El dorso del ser
Por: Astrid Guadalupe Tufiño Gonzalez
Eres la razón por la que todavía nombro las cosas
Facultad de Ciencias Políticas y Sociales
Facultad de Ciencias Políticas y Sociales
Es una locura todo lo que uno puede llegar a amar. Al principio te vi y solo quería tu amistad, sin saber que el corazón, como en gavilán o paloma, iba a jugarse todo sin miedo. Poco a poco me fui entregando a ti, creyendo que amar y querer no dolían tanto cuando era sincero.
Te di mis sueños, mis alegrías y los momentos más importantes de mi vida, convencido de que lo pasado no volvería a pesarnos. Pero el tiempo fue diciendo otra cosa, y entendí que, aunque uno se entregue entero, a veces el amor acaba.
Hoy solo queda el recuerdo, ese silencio que duele, y aparecen las preguntas que José José cantó mejor que nadie: ¿qué hay de malo en ser extraños?, ¿qué hay de malo en que ya no me importe tu nombre, ni tu vida, ni tus años? Y aún así, aunque todo sea distancia y olvido, todavía muero por ti.
Tú un día solo dijiste: “es una amistad”, y lo tuve que aceptar. No sé quién sea ni como luzca; sé que lo quieres y que lo vas a llamar. Pero tres son muchos para el amor, y yo solo me pregunto: ¿viene conmigo, o es de él?
Un día me enteré que estarías en un altar con aquel; en mi mente aún seguías, esperando un poco de tu amor. El destino dijo que lo nuestro no podría ser y llegaste al capricho de casarte. ¿Te has fijado que ya no te busco?, que no me ves en los lugares donde solía estar, que pasa el tiempo y no estoy contigo. Porque, al final, terminó siendo más una fantasía que un amor. Es así como finalmente renuncié a ti.
Hoy, a pesar de saber que nuestro amor estaba prohibido, solo me queda una pregunta en la cabeza: ¿cómo haré para olvidarla? Me la paso en el Tenampa, mientras el mariachi canta, y el cantar de mis canciones me ayudan a olvidarla. Yo conozco al cantinero: él sabe por qué vengo y por qué vengo a tomar: Olvidar. ¿Cómo hacer para olvidarla?
Finalmente he comprendido y aceptado mi derrota, aunque sigo con el alma rota. Ella se fue, y yo, que la quería tanto, la vi partir. ¿Qué se siente, corazón? Qué por darle rienda suelta, hoy estoy con el alma rota. Ella dice que “se fue”, y entre el mariachi y el sol saliendo, el caso es que se va.
No me pidas sonreír cuando se va con otro lo único que me daba calma. Haganme el favor de perderse juntos, de borrar, su rastro de mis días, porque verla cerca sería aprender a vivir con la herida abierta. Que les vaya bien, pero que el camino no tenga regreso.
Yo sé que mi ausencia no pesa, que no soy indispensable, aunque el cariño es real, la memoria se vuelve castigo. Esto era lo que más temía y aun así ocurrió. Ahora no queda promesa ni reclamo: solo avanzar, aunque duela, como si no hubiera sido amor.
Sigue feliz con él, yo no me interpondré; pero si acaso termina tu felicidad, recuerdame… y ven a mi.
Por: Astrid Guadalupe Tufiño Gonzalez
Eres la razón por la que todavía nombro las cosas