Amar a la vida
Por: Luz Noelia Arizmendi Ramírez
Poema para el cuidado mutuo
Facultad de Estudios Superiores (FES) Zaragoza
Facultad de Estudios Superiores (FES) Zaragoza
Ya no soy una persona triste, no tanto.
Ya no lloro en las noches, ahora exploto con una ira irracional.
Ya no me escondo de las personas, ahora ignoro e insulto si se me da la oportunidad.
¿Qué es lo que me ha pasado?
Mi persona, aquella compasiva, aquella con esperanzas, aquella con ganas de que todo algún día mejoraría y se olvidaría. Murió. Enterrada. Desapareció. No está más aquí.
¿Cómo puedo amar tanto y a la vez detestar todo a mi alrededor?
Lo odio, odio sentir tanto odio, odio despertar y que lo primero que piense es sentirme insuficiente.
¿En qué momento mi progreso desapareció?
¿En qué momento decidí que la muerte sería lo mejor para que ya no pensara?
¿Por qué tengo que sentir tanto?
¿Por qué todo me duele en un extremo inexplicable?
¿Alguna vez todo parará? ¿Alguna vez despertaré y pensaré únicamente en mí? ¿Alguna vez mi vida volverá a ser mía?
Le imploro a Dios que así sea, no puedo más con esto, me duele la cabeza y el alma.
Quiero volver a ser feliz, un poco, por unos días.
Quiero que la vida vuelva a ser mía.
Y todas estas preguntas llegan porque decidí amar, ahora entiendo cuando dicen que se puede morir de amor. Jamás creí que sería por palabras, por comparaciones, porque cada día en está relación ha sido apuñalada tras otra, por traiciones, por mentiras.
Se lo juro, a quien sea, que yo quería amar con todo lo que podía, que estaba dispuesta, que lo hice. Pero, ¿Qué más me queda hacer si tengo miedo de sus palabras, que nunca me han dado confianza? No quiero volver a sentir lo mismo de aquella vez, la traición me apagó el alma; que el hombre que juré que me amaba, me arrancó el amor del pecho, la confianza la hizo trizas, y a mí me destrozó.
Quizás nunca se lo perdone, lo que más me dolió, que jugó con lo que ha sido más apreciado de mí, lo que más he admirado en mí: Con mi valentía y con mi mente.
Ahora soy una maraña de pensamientos intrusivos, impulsivos, desangrándose, odiantes, y que tratan de sobrevivir.
Nunca pensé que le tendría miedo a cuidar.
Solo quería amar.
Y que a mí me amaran.
Quizás, si he sido tan difícil de querer.
¿Por qué tomar acción y hacerlo conmigo? ¿Por qué no elegir a quien no estuviera en el proceso de arreglarse? ¿Por qué me arrancó la sonrisa y la reemplazó con una mueca que arde? ¿Por qué los ojos que ha pregonado que encuentra fascinantes, los volvió en reflejar desesperación?
Trato de entender en sus palabras, el amor que dice tener por mí.
¿Llegará el día, al fin, en que le pueda creer?, el ocaso en que todos los pensamientos y recuerdos sean reemplazados por la adoración que jura tener.
Por: Salvador Padilla García
Cuando el cariño es real, la memoria se vuelve castigo
Una respuesta
Quetzalli, dicen que el odio se origina del dolor y en tu escrito se muestra uno muy profundo.
Te felicito por compartir sentimientos tan profundos. Recordé que alguna vez lo sobrevivi.
Recibe un abrazo.