Colegio de Ciencias y Humanidades Plantel Oriente
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Todavía recuerdo la primera vez que lo hice. Una lata nada más, luego otra, otra y una más.
Al principio todos nos divertíamos y reíamos, a veces llorábamos y eso estaba bien.
Un día dejamos de ser todos y empecé a ser solo yo.
Una botella nada más para concentrarme, luego otra, otra y un par más.
“Siempre estás tomando”
Empecé a alejarme de todos, ellos no me entienden y no saben que lo tengo bajo control, solo me estoy divirtiendo y disfrutando mi juventud.
Así que no paré.
Un par de latas y unas botellas, luego otras y luego no recuerdo. Solo sé que no paré, pero si hubiera querido lo hubiera hecho.
O eso pensé.
“Es que cuando tomas cambias”
Y decidí demostrarle a todos que podía dejarlo si quería, claro, después de un par de botellas más, el próximo mes, ya la otra semana, un día que caiga par, un día festivo y solo por un día.
Y no pude dejarlo aunque ya no lo aguantaba, no pude parar aunque estaba cansada.
Ya no me divertía, ya no éramos todos y ya no estaba disfrutando mi juventud, solo lloraba con una botella en la mano por sentirme infinitamente sola y culpable por no poder parar.
Todavía recuerdo la primera vez que no lo hice.
“No gracias, ya no tomo”
Y otra vez éramos todos divirtiéndonos y riéndonos. Y sí, a veces llorando, solo que esta vez ya no había botellas de por medio y al fin pude sentirme libre.
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