Entre un lápiz y un bulto de cemento, pesa más la desigualdad
Por: Elizabeth Pérez
La desigualdad no nace de cuestiones personales
Facultad de Derecho
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Como joven universitaria, he sido testigo de diversas protestas y movimientos estudiantiles en los que se han exigido oportunidades académicas y mejores condiciones estructurales para garantizar nuestros derechos humanos. He investigado, apoyado y me he sentido representada, porque estos movimientos son un recuento de nuestra historia, de los problemas sociales que enfrentamos, de nuestras ideas y del enojo colectivo que se congrega para hacerse escuchar en el eco de múltiples voces.
En estos espacios, el arte musical se utiliza como medio de protesta. A través de él expresamos lo que la sociedad calla, visibilizamos injusticias y desafiamos el orden establecido sin recurrir necesariamente a los canales tradicionales de poder.
En el mundo de la música existen canciones que incomodan, porque no estamos acostumbrados a recibir un arte que exponga de manera directa un problema social, una lucha o una realidad que preferimos ignorar.
Los discursos políticos suelen estar limitados por normas morales y con frecuencia son censurados por no considerarse políticamente correctos. La música, en cambio, posee la capacidad de comunicar emociones e ideas de forma simbólica. Esa cualidad le permite trascender barreras culturales y religiosas, llegar a públicos diversos e interpretarse desde múltiples perspectivas.
Las letras como forma de protesta no solo transmiten emociones como el enojo o el dolor. También articulan la unión de voces, comparten experiencias de resistencia y fortalecen procesos de organización colectiva.
Una canción puede convertirse en pieza de la memoria colectiva. Conserva y expone aquello que el poder intenta borrar en contextos de protesta: víctimas, nombres, luchas, heridas. La memoria es política y preservarla es un acto de resistencia.
El arte musical ha sido históricamente un espacio de refugio y de denuncia. En sus versos podemos encontrar identificación, consuelo y la posibilidad de expresar lo que vivimos.
Por ello reuní algunas canciones que han marcado mi vida y que exponen luchas sociales, resistencias colectivas y problemáticas que enfrentamos en nuestro país. Al mismo tiempo, muchas de ellas representan la esperanza y la paz que anhelamos como sociedad.
La primera es Paz, de Zoé, que propone actuar y pensar desde la paz como principio rector. La segunda es Imagine, de John Lennon, una invitación a imaginar un mundo sin fronteras ni guerras. Continúa Peace on Earth, de U2, que interpela los conflictos contemporáneos y cuestiona nuestra indiferencia.
También destaca Sólo le pido a Dios, interpretada por Mercedes Sosa, cuya plegaria se transforma en canto de memoria y conciencia frente al dolor del mundo.
En el contexto latinoamericano, Latinoamérica, de Calle 13, retrata la resistencia cotidiana frente a desigualdades históricas. Por su parte, No dejes que… y Antes de que nos olviden, de Caifanes, subrayan que la memoria colectiva es una forma de lucha. Esta última, inspirada en el movimiento estudiantil de 1968, funciona como homenaje a quienes entregaron su vida por la defensa de la educación.
Finalmente, La carencia, de Panteón Rococó, expone de manera cruda la desigualdad social que atraviesa a millones de mexicanos.
Este recorrido musical invita a reflexionar sobre nuestro consumo cultural en plataformas digitales. Muchas canciones no son solo entretenimiento: son espacios de memoria, denuncia y reflexión colectiva. Como jóvenes, tenemos la responsabilidad de escuchar críticamente y de continuar construyendo formas de resistencia pacífica para aspirar a una paz posible en un mundo atravesado por conflictos.
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Una respuesta
Hola, leí el artículo y me llama la atención que la autora denomine a este tipo de canción como de protesta. Y es que para exponentes y compositores de canciones que hablan acerca de muchas temas y problemáticas que como sujetos, grupos y comunidades nos toca vivir en sociedad han preferido “apellidar” sus canciones como de contenido social, de denuncia, de rebeldía, de conciencia, de crítica e incluso indómita entre otras maneras de nombrarlas
En mi caso mis composiciones y canciones me gusta decir que son sociales y de conciencia. Y sí, definitivamente algo maravilloso que puede logar este tipo de canción es aglutinar y convocar a diferentes generaciones, es decir, hijos, papás y abuelitos, no sólo para su disfrute personal o colectivo sino también (y esto es una de sus cualidades y posibilidades cruciales) en movimientos reivindicativos, de justicia, de igualdad, de derechos humanos y por una Vida Digna por demás necesarios y legítimos