En estas trincheras nuestras armas son palabras convertidas en argumentos y contra argumentos.
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Foto de Emre Can Acer de Pexels

Debate histórico: ¿existió Jesús?

Número 18 / JULIO - SEPTIEMBRE 2025

¿Tendremos algún día la certidumbre histórica de que Jesús anduvo entre nosotros?

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Ricardo Candiani Reyes

Escuela Nacional de Estudios Superiores (ENES) Oaxaca SECCIÓN: Trincheras

Una de las imágenes más representativas en la historia de la fe humana es la de Jesucristo, la cual por su peso, representa a uno de los cultos mayoritarios desde hace siglos en todo el mundo. Asimismo, existen corrientes de pensamiento que cuestionan a este personaje desde el reacio negacionismo de su divinidad o su identidad como el “Cristo” hasta su posible inexistencia, reduciéndolo a un mero mito muy convencional para algunos. Lo central en este debate, será disertar a propósito de su existencia: los principales argumentos a favor de su mitificación y algunas refutaciones que se han dado de parte de apologetas que incluyen autores cristianos, agnósticos y ateos a favor de un Jesucristo histórico, como Bart D. Ehrman en su obra ¿Did Jesus Exist? (2012), donde defiende la postura de que los evangelios están mitificados, pero reconoce que negar la existencia de Jesús es insostenible historiográficamente hablando. Del tipo agnóstico se encuentra Maurice Casey, historiador británico y ferviente crítico del cristianismo sobrenatural en su libro Jesus of Nazareth: An independent Historian´s Account of His Life and Teaching (2010), refuta al mitisismo e igualmente afirma, con un grado alto de similitud teórico a Ehrman, la concepción de Jesús como profeta judío apocalíptico e histórico. 

En mi perspectiva como investigador que profesa la fe cristiana, considero que es de suma importancia el debate en el terreno de los hechos y el contraste con las posturas contrarias dando paso a los que desean conocer más sobre la figura de un Jesús libre de dogmatismos y sesgos que carga la iglesia cristiana desde épocas remotas. Es justo por eso que considero oportuno el debate, pues de esta manera se puede hablar de Jesús a aquellos no creyentes o que son adeptos a otras creencias. 

A pesar de la gran cantidad de historiadores que defienden la existencia del nazareno, encontramos una minoría radical que sostiene que Jesús no es más que un mito. La principal crítica sobre este debate fue hecha quizás en el siglo XlX por David F. Strauss en su principal obra Das Leben Jesu (La vida de Jesús) publicada en 1835. Strauss no cae en la categoría de lo mitificante, pues en su obra no hace ninguna alusión a la inexistencia del Mesías. Fue pionero en el estudio de Jesús sin reconocer toda aquella metafísica que hay detrás de su historia, haciendo crítica más bien sobre la distorsión de la historia mediante la tradición oral. Posteriormente, la influencia de su crítica influyó al filólogo Friedrich Nietzsche quien no aceptó en su totalidad sus ideas, pero junto a ellas sentó las bases de tratados póstumos de filosofía. Sobre él, escribe Nietzsche: “Strauss ha hecho de la religión un objeto de museo para filisteos cultos”.   

Los argumentos son variados, pero los principales pueden ser considerados solamente tres, de estos mismos también se desencadenan una serie de hechos historiográficos o antropológicos que deben tener una interpretación correcta para la formulación de argumentos. El primero de la lista es poner a tela de juicio la fiabilidad de la escritura de los Evangelios por su falta de temporalidad (de entre 40 y 70 años después de la muerte de Jesús); textos basados en la tradición oral y la cosmovisión teológica, así también como en la falta de testigos presenciales directos que lo documenten. En segundo lugar, está la ausencia de evidencia extrabíblica, es decir, no cristiana que puedan dar sustento a lo relatado en las sagradas escrituras. Por último, los orígenes sincréticos y mitológicos reflejados desde los propios Evangelios hasta las epístolas paulinas. 

