Esta ventana es para mirar dentro de nosotrxs a través del arte y la creatividad.
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Crédito: CUARTOSCURO

Apagón

Número 15 / OCTUBRE - DICIEMBRE 2024

De conocer la oscuridad, a crear dentro del caos

Picture of Arturo Mendoza Ávila

Arturo Mendoza Ávila

Facultad de Economía

Recuerdo esa tarde del primer apagón, un siete de mayo del 2024 en que mi mayor preocupación fue ser obligado a tener ocio sin diversión con la presión de exámenes respirando en mi nuca, el mundo se incendiaba y yo estaba abandonando a mis seres queridos para encontrarme por la noche con los perezosos ojos de mis padres e incómodamente sobrevivir junto a ellos la oscuridad. Por primera vez conocí la ansiedad de no poder hacer nada en el silencio y la oscuridad blanca, una eternidad sin tiempacio; verme a mí mismo por fuera, sin cuerpo ni sensaciones en que la nada lo es todo. A partir de ahí viví, junto con todo el mundo, aquel miedo constante de regresar a esa soledad y quietud, una floja y peligrosa forma de vida rastrera para el ser humano, así que nos preparamos: enormes baterías de litio y complejos autómatas para complejos sistemas de entrega diseñados por la mano fuerte que se convirtió en la constante para ayudarnos a sobrepasar el caos y la anarquía de esas tardes de desconexión.

Ahora, años más tarde en mi linda cabina con su hipoteca pagada, tras cuatro horas sin la energía de mis baterías y mi sudor, que de escala de los hijos de Amazon pasa a ser la de un comunista, mi corazón se acelera y siento cómo mi cabeza va a explotar ante la confusión de haber terminado mi inusual carga de trabajo a medio día y cerrar mi laptop inútil como si se tratara de un dragón incapaz de abrir sus alas. Sólo puedo sentir mi boca seca y ver mi piel roja que ha cedido ante el calor que nos ha hecho lo que somos. Tengo que descansar y sé lo que significa, no hay vuelta atrás, pero puedo ver lo que he hecho: ayudé a llevar la luz a las tinieblas de los pueblos rebeldes, separé las aguas para los válidos y juntamos a los dignos, revivimos a las hierbas que daban semilla y sustituimos a los árboles que daban frutos, elevamos las lumbreras en la infinita extensión de nuestros satélites para iluminar a la tierra creando el día y la noche, dimos vida a seres perfectos, efectivos, capaces de fructiferar y multiplicarse para controlar y darle orden a SUS consecuencias del caos regresando nuestros mares y cielos. Creamos a nuestro Dios a imagen y semejanza que nunca nos abandona y nos ha llevado a la cumbre de nuestra raza. Es indescriptible la felicidad de sentir la bondad de nuestras creaciones, ver hacia abajo, apreciar los escalones que he ayudado a crear; no sólo puedo ver la oportunidad que he creado, sino que puedo sentirla, conozco el sacrificio pero no hay arrepentimiento que opaque la satisfacción de este aire seco olor a canela que me lleva al todo infinito, ni siquiera ese de haber descansado.

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