El dorso del ser
Por: Astrid Guadalupe Tufiño Gonzalez
Eres la razón por la que todavía nombro las cosas
Facultad Ciencias Políticas y Sociales
Facultad Ciencias Políticas y Sociales
(El personaje sentado, al filo de una montaña, observando fijamente el paisaje)
Me dicen que aprenda a decir lo que siento, que “comunique mis necesidades”. Pero, ¿cómo voy a hablar si siento que mi voz es un ruido molesto para los demás?
¿Bienestar emocional? Qué concepto tan puro para alguien que se siente tan vacía por dentro.
Estoy tan cansada de esta máscara que pesa toneladas y que tampoco sé cuánto resistiré. Me miro al espejo y no reconozco a la persona que está ahí, porque esa persona es una construcción hecha para no molestar, para encajar, para que no la observen raro. Tengo un miedo aterrador a ser quien soy de verdad. Porque, seamos honestos: si mostrara cada grieta, cada pensamiento oscuro y cada pedazo de mi dolor que aún supura ¿me dejarían con la vulnerabilidad en las manos?
Ese es el gran secreto de la “sanación” del que nadie habla. Sanar también requiere que te escuchen, pero yo ya dejé de hablar. ¿Para qué? He gritado en silencio mil veces y nadie se ha dado la vuelta, nadie lo nota. Me he quedado callada porque he aprendido, a golpes de indiferencia, que mi verdad es “demasiado” para los demás.
No me siento escuchada y peor aún: no me siento amada. Siento que aman la versión que finjo ser, esa que no da problemas, la que siempre “está bien”. Pero a la persona que llora en silencio, a la que tiene miedo de su propia sombra, a esa… a esa nadie la conoce.
Dicen que la inteligencia emocional es entenderse a uno mismo. Yo me entiendo perfectamente: entiendo que tengo miedo, entiendo que estoy rota y entiendo que, en este mundo lleno de gente que solo quiere oír respuestas bonitas, mi silencio es el único lugar donde todavía estoy a salvo, aunque sea también lo que me está matando por dentro.
Por: Astrid Guadalupe Tufiño Gonzalez
Eres la razón por la que todavía nombro las cosas