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crédito: Sofia Paola Ibarra Espinosa / CCH Vallejo

El monstruo que llevo dentro

Número 12 / ENERO - MARZO 2024

No puedes huir de lo que no ves

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Emmanuel López Crespo

Facultad de Ciencias Políticas y Sociales

No sé exactamente en qué momento llegó, pero desde que lo hizo no me ha dejado en paz. Yo considero que todo fue culpa de la bestia mayor. Cuando llegó y nos enjauló, los monstruos estuvieron cada vez más cerca de nosotros. Empezamos a convivir más directamente con ellos y sus daños nos afectaron más, algunos se quedaban más que otros, sin embargo, a la larga tejían un etéreo lazo que envolvía tu ser sin descanso. No había manera de huir de ellos, y en el sombrío confinamiento de cuatro paredes, alejarte estaba fuera de todo alcance. Algunos adultos fueron muy afectados, pero los jóvenes realmente no supimos manejarlo; nunca habíamos compartido el mismo espacio tan íntimamente con esas criaturas, nunca como en aquellos instantes. 

Estos individuos sabían exactamente todos tus puntos débiles, tus vulnerabilidades, tus flancos frágiles, sabían a la perfección con qué y cómo embestirte, sabían hacerlo en el momento donde estabas más expuesto. Era muy difícil librarte de ellos, lo único que podía enfrentarlos, relativamente, era la fortaleza de voluntad y el coraje, pero estos recursos estaban más empobrecidos que nunca. Era casi como si supieras que su embate era inevitable y ya no ofrecías resistencia, incluso si tenías la capacidad, simplemente, te resignabas; te dejabas envolver por sus asedios emocionales y simplemente aguardabas a que decidieran liberarte. La impotencia y el dolor te carcomían por dentro, pero aún así, elegías ser asaltado, en lugar de tomar acción en tu propio favor. Era como la caída de una ligera pluma en el agua: lenta, tranquila, apacible, pero su hundimiento era ineludible. 

Lo más difícil fue ver a los otros partir. La bestia mayor optó por llevarse a varios individuos en lugar de enfrentar a los monstruos, con el fin de que, los que permaneciéramos, experimentáramos un sufrimiento más profundo al estar separados de nuestros seres amados. Muchas personas dejaron caer sus escudos cuando presenciaron cómo se llevaban a las madres, a los padres, a los abuelos, a las parejas. Fue una cadena de sucesos catastróficos que dejó cicatrices en nuestro ser, marcas imborrables en nuestros cuerpos que perdurarán eternamente. Por fortuna, algunos lograron salvarse. Con la partida de la bestia mayor, muchas personas lograron quitarse las cadenas que los ataban a las sombras. El número de ataques disminuyó y muchos seres oscuros perdieron la motivación para seguir asediando.

Pero él no, él nunca me dejó. Su maldad me persiguió como una sombra y yo no pude escapar jamás. El creador de la oscuridad envuelve los cuerpos, la voz que te susurra que no eres bueno, el gusano de la duda que se alimenta de tu confianza, la presencia invisible que te paraliza, el vacío que te llena, los nudos en el estómago que sientes que jamás podrás desatar, la nube negra que oscurece el cielo, el laberinto del que no puedes escapar. Ese monstruo me embistió y jamás me ha soltado. Hoy sigo gritando desde lo más profundo del abismo, buscando avisar a las personas que se guarden de su ataque porque está en búsqueda de nuevas víctimas. Quiere seguir impidiendo la felicidad total, quiere seguir extraviando y lastimando, quiere seguir relegando almas, quiere dejarte en el miedo eterno.

¡Corre! ¡Corre!, que ya va por ti. 

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El monstruo que llevo dentro

Una respuesta

  1. Excelente descripción de lo vivido durante la pandemia! Siendo médicos aún sabiendo ligeramente lo que está sucediendo te pega la incertidumbre de todo lo que puede suceder cuando una pandemia de este tamaño
    Nos alcanza! Las consecuencias pero el alcance es enorme y lo que hemos visto como consecuencia ha sido inimaginable! Maravilloso oírlo desde el sentir de jóvenes que les tocó por primera vez sufrir esta situación vital, de aislamiento personal social, académico

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