¿El nuevo punk?
Por: Gisela Elizabeth Nolasco Domínguez
Amar en tiempos de guerra
Facultad de Derecho
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Actualmente vivimos en un mundo en donde diariamente somos receptores y víctimas de la violencia estructural, apoderados de incertidumbre y los conflictos tanto colectivos como personales, por eso el sentimiento del amor se nos hace insignificante y pequeño, lo que provoca que normalicemos el reprimir nuestros sentimientos para que no se nos clasifique como débiles. Creemos que el hecho de sentir algo es demostrar ante la sociedad que no resistimos y que somos indiferentes a lo que está pasando. A mi parecer el simple hecho de sentir es un acto de rebeldía. Para mí pensar que es externo y que no nos afecta lo que está pasando en Palestina, Irán, Venezuela y México, es un acto de deshumanización porque negamos lo que nos hace humanos: la capacidad de sentir y empatizar con los demás.
Aunque cambian las banderas y el idioma, el sentimiento de miedo, incertidumbre y coraje es el mismo, vivir se convierte en un acto de resistencia, aquí es cuando lo cotidiano cambia de sentido y es por eso que el amor se vuelve algo profundamente valiente, algo completamente revolucionario y probablemente el nuevo punk.
Sentirnos amados, protegidos y acompañados, no sólo es una emoción íntima, es una forma de resistir a todo aquello que intenta volvernos fríos, desconfiados o indiferentes. Estamos siendo testigos de una realidad, en donde nos están enseñando a endurecernos, a desconfiar, a ser insensibles, a protegernos del dolor y a evitar no abrirnos por completo a otros. Porque el mundo está cambiando para mal, vemos en las noticias como el poder transforma a las personas que su principal anhelo es el dinero y riquezas sucias donde no importa los daños colaterales y las afectaciones que pueden dejar en un territorio ni en una comunidad.
Amar implica vulnerabilidad, por eso es necesario que en este momento empecemos a escuchar a las personas, porque en un mundo donde todos hablan muy pocos escuchan, poner límites donde proteger nuestro tiempo, energía y bienestar rompe con la carga excesiva de trabajo para empezar a priorizarnos como seres emocionales que dejen de sentir culpa por descansar. En donde nuestras pequeñas acciones como compartir nuestra comida, pasar tiempo de calidad con nuestros amigos y familias, el informarnos críticamente sobre las noticias nacionales e internacionales tengan más peso que la indiferencia colectiva.
Soy fiel creyente que el amor habita en los gestos más simples, en aquellos momentos que muchas veces pasan desapercibidos. Amar es estar en tranquilidad sabiendo que tú mismo cuidas de ti, que tú cuidas de alguien y que alguien cuida de ti. Es un sentimiento recíproco donde encontramos un refugio. Ahí existe una conversación sincera, un abrazo que llega cuando más lo necesitas y también ese impulso tan humano de dar un beso.
Cuando el sentimiento es mutuo hay algo profundamente poderoso: la certeza de que alguien más decide encontrarse contigo en el mismo espacio y contexto emocional. Pero debemos de entender que el amor no se vive únicamente en la relaciones románticas, sino que también habita en las amistades que encuentras en el camino de la lucha, las personas que son tu red de apoyo y los que te sostiene cuando parece que vas a caer. También se encuentra en la familia que nos acompaña e incluso en el silencio de los pequeños gestos que nos recuerdan que no estamos solos. El amor está en quien escucha, en quien se queda, en quien se preocupa genuinamente por el bienestar de otros. Cada gesto de cuidado, cada palabra de apoyo, cada acto de ternura y cada demostración de cariño construyen pequeñas formas de un refugio dentro de un mundo que está roto.
Tal vez por eso es que considero que el romanticismo es un acto de rebeldía y el nuevo punk, porque en tiempos en donde las guerras, las divisiones y la violencia parecen dominar
las narrativas del mundo, elegir amar es negarse a aceptar que la dureza es la única forma posible de existir y de sentirnos vivos.
Amar es insistir en la ternura cuando todo parece empujarnos hacia la indiferencia, es defender la idea de que el cuidado, la empatía y la sensibilidad siguen siendo valiosos para nosotros y es creer que la conexión entre las personas todavía puede construir algo grande, algo que puede accionar dentro del contexto de guerra.
Tal vez el amor y el sentir no cambie por sí sólo las estructuras del mundo, ni detengan los conflictos que atraviesan la sociedades pero sí transforma la forma en que habitamos. La realidad nos recuerda que incluso en medio del caos todavía somos capaces de sentir, de poder expresar nuestros sentimientos, porque hoy en día el poder de amar, el poder sentir y el poder ser humanos es un privilegio.
Y quizás ahí reside nuestro verdadero poder, porque cada vez que elegimos a amar, cuidar y expresar ese cariño, estamos afirmando algo profundamente humano, incluso en los momentos más difíciles de este mundo roto la ternura sigue siendo posible.
El romanticismo en todas sus formas de expresión es una forma silenciosa pero poderosa de la rebeldía y del nuevo punk. Es una manera excepcional de recordarle al mundo que, aunque exista la guerra, el miedo, la incertidumbre, la indiferencia todavía existen los espacios para expresar el amor para sentirnos vivos y mientras exista estos espacios también existe la posibilidad de imaginar un mundo distinto.
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