En ausencia de…
Por Alexis Boleaga
¿Qué vida puede vivirse así?
Facultad de Estudios Superiores (FES) Iztacala
Facultad de Estudios Superiores (FES) Iztacala
La vida avanza rápido. La ambición por el éxito contamina el espíritu, el arte ya no incomoda, la argumentación se respalda con inteligencia artificial y la salud mental se deja en las manos de programas estructurados para complacer al usuario. La esencia del mismo ser se desvanece desde que basamos nuestras acciones en estilos de vida que no nos pertenecen porque anhelamos lo que nos oprime y oprimimos al más débil. Así nuestro tiempo.
Enferma de preocuparme por mis acciones del presente: si lo que hago es correcto, si lo correcto es evidente, o si la evidencia de lo correcto existe. Mi mente pide a gritos un descanso del infierno que el inconsciente intenta destapar con fervor. Al mirarme en el espejo no reconozco quien está al frente; el miedo yace de mi tórax cada mañana, cada noche, cada instante. La luz de la esperanza parece estar apagándose, o es que me estoy quedando ciega, porque no la veo y eso me asusta.
La incertidumbre es intrusa, peligrosa porque no podemos controlar, porque nos quita el poder y nos hace vulnerables; asfixia y nos deja inmóviles, temblando hasta orinar. La incomodidad de la monotonía parece ser la única ventana abierta dispuesta a dejar entrar el aire del cuestionamiento, por muy frío que sea el viento. ¿Soy yo responsable de mis acciones aún cuando existe una fuerza que está por encima de todos los que nos aqueja el espíritu?
La psiquiatra nunca está disponible porque estoy segura de que no soy la única a la que la tristeza le consume la mente y el cuerpo, a la que le ruega a una caja de medicamentos que le ayude a salir adelante, a la que prefiere la somnolencia antes que volver a sentir el terror de la noche y la soledad, donde los miedos parecen volverse cada vez más fuertes con cada lágrima y temblor.
¿Puedo seguir creyendo en el renacer con el alma rota? ¿O es que hay algo más allá que nos impide crecer y crear? Algo más allá de la poca fuerza de voluntad, que termina por sucumbir en quienes estamos sedientos de transformar, evolucionar y cuestionar, que nos está apartando de la sociedad porque no cabemos en un mundo que es consumido por el materialismo y el individualismo.
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