En estas trincheras nuestras armas son palabras convertidas en argumentos y contra argumentos.
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Itzel Gallegos / Facultad de Psicología

Punks vs Emos

Número 21 / ABRIL - JUNIO 2025

En un sistema violento, cuidarnos es resistir

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Eska Paez

Facultad de Artes y Diseño

Entramos a la universidad con mochilas llenas de sueños, pero también con un cansancio que nadie nos explicó. Nos dijeron que esta era la mejor etapa de nuestras vidas, que había que aprovecharla, aguantarla, sobrevivirla. Nos enseñaron a competir, a rendir, a cumplir, pero no a sentir. Nadie nos dio un manual para cuidar la mente mientras el cuerpo sigue y sigue, aunque ya no pueda más.

Desde hace décadas nos repiten que ser fuerte es aguantar, que amar mucho es depender, que llorar es perder el control, que el cansancio se supera con más esfuerzo, que la ansiedad es exageración y que la tristeza es falta de gratitud. Pero hoy, frente a un sistema que nos quiere productivos incluso cuando estamos rotos, cuidarnos es un acto de rebeldía.

 

¿Y si cuidarnos fuera el nuevo punk?

En un mundo que romantiza el desgaste, elegir la calma es subversivo, y decidir parar cuando todo nos exige seguir es ir contra la corriente. Poner límites a personas, espacios o dinámicas que nos hacen daño es un acto político. Escucharnos, validarnos y pedir ayuda es resistencia diaria frente a una cultura que nos quiere agotados, callados y funcionales.

Descansar cuando el cuerpo y el corazón piden pausa es un verdadero acto punk, porque no estamos aquí para sobrevivir rotos, sino para vivir enteros. Porque no queremos graduarnos con títulos en la mano y el sistema nervioso colapsado, porque la vida no debería doler todo el tiempo.

Estamos y permanecemos porque somos honestos con lo que sentimos. Porque quizá el nuevo punk no grita ni destruye, sino que respira, prioriza y se queda. Porque tal vez la rebeldía no está en el exceso, sino en el autocuidado. Esto también es un acto revolucionario.

Cuidarnos nunca nos hará débiles, nos hará honestos. Nos enseñará a dejar de forzar lo que nos rompe, a irnos de donde duele, a no quedarnos en lugares donde nuestra ansiedad se dispara y nuestro cuerpo vive en alerta constante. Nos hará punks que no necesitan demostrar nada, que gritan con su estabilidad, con su bienestar, con la valentía de sentirse bien siendo quienes son.

Ser punk es elegirse ante todo pronóstico. Ser punk es elegir lo que nos hace únicos, lo que amamos, lo que nos llena. Ser punk es elegirnos incluso cuando generaciones pasadas intentan corrompernos con prejuicios, estereotipos y roles rígidos en los que no cabemos o en los que nunca nos sentimos completos, roles que nos dicen cómo sentir, cómo sanar, cómo vivir.

Porque, aunque el cuidado comienza de forma individual, la salud mental es colectiva. Mientras más apoyo exista, más estabilidad habrá. No podemos hablar de bienestar si seguimos normalizando la invalidación emocional, si seguimos desacreditando logros por una recaída, si seguimos llamando “locura” a pedir ayuda profesional. No podemos sanar en un entorno que nos juzga por estar mal.

Vivimos en un mundo lleno de “emos” que desacreditan nuestras emociones con frases como “antes no era así”, “tú no sabes lo que es sufrir”, “si lo tienes todo, no deberías estar mal”. Un mundo que ridiculiza la sensibilidad, que minimiza el dolor invisible, que nos exige estar bien solo porque, en apariencia, no nos falta nada.

Esta es la verdadera lucha: punks contra emos.

Los punks que priorizan, respiran y tratan de entender lo que sienten para poder ser ellos mismos, contra los emos que crecieron en tiempos donde a los hombres sensibles se les insultaba y a las mujeres con fuerza emocional o física se les castigaba, tiempos donde sentir era un defecto y callar era una virtud.

El verdadero acto revolucionario llegará cuando se entienda que una persona sensible nunca será débil, que alguien con identidad propia nunca será raro, que pedir ayuda no es fracaso, que descansar no es rendirse, que cuidarse no es egoísmo.

Porque el nuevo punk no se destruye para encajar, el nuevo punk se cuida para existir, y esa rebeldía, hoy, es más necesaria que nunca.

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