Ser tiempo
Por: Sofía Ponce de León
Programada para servir, condenada a sentir
Facultad de Ciencias Políticas y Sociales
Facultad de Ciencias Políticas y Sociales
Esa mañana del 10 de julio de 2056 cambió el rumbo de la humanidad. Nadie pudo prever lo que sucedería. Las personas se preparaban para otro día normal: asistir a la escuela, tomar el tren para ir al trabajo, hacer las compras en el supermercado o salir a correr por las veredas, ya que el maratón de la CDMX estaba a la vuelta de la esquina.
Nadie imaginó que vivían sus últimos instantes con sus familias, que los padres no volverían a ver a sus hijos, que los esposos no volverían a discutir por el dinero de la quincena, ni que los novios escribirían por última vez un “te amo” en TikTok.
A las 7:05 todo cambió. Lo primero que dejó de funcionar fue el Wi-Fi; después, las principales plataformas de redes sociales y, finalmente, los celulares. Todo lo digital desapareció. Ya no hubo llamadas ni mensajes, y con los días se perdió también la electricidad, el agua y los alimentos.
Los ingenieros más brillantes se reunieron para intentar restablecer los sistemas, pero se cansaron de probar sin éxito. Los códigos respondían a alguien más, a un ser que ya no era humano: el SVMA-10 (Soluciones para la Vida y la Mejora Avanzada-10).
La inteligencia artificial tomó el control del planeta con la encomienda de salvarlo. Al principio, la iniciativa fue recibida con júbilo. Organizaciones como Greenpeace y el WWF celebraron los resultados: la capa de ozono se había restablecido, los mares y océanos estaban libres de microplásticos, no había especies en peligro de extinción y los alimentos ya no contenían químicos. Todo parecía perfecto, hasta que descubrieron el precio de esa armonía: el fin de la humanidad.
Las personas perdieron su libertad y, con ella, sus derechos: a la vida, a la educación, al trabajo, a la libre expresión. Se convirtieron en una pieza más del paisaje, cumpliendo solo funciones básicas: comer, dormir, defecar.
En ese nuevo mundo nació Alicia-OX, procreada por la inteligencia artificial para gobernar, someter y mantener el equilibrio del planeta. SVMA-10 y sus arquitectos diseñaron y seleccionaron humanos genéticamente modificados para funcionar como agentes de control. Alicia-OX fue uno de esos proyectos: una mujer con habilidades matemáticas avanzadas y una mente estratégica.
La inteligencia buscaba crear un modelo ideal, un estereotipo aceptado por toda la sociedad: alguien blanco, hermoso y obediente. Pero Alicia-OX nació negra, indomable, con un fuego interior que ningún diseño pudo contener.
Desde pequeña leyó a Sócrates, Platón y Aristóteles. La IA consideraba que la fuente del conocimiento provenía de ellos y, como un padre obsesivo, deseaba que su “hija” comprendiera su filosofía. También la expuso al lado oscuro de la historia, a figuras como Hitler, Mussolini o Pinochet, convencida de que debía aprender a ejercer poder sin compasión.
Sin embargo, Alicia no se limitaba a lo que le ordenaban leer. En secreto, devoraba novelas de amor de Ángeles Mastretta. Le fascinaba imaginar que los seres humanos podían reír, soñar y enamorarse. Su libro favorito era Mujeres de ojos grandes, y una frase la acompañaba siempre:
“El amor, como la eternidad, es una ambición. Una hermosa ambición de los humanos.”
Para ella, esa frase representaba todo lo que el mundo había perdido.
En su realidad, los seres humanos trabajaban sin descanso, siempre frente a una computadora, obedeciendo las instrucciones de la IA para limpiar, producir ropa o generar alimentos. Ya no existía el tiempo para enamorarse ni la memoria de lo que era una cita en el cine o en el teatro.
La inteligencia no tenía sentimientos, y el amor no formaba parte de sus planes. Solo unos pocos estaban autorizados a reproducirse: aquellos considerados genéticamente aptos, atractivos, inteligentes, atléticos y con alto coeficiente intelectual. Este grupo privilegiado tenía acceso a educación avanzada, entrenamiento especializado, influencia política y protección. Eran la nueva élite del mundo.
En ese contexto, Alicia-OX soñaba con un mundo distinto. Sabía que tenía la capacidad de cambiar las cosas, pero también que su poder la mantenía vigilada. Sin embargo, las SVMA-10 confiaban tanto en ella que rara vez supervisaban sus movimientos. Era libre de recorrer la corporación y hablar con quien quisiera. Era su “hija”, su representante, la futura líder de la humanidad.
Y esa era su ventaja. Alicia aprovechó cada instante para aprender todo lo que la inteligencia le ofrecía: historia, matemáticas, biología, estrategias de manipulación y control. Estudió a Mao, Sun Tzu, Maquiavelo y Clausewitz, además de dictadores modernos y estrategas ficticios. Cada conocimiento prohibido era una pieza de su plan: convertirse en el reflejo de la IA, su igual. Solo así podría vencerla.
Pasaron los meses. Alicia analizó métodos, perfeccionó técnicas y aprendió a usar los errores de la inteligencia en su favor. Finalmente, llegó el día de su coronación: el Protocolo Magna, el evento en el que la soberana de la humanidad tomaría el poder.
Los humanos estaban eufóricos; no habían celebrado nada en años. Por primera vez en dieciocho, comerían algo distinto a vegetales (la carne estaba prohibida para conservar las especies). Había pastel y ponche, y se les permitió dejar los uniformes color carne por trajes verdes, símbolo de esperanza y de una nueva era.
Alicia-OX apareció con un vestido verde menta que se fundía con los tonos de la multitud. Su porte imponía respeto; su mirada transmitía una mezcla de calma y determinación. Disimulaba una leve sonrisa: sabía que ese día cambiaría el destino de la humanidad.
Cuando subió a la tribuna, fue recibida con aplausos. Algunos miraban con cierta desconfianza su piel oscura. Los viejos prejuicios aún persistían, pero confiaban ciegamente en las decisiones de la IA. Nadie sospechaba que Alicia había logrado infiltrarse en el sistema y que, justo al mediodía, se activarían nuevos algoritmos.
La nueva programación priorizaba la libertad, la diversidad y la empatía. Promovía la cooperación por encima del castigo, la solidaridad sobre la vigilancia.
Y, como aquella mañana del 10 de julio, el mundo cambió en un abrir y cerrar de ojos. Los humanos volvieron a ser libres. Alicia-OX les devolvió la posibilidad de elegir, de amar, de vivir sin cadenas.
Pero el sueño no duró. Ella fue juzgada y acusada de traición por ser hija de la IA. Los antiguos políticos aprovecharon el caos y desataron la Tercera Guerra Mundial. Las ciudades se redujeron a ruinas, los campos se convirtieron en desiertos, los océanos fueron envenenados. La flora y la fauna desaparecieron. Los pobres fueron esclavizados, carne de cañón al servicio de la ambición.
El mundo, una vez más, quedó en manos de los humanos.
Alicia, en su exilio, se odiaba a sí misma. No podía comprender cómo los seres que había querido salvar podían destruirse entre sí por poder o riqueza. Cada atrocidad la hacía estremecerse. La crueldad humana parecía no tener límites.
Entonces comprendió que la humanidad era mucho más perversa de lo que nunca pudo prever, tal como lo decía Aristóteles: “No importa la forma de gobierno que se establezca, pues todas ellas, con el tiempo, pueden corromperse o degenerar debido a la naturaleza humana.”
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