Entre un lápiz y un bulto de cemento, pesa más la desigualdad
Por: Elizabeth Pérez
La desigualdad no nace de cuestiones personales
Facultad de Ciencias Políticas y Sociales
Facultad de Ciencias Políticas y Sociales
El techno a pesar de ser un género de música electrónica de baile que surge a finales de la década de los ochenta en la ciudad de Detroit, en la actualidad su popularidad va en aumento debido a su amplia difusión en redes sociales y plataformas digitales. Sin embargo, más allá de lo evidente, el techno también configura estilos de vida, estética determinadas y relaciones sociales que dependen indispensablemente de los contextos donde se presenta de manera física y virtual.
Personalmente, desde hace aproximadamente una década he tenido la oportunidad de conocer múltiples escenas y así observar cambios significativos en las tendencias estéticas y musicales recientes. De entre todas esas, expresiones de carácter religioso se manifiestan en cualquier actividad festiva, esto regularmente a través del éxtasis del baile que hace que decenas, cientos o miles de personas se expresen libremente al mismo tiempo, en un mismo lugar, con una finalidad personal que varía según cada quien, pero que en general están relacionadas con liberar el estrés, la energía acumulada y las vibras.
¿Expresiones religiosas en una rave? ¿Cómo que rituales en cárceles, bodegas y lotes abandonados? Pues, primero, no me refiero al aspecto sectario o de culto no oficial en lo relacionado con temas como el Satanismo o la veneración a la Santa Muerte. Mi interés por lo espiritual está más allá de las convenciones que se encuentran dentro del marco cultural establecido por las religiones tradicionales.
Experiencias personales de corte trascendental y comportamientos rituales generalizados se encuentran por todos lados en el día a día, aunque no los etiquetemos así; pequeños movimientos, gestos y pensamientos fugaces que se manifiestan casi automáticamente, y que incluso en ciertos casos se vuelven medidas previas al salir de casa, antes de comer o antes de una reunión importante.
Por otro lado, macrofenómenos tan dispares como el creciente fanbase global del k-pop y el auge de ciertos circuitos de raves underground, ejemplifican bastante bien lo que el sociólogo francés Roger Bastide describe como religiones salvajes, instituciones que expresan independientemente características de lo religioso y que emergen en contraposición a las formas más institucionalizadas asociadas con las religiones convencionales.
El ethos de las raves busca sorprender y desestabilizar al realizar eventos en ubicaciones siempre cambiantes, esto a diferencia de los clubes tradicionalmente establecidos. Rompen con la relación habitual entre el espacio y el tiempo en locaciones que transmiten una sensación única, incluso cinematográfica que tiende a la ensoñación y la magia.
Las raves son mucho más que la música y las drogas con las que están asociadas, son redes de estilos de vida, comportamientos ritualizados y creencias propias de la modernidad tardía. Cada noche de experiencias personales y colectivas aunque única e irrepetible, arroja patrones repetitivos a lo largo del tiempo; un claro ejemplo, se observa en la estructura típica de una rave, en la cual se revela una secuencia ritual clásica dividida típicamente en tres partes: separación (del entorno habitual), marginalización y agregación (retorno al entorno habitual y reevaluación).
Con frecuencia los ravers nos apartamos de las religiones ortodoxas en la búsqueda de experiencias metafísicas (astrales) que trasciendan los límites de la esfera religiosa convencional en este tipo de eventos. Es así como las raves se convierten en un tipo de religión sin una base teológica definida ni una expresión unificada.
Lo religioso aquí, lo estoy considerando en primer lugar como la manifestación de aspectos de lo sagrado y en segundo lugar como la administración de este fenómeno, el cual, a su vez facilita la experiencia espiritual a través de las estructuras narrativas rituales. Así, los asistentes a las raves se movilizan y rearticulan estas estructuras en sus búsquedas de significado, identidad, pertenencia, intensidad, valores y comunidad.
Pero entonces, ¿qué tipo de ritual es el que se presenta en las raves? Una propuesta interesante aparece en las ideas de George Bataille, quien critica la semiótica teleológica mediante el concepto de ritual festivo. En él se distancia de la idea tradicional de celebración que requiere una excusa o motivo específico, dándonos a entender que los rituales festivos se comprenden mejor como eventos autónomos que siguen una lógica interna propia sin necesidad de referencias a motivos externos.
