La utopía del bienestar emocional
Por: Sebastián Alberto Luján Rodríguez
El mito de estar bien
Facultad de Ciencias Políticas y Sociales
Facultad de Ciencias Políticas y Sociales
Si uno entra a cualquier red social y comienza a ver los diferentes posts y stories que se publican, existe un nuevo estándar: el autocuidado. Todos buscan diferentes maneras de cuidarse a sí mismos, ya sea leyendo libros de autoayuda, asistiendo a convenciones con gurús motivacionales e incluso compartiendo imágenes divertidas con mensajes positivos múltiples veces. El mensaje es claro: “si te cuidas, estarás bien”. Pero, ¿alguna vez has sentido que cuidarte a ti mismo te estresa más de lo que te relaja?
La práctica de cuidarnos a nosotros mismos ha existido desde la Antigua Grecia. Foucault, en Historia de la sexualidad, describía el cuidado de sí, que se vivía como una parte de la ciudadanía: si uno se cuidaba a sí mismo, también cuidaba a la comunidad cívica. En nuestros días, esta idea aún existe, uno se cuida a sí mismo porque le ayuda a convivir con las demás personas; sin embargo, se convierte en una lista de tareas: meditar, ir a terapia, aprender a poner límites con tus parejas, dormir bien y muchas otras actividades. Si uno no cumple con esta responsabilidad, piensa que está fallando en su cuidado.
Esta nueva obligación que nos imponemos también está condicionada por cuánto se gasta: si no usas la aplicación más cara o vas al centro deportivo de lujo, no estás invirtiendo lo suficiente en tu cuidado. En México, este mercado mueve muchísimo (16 millones de dólares), y se ha creído que la inversión en tu cuidado propio debería ser costosa y salir de tu bolsillo.
El sistema también condiciona el cuidado personal, uno puede sentirse mal, pero nunca debe quejarse y debe resolverlo en silencio y rápidamente. Nunca se critican las razones que provocaron el sentirse mal. De esta manera, no solamente el autocuidado es personal, también el estrés, la ansiedad o la frustración son vistos como el resultado de no saber organizarse y no gestionar tus emociones.
Por esta razón, cuando uno no cumple con su lista de tareas del cuidado personal, termina estresándose más, y no solo es estrés, sino culpa. Porque uno se compara con las redes sociales y ve que otros lo logran, o presumen, hacer. En el libro The Wellness Syndrome, el autocuidado es visto como una religión, donde se califica cuánto te cuidas a partir de estándares no personales.
Viendo todo esto, ¿cómo deberíamos cuidarnos? Para empezar, no existe una fórmula mágica que todos deban seguir para “cumplir” su autocuidado, sino que cada uno debe pensar, desde sus experiencias y vivencias, qué debería considerar como cuidado personal. El autocuidado no es perfecto y siempre debe compartirse, puesto que no solo te ayuda a ti, sino también a tu comunidad, tal como lo decía Foucault sobre la antigüedad.
Si uno piensa en el autocuidado como en una nueva tarea que se debe cumplir por mera obligación, y no como una oportunidad de mejorarse a sí mismo, se olvida que hay poder en el individuo. Nadie se cuida solo, tampoco es una rutina para vivir con emociones rápidas pero controladas, es un proceso donde uno se sostiene a sí mismo y a otros en momentos difíciles. El verdadero cuidado no es personal, sino de uno con las relaciones que tiene y mantiene.
Romper la idea que califica cuánto nos cuidamos y cuánto gastamos en este cuidado, y promover el bienestar personal como algo que se conecta con lo comunitario, es esencial para dejar de lado el autocuidado como un consumo de nuevos productos y servicios.
Por: Obed Joao da Silva Botello
Hacia una resistencia biopsicosocial
Por: Emiliano Baeza Reynoso
La clave para erradicar una cultura individualista
Por: Nelly Jazmín Buendía Bailón
Una iniciativa de responsabilidad colectiva