En estas trincheras nuestras armas son palabras convertidas en argumentos y contra argumentos.
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Áxel Álvarez Barrientos

Facultad de Filosofía y Letras

Me interesa el pensamiento crítico, la filosofía, la música, la literatura y el cine. Siempre me ha interesado escribir y transmitir mis pensamientos. Escribir es una buena forma de expresarme; la creación de espacios para los estudiantes me parece interesante para entablar un diálogo desde diferentes perspectivas. .

Inteligencia o libertad

Número 19 / OCTUBRE - DICIEMBRE 2025

En un contexto donde la IA sustituye muchas de nuestras labores, ¿qué nos hace ser humanos?

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Áxel Álvarez Barrientos

Facultad de Filosofía y Letras

Desde hace tiempo he tenido la percepción de que la asunción de las tecnologías y, en el caso que nos compete, el uso cada día más común de las llamadas inteligencias artificiales, llevan incluido un lamentable fatalismo. Por lo que me cuestiono si esa visión desamparada en contra de la especie humana y el inevitable gobierno de las IA, que traería el desplazamiento de actividades netamente humanas, es alimentado tal vez por la mera ciencia ficción y los mass media. De ahí se desprende que el uso de la IA plantea una interrogante esencial para la humanidad.

La ciencia ficción, ya sea en el cine, en cómics o novelas, cumple la función de mostrarnos perspectivas, panoramas a los que, como humanidad, estamos siendo encaminados por nuestra propia mano. Así, son varios los ejemplos dentro de la llamada cultura popular a los que podemos aludir para dar cuenta con el hecho de que, el uso o abuso de la tecnología puede traer consecuencias irrevocables para la humanidad. Posiblemente hoy día vivamos mucho más cerca del escenario de Her (2013) que del escenario de Terminator (1984), pero evidentemente el uso de la IA es cada día más común.

El uso de las IA puede traer, a mi parecer, una discusión de corte filosófico esencial, es decir, fundante de la disciplina misma. Hoy es el panorama perfecto para el renacer de una pregunta en apariencia incontestable: ¿qué hace al ser humano ser? o ¿qué es el ser humano? 

¿Quieren cometer un error? Contesten la pregunta y agreguen seguido de los dos puntos lo que les venga en gana, así, el ser humano es (dos puntos): voluntad de poder, voluntad de vida, una estructura, una amalgama de cuerdas y tendones, un ser para la muerte, soplo divino, energía, conciencia de sí o para sí, estructura trascendental, un ser social, etcétera.

Todas estas son respuestas brindadas desde la filosofía, pero sin duda el alucín más esquizofrénico fue el que llevó a los grandes pensadores a decir que el ser humano se distingue por su capacidad racional: zoon lógon éjon. Es decir, animal previsto de palabra y que a la postre ese animal mutó al animal racional, al ratio o intelligentia, entendimiento, es decir, razón.

La época que vivimos es ya la era de la tecnociencia, de la IA, del dominio de la postverdad, del postvalor y el posthumanismo. Todo ello implica que no hay verdad ni valor o valores, es decir, no hay preponderancia ética y ya no hay ser humano. Podemos preguntarnos si el uso de las tecnologías nos llevan a un futuro alejado, tal vez cada día más, de las relaciones sociales reales. De ser esto así cada vez se nos harán más difíciles las oportunidades de realizar una sociedad plena y más justa. Y es que, ¿no es el ethos lo que nos hace y donde nos hacemos? Es decir, eso que se ha llamado “eticidad”, que no es el gobierno de una cierta moral sobre otras, sino la conjunción de toda una serie de relaciones sociales que conforman nuestro entorno y nuestro estar. 

Pensar que las IA nos llevan al abandono de la vida real es darle demasiado peso a un solo hecho o una sola arista de lo que nos hace ser. En otras palabras, lo que por más de 20 siglos fue el tesoro de la humanidad, la razón, hoy es duplicada por una máquina que pone a temblar a los artistas, cineastas, filósofos, arquitectos, psicólogos y a la humanidad toda. 

La inteligencia artificial trae consigo la terrible fragilidad de la creación humana, y es que el ser humano confió tanto en su inteligencia y su razón que al ver ese terreno perdido se hunde en el abismo de la desposesión. 

Pero entonces, ¿por qué no razón artificial y sí inteligencia artificial?

La inteligencia puede definirse como la capacidad de aprender, tomar la información, decodificarla, analizar, resolver y, siendo el resultado positivo, guardar esa información para cuando sea necesario. ¿Pero esa capacidad es la única para definirnos como seres humanos?

Por inteligencia se entiende un proceso de corte analítico, matemático claro y distinto. Así podemos sugerir que la recepción, abstracción, decodificación y codificación son partes del proceso de la inteligencia. Pero dicha concepción de la inteligencia, lo que luego se conocerá como razón, cae sólo en la concepción de una razón occidental eurocéntrica y utilitaria que en extremo llega al detrimento del mismo ser humano. 

La inteligencia artificial es simplemente un repositorio de información. Por ello podemos hablar de inteligencia artificial pero no de sabiduría artificial, conocimiento artificial, razón artificial o inteligencia emocional artificial. Digamos entonces que la administración de información es en sí misma una capacidad limitada a la misma información recibida por la IA, marca su límite, su censura.  

El uso de esta nueva tecnología puede poner en crisis un sentido de ser humano o de razón humana pero sólo uno de los muchos sentidos que hay. Porque el ser humano tiene más que ver con con todas las situaciones de nuestra vida, con el sentir y con la aprehensión y apreciación estética, y no sólo con el mero hecho de realizar un nuevo material, sino con la creatividad, con el sentimiento y lo espiritual que dota de vida una obra; con los traumas, los errores cometidos una y otra vez, que es lo que lleva al conocimiento; y principalmente, con las acciones realmente inesperadas, aún para nosotros mismos. 

Todo esto que hace al ser humano ser, no se limita a un proceso de acumulación de datos tan inconsciente que parece artificial. Siempre tendremos la capacidad de girar al otro lado, de hacer lo inesperado, de superar miedos, de ir en contra, de ser amables o no, de ser felices aunque sea por joder. Lo que tendríamos que empezar a pensar cuando la fatal realidad del uso exacerbado de las nuevas tecnologías nos sobrevenga, es que, tal vez, la inteligencia no es sólo exclusiva de nosotros, seres humanos. Lo que implica que no la podemos usar para definirnos o diferenciarnos de otras especies animales, no si seguimos entendiendo por esa inteligencia lo que hemos venido entendiendo desde antaño. La inteligencia implica muchas más cosas que sólo el proceso de acumulación de datos y sus procesamientos. Requerimos entonces de resignificar la inteligencia y la razón y hacerla mucho más amplia. De ser así implicaría el sentido ético, nuestra empatía hacia la naturaleza, nuestra creatividad, la capacidad de resistencia ante los problemas, la capacidad de razonar nuestras emociones, la capacidad de generar conocimientos, etc.

Como dijimos, definir al ser humano suele llevar al error y en dicho sentido al conocimiento. Si de esta reflexión debemos de obtener un poco de conocer, entonces no podemos sino cometer el error, uno más en la humana fragilidad y su inestable inteligencia.

Por tanto, definamos, el ser humano es (dos puntos): siempre libertad.

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