Bataille describe el ritual festivo como un mecanismo simbólico que busca generar la máxima intensidad de experiencia afectiva subjetiva a través de la participación en la euforia colectiva, y que a diferencia de los rituales de paso que redefinen la identidad individual en relación con la sociedad, no busca transformar en sí mismo, sino liberar una “energía” efectiva/afectiva que potencialmente puede ser canalizada, transformada e interpretada posteriormente.
Adicionalmente y desde la experiencia personal, para que una rave sea exitosa es crucial seguir por lo menos tres pasos: el primero, planificar la asistencia a eventos que coincidan con los gustos musicales de los asistentes; el segundo, elegir los lugares apropiados que garanticen la presencia de personas afines a la escena, además de comodidad y seguridad; y el tercero, consumir las sustancias adecuadas que faciliten el disfrute del evento.
En otras palabras, la asistencia a estos eventos proporciona espacios de sociabilidad en los cuales reunirse con amigos y consumir sustancias recreativas. Espacios donde la finalidad del consumo combina aspectos como la experiencia musical y el placer compartido con otros, en conjunto con otras formas de interacción social específicas que se habilitan en estos contextos, tales como los fenómenos psíquicos documentados entre los que exploran el uso recreativo de drogas psicodélicas.
En particular, se habla sobre la transgresión que se da del tiempo lineal al tiempo cíclico, similar a como se manifiesta en un trance ritual. Con tiempo lineal los ravers se refieren a las rutinas diarias y las actividades orientadas a metas, a la modernización y la racionalización progresiva como lo plantea Max Weber. Mientras que asocian el tiempo cíclico con una socialización premoderna con ritmos de trabajo y festividades, una liberación de las rutinas y obligaciones caracterizada por una inversión y compromiso emocional significativo en el que se experimenta una comunicación profunda. Por lo cual, también existe el riesgo de desembocar en experiencias emocionales negativas.
Y es que en efecto, lo positivo o negativo de la experiencias de carácter religioso en las raves depende de la vibra del evento, el lugar y sus asistentes. En concreto, la vibra ideal del underground es descrita por los ravers como una fuerza comunitaria activa, un sentimiento enérgico que surge de la interacción entre los bailarines, la vibración musical, los efectos de iluminación, la oscuridad y la energía general del espacio. Todo ello fusionado para producir un poderoso sentimiento de liberación.
Dicho de otro modo, la vibra es percibida como una experiencia activa y estimulante de estar plenamente presente, en la cual todo parece unirse y contribuir a una atmósfera festiva, algo constructivo, un ritmo distintivo que impulsa tanto la experiencia psíquica como física.
Esta vibra propicia espacios para el desarrollo de tribus urbanas a nivel global que defienden y reproducen estos ambientes y que además se presentan al mundo como micro comunidades distantes y secretivas para evitar la sobrerregulación y el comercialismo del mainstream.
Mientras, en la pista de baile, se genera una experiencia de communitas que produce un modelo alternativo a la sociedad convencional de restricciones, deberes y productividad. Por su parte, los intermediarios y porteros (gatekeepers) de cada escena underground colaboran indispensablemente en la difusión de valores y paradigmas propios de la cultura techno y rave, contribuyendo así a la reproducción de la communitas.
El sostenimiento de la vibra adecuada en las raves se convierte entonces en una fuente primaria de identidad y pertenencia dentro de la cultura techno, debido a que ejemplifica una respuesta alternativa a la necesidad de conexión omnipresente en nuestras sociedades contemporáneas.
Así pues, darnos cuenta de que en espacios no convencionalmente religiosos se manifiestan aspectos espirituales, nos permite acercarnos de una forma distinta a las raves como fenómenos sociales complejos, lo que puede proporcionar una visión más completa y dinámica de las raves como expresión cultural que aborda necesidades socioantropológicas fundamentales (comunidad, trascendencia y sentido de pertenencia), aspectos que normalmente se asocian a las creencias y prácticas de las religiones tradicionales.
Por: Elizabeth Pérez
La desigualdad no nace de cuestiones personales
Por: Ana Paola Leyva Reyes
Un fenómeno social que no cabe en cifras
Por: Gabriela Varela Arreola, Balcazar Herrera Sahori, Figueroa Juarez Sara Elena, García Gomez Leonardo, Hernandez Santillán Rebecca Valentina y Rivera de la O Yareli
Origen y retos de la Revolución Z
Por: Airam Yarim Pérez Arias
La deshumanización inicia en nuestro teclado