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Cada 19 de Agosto se celebra el Día Mundial de la Fotografía con el propósito de reconocer el inicio de un arte que cambió la forma de narrar historias y de observar el mundo. La historia de esta práctica comienza en la década de 1820, cuando el físico Francés Joseph Niépce logró fijar las bases para la fotografía permanente, y tiempo después, en el año de 1839, cuando Luis Daguerre presentó ante la Academia de Ciencias de Francia su último invento: el daguerrotipo.
El daguerrotipo fue el primer proceso fotográfico práctico y comercial de la historia que consistía en que una placa de cobre y plata pulida, era sensibilizada con vapores de yodo para captar la luz, y tras la exposición a la luz, la imagen era revelada con vapores de mercurio y se fijaba con soluciones químicas para evitar que se borrara. Esto daba como resultado una imagen única, nítida y detallada, lo que permitió que muchas personas accedieran por primera vez a retratos realistas.
La fotografía evolucionó rápidamente desde el daguerrotipo, e incorporó técnicas más prácticas, como las placas de colodión húmedo y, más tarde, la primera película fotográfica creada por George Eastman a finales del siglo XIX. Esto permitió capturar y reproducir imágenes de manera más sencilla y accesible; con el tiempo se incorporó el color, la instantaneidad y, con la revolución digital, esta práctica se democratizó al integrarla en los dispositivos móviles.
Esta evolución convirtió a la fotografía en una herramienta fundamental para la modernidad: no sólo como arte, sino como medio de comunicación, registro histórico, expresión cultural y vehículo de identidad en la vida cotidiana. Desde entonces hasta la actualidad la fotografía ha sido una herramienta crucial para la preservación de diversos momentos, pues ha acompañado a la humanidad en sus transformaciones, ha sido testigo de guerras, avances científicos, retratos familiares y movimientos sociales, permitiendo capturar y conservar la memoria.
El impacto de esta forma de registro fue el punto de partida para una nueva posibilidad de explorar la realidad. En primer lugar, transformó la memoria colectiva al permitir registrar personas, lugares y acontecimientos con precisión, además revolucionó la comunicación, ya que hizo posible transmitir información visual más allá de las palabras, influyendo en el periodismo, la publicidad y la ciencia; en el ámbito personal, democratizó el acceso al retrato y a la preservación de recuerdos, y en la actualidad se ha convertido en un lenguaje universal.
Gracias a la fotografía podemos capturar lo efímero, podemos recordar que la luz no sólo ilumina, sino que también deja huella. Su valor no está únicamente en la estética, sino en su capacidad para documentar, narrar y preservar la historia colectiva y personal. Por eso, la fotografía no es sólo arte: es ciencia, memoria y lenguaje. Es un puente entre lo efímero y lo eterno, es la posibilidad de revivir emociones, de contar historias sin palabras y de descubrir que cada momento, por pequeño que sea, tiene una belleza digna de ser preservada.
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