Para responder al primer argumento, podemos consultar en qué es aquello en lo que coinciden los historiadores sobre el tiempo que debe transcurrir para la redacción de una biografía a la que podamos considerar fiable. No existe un acuerdo entre historiadores o antropólogos en donde exista una cantidad certera del transcurso de años, para determinar si la redacción de una biografía de un personaje histórico es válida o no; en contraparte, lo que sí hay que tener en cuenta son los criterios por los cuales la información del pasado fue transmitida para dar forma a la biografía. Unos de estos criterios son propuestos por Peter Burke (2000), en la proximidad temporal de los hechos, acceso del autor a los testigos presenciales, intereses o sesgos del autor, entre otros.  Estos puntos serán de suma importancia para validar los Evangelios, evaluación que se inclina a favor de Jesucristo. Para empezar, los evangelios fueron escritos entre los 30 y 70 años de los sucesos ahí acontecidos, es decir, relativamente temprano a comparación de otros textos que se consideran válidos, como pueden ser las primeras biografías de Alejandro Magno escritas aproximadamente entre 300 a 400 años después de su fallecimiento, o también la de Julio Cesar que se aproxima entre los 100 a 150 años después de tremendas apuñaladas en la Curia de Pompeyo. 

Es tema de otro debate el sesgo religioso sobre los hechos milagrosos transcurridos en los evangelios, pero estos cumplen con los criterios de que su base es la tradición oral, el –supuesto– testimonio directo de discípulos y los datos extrabíblicos que se prestan a contraste, como lo pueden ser las obras de Flavio Josefo o Tácito, tomadas como principales fuentes no cristianas que avalan la existencia de un Mesías. Por otra parte, el Dr. Craig Blomberg en una entrevista con Lee Strobel en su obra El caso de Cristo, afirma que se puede fiar de los testigos oculares por la cercanía con Jesús, así también por la diferencia que existe entre un escrito y otro que demuestran la perspectiva individual de cada uno, signo de autenticidad entre los testimonios. 

Como se mencionó anteriormente, las principales dos fuentes fuera de los textos religiosos son los registros del historiador judeorromano del siglo primero Tito Flavio Josefo en la obra Antigüedades Judías, en el pasaje 18.3.3, donde hace una mención de Jesús como hombre sabio que hizo múltiples milagros e influyó en la multitud judía. Tácito, la segunda fuente, escribió en sus Anales, alrededor del año 116 d.c, sobre la ejecución de Jesús bajo el mandato de Poncio Pilato. Estas referencias no se limitan, Plinio el joven, gobernador romano de Bitinia, en una carta al emperador Trajano en el año 112 d.c, alude a Jesús y reconoce su deidad. En complemento, durante el siglo tercero, Julius Africanus, cita al historiador Talo del primer siglo, el sorprendente oscurecimiento del cielo de Judea acompañado con el sacudimiento de las tierras desérticas el día de la crucifixión. Por lo tanto, podemos dar el segundo argumento de la triada como insostenible.

En última instancia, el tercer argumento se vuelve para tratar de invalidar al cristianismo con la afirmación de tener orígenes sincretistas, encontrando una similitud con otras religiones anteriores a esta con el mismo arquetipo del mesías. Horus es el primer ejemplo que se pone a comparación con Jesús, afirmando que los detalles y características de la vida del Mesías son la copia de un anterior mesías egipcio. Esto se refuta desde un análisis histórico de la vida de Horus, empezando con que la madre de Horus, Isis, no era una virgen, pues las leyendas egipcias representan a Isis durmiendo junto al cuerpo muerto de Osiris de donde fue concebido Horus, ni que fue dado a luz dentro de una cueva y mucho menos afirmaciones de ser ungido, camino, verdad o luz. Así como con Horus, hay otras deidades –judeocristianas o no– que podemos comparar sobre si sus afirmaciones populares resultan falsas o carecen de sustento historiográfico (como sucede con las disertaciones sobre el dios persa Mitra).

¿Existió Jesús realmente? El debate, en todo caso, sigue abierto.

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Debate histórico: ¿existió Jesús?

Una respuesta

  1. Gran debate, en lo personal para saber si Jesús realmente existió se podría simplemente decir que si existió por todas las influencias que dejo a lo largo de los años, también las coincidencias de la biblia con el mundo real encontrados por científicos curiosos a lo largo de los años. No es un argumento bien estructurado pero cabe decir que si se sigue investigando a fondo este tema se podría definir el hecho de que Jesús si existió.

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