Desmorados y desajolotizados
Por: Jesús Axel Cuapio García
Un Mundial que maquilló la ciudad, no sus problemas
Facultad Ciencias Políticas y Sociales
Facultad Ciencias Políticas y Sociales
En tiempos donde la Copa Mundial de la FIFA paraliza al mundo es raro pensar en un mundial de otro deporte. Nos es difícil imaginar un torneo internacional sin goles, árbitros corriendo o jugadores fingiendo faltas en la cancha. Pero, en 2007 en la Ciudad de México se jugó un campeonato mundial igual de intenso, solo que en silencio: el Campeonato Mundial de Ajedrez. El torneo se realizó ese año del 12 al 30 de septiembre y reunió a los ocho mejores ajedrecistas del mundo. A diferencia del fútbol, aquí no hubo eliminación directa, sino un sistema llamado round robin, donde todos juegan contra todos.
Los jugadores pasaron horas frente al tablero pensando cada movimiento, con partidas de hasta seis horas, incluso más. Entre los participantes destacaron figuras como la de Vladímir Krámnik (de Rusia, campeón defensor) y la de Viswanathan Anand (de India), quien terminaría haciendo historia. Anand obtuvo 9 de 14 puntos posibles, sin perder ninguna partida. A diferencia del fútbol, donde un error puede costar un gol, en el ajedrez cada equivocación tal vez signifique el final del encuentro. Anand destacó por su gran precisión, logró cuatro victorias y diez empates, lo que lo convirtió en campeón mundial de ajedrez. Junto a ellos también compitieron: Levon Aronian de Armenia; Peter Svidler, Alexander Morozevich y Alexander Grischuk de Rusia; Boris Gelfand de Israel y Peter Leko de Hungría, lo que le dio al torneo un carácter verdaderamente global.
Fue un evento respaldado por instituciones y organismos nacionales e internacionales. La organización estuvo a cargo de la Federación Internacional de Ajedrez (FIDE) con el apoyo del Gobierno de la Ciudad de México y la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte (CONADE). Además, el encuentro tuvo lugar en una sede emblemática: el hotel Sheraton del Centro Histórico, en pleno corazón de la ciudad.
En términos económicos repartió una bolsa de aproximadamente 1.3 millones de dólares entre los jugadores. Una cifra considerable dentro del ajedrez profesional aunque lejana a los miles de millones que genera un mundial de fútbol. Sin embargo, el torneo de ajedrez implicó inversión pública, atracción de turismo internacional y visibilidad global para México como sede de eventos de alto nivel. También hubo patrocinadores y apoyos indirectos, por ejemplo plataformas digitales que transmitieron las partidas en vivo a través de sitios web como ChessBase, Playchess o Europe Échecs, lo que permitió que más de 1.1 millones de personas de 185 países siguieran el torneo.
En el plano político existió una distinción evidente. A diferencia de otros mundiales donde los presidentes aparecen en inauguraciones o finales, el Campeonato Mundial de Ajedrez 2007 pasó casi desapercibido. No hubo grandes discursos del entonces presidente Felipe Calderón ni protagonismo político nacional. La participación se mantuvo a nivel institucional y local, lo que permitió que el foco no estuviera en los discursos políticos, sino completamente en el juego.
¿Por qué el fútbol es tan masivo y el ajedrez no? Tal vez porque exige paciencia, lo que no lo hace menos emocionante, la adrenalina está en el entendimiento. Mientras unos celebran goles, los otros tienen tácticas brillantes. Lo más interesante es que este deporte es para todos, no necesita patrocinadores, ni viajar a otro país o ser un genio. El ajedrez está al alcance de cualquiera, basta un celular, curiosidad y ganas de aprender. “¿Hay que tener inteligencia para jugar? No, el ajedrez hace a la gente inteligente”, decía Emanuel Lasker, quien fue campeón del mundo durante 27 años, de 1894 a 1921.
Tal vez al inicio parezca complicado, como cualquier deporte, pero en cuanto entendemos cómo se mueven las piezas, algo cambia: empiezas a anticipar, a imaginar, a crear tácticas. Cada partida se convierte en una batalla mental, cada error en una lección: nace el deseo de vencer a todo oponente. Usted puede empezar hoy mismo su propio camino en el ajedrez, puede jugar con amigos, en línea, en casa o incluso en un parque. No importa el lugar, importa el primer movimiento. Uno nunca sabe, quizá ese tablero que parece inmenso y complejo podría convertirse en su nuevo hogar, tal como es el mío.
Por: Jesús Axel Cuapio García
Un Mundial que maquilló la ciudad, no sus problemas
Por: Omar Castro Ríos
Un vistazo a la contracara social del espectáculo
Por: Jaziel Arath Hernández Salazar
La otra cara de la fiesta mundialista
Por: Marifer Lima
Un fenómeno global que une millones de vidas
Por: Kira Castellanos
Es tiempo de cuestionar los mensajes radicales
2 Responses
Excelente Diego Miroz muy interesante
Este artículo es un homenaje encantador y bien informado al Campeonato Mundial de Ajedrez 2007 en la Ciudad de México, y logra lo que pocos textos consiguen: hacer sentir la intensidad de un deporte silencioso sin necesidad de goles ni gritos. Muchas gracias y que viva el ajedrez.