Leviatán
Por: Verónica Hernández Carapia
Monstruos que matan al “príncipe azul”
Facultad de Filosofía y Letras
Facultad de Filosofía y Letras
¿Qué significa soñar en un mundo que impone los límites de lo pensable?
“Primero sueño”, el extenso poema filosófico de Sor Juana Inés de la Cruz, es mucho más que una demostración de erudición barroca. Es un texto enigmático y ambicioso, donde el deseo de conocimiento se vuelve viaje nocturno, delirio del pensamiento y, finalmente