido denominada por algunos autores como epistemicidio.

Un caso concreto de violencia epistémica ocurre cuando un conocimiento tradicional resulta útil para la innovación, especialmente en áreas como la medicina. A menudo se descalifica este tipo de saberes como “no científicos” o como meramente “empíricos”, y a partir de ese desprecio epistemológico se justifica su apropiación ilícita. Esto puede darse, por ejemplo, mediante patentes de innovaciones basadas en conocimientos medicinales tradicionales que no reciben reconocimiento ni beneficios. Suele alegarse que quienes conocen, por experiencia, los beneficios medicinales de un brebaje de hierbas carecen de un conocimiento “científico” sobre sus principios activos o mecanismos de acción en el cuerpo. Así, se afirma que quienes desarrollan estos conocimientos científicos —como empresas farmacéuticas— tienen derecho pleno a patentar y comercializar dichos productos, dejando excluidos a los pueblos poseedores del conocimiento original.

Frente a esta problemática, es necesario adoptar una postura pluralista que reconozca la existencia de múltiples formas de conocer e interactuar con el mundo, así como distintos criterios de validez del conocimiento. La legitimidad de los conocimientos tradicionales no debe basarse en los mismos criterios que se utilizan para evaluar la ciencia. Aunque no todos los conocimientos pueden caracterizarse como científicos, sí podemos sostener que todos son valiosos y que su valor y validez dependen de los criterios propios de cada contexto. Reconocer la diversidad epistémica implica tener apertura al diálogo y disposición para escuchar lo que otras culturas saben y pueden aportar. Este diálogo entre conocimientos es útil para construir soluciones creativas y diversas frente a los retos actuales de México y del mundo.

Lee aquí más artículos relacionados

El Puente de la Concordia

El Puente de la Concordia

Por: Aram Rangel Alcantara e Isael Guillermo García Macedo
Crónica de una Tragedia Anunciada

Leer
La Dictadura de lo Irrelevante: Anatomía de la mediocridad moderna

La Dictadura de lo Irrelevante: Anatomía de la mediocridad moderna    

Por: Ricardo Alonso Arévalo Garcilazo
La estupidez informada tiene límites; la ignorancia apasionada, ni uno solo

Leer
Metros, minutos, kilómetros

Metros, minutos, kilómetros

Por: Adanelly Marlene Martínez Ahuecatitan
Me pregunto qué habría pensado Karl Marx del metro

Leer
El precio de traicionar a Los Zetas

El precio de traicionar a Los Zetas

Por: Salvador Padilla García
Si el Estado no se hace nada por erradicar la violencia, no hay disculpa que valga

Leer
¿Y qué tiene que ver mi calle con la violencia?

¿Y qué tiene que ver mi calle con la violencia?

Por: Sebastian Vallejo Yañez
Cómo nuestras ciudades se vuelven hostiles con sus habitantes

Leer
Racismo a la mexicana

Racismo a la mexicana

Por: Leonardo Yahir Eguiza Delgado
¿Seremos muro de prejuicios o puente de integración?

Leer

Deja tus comentarios sobre el artículo

Diversidad cultural y violencia epistémica

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

eleven + 17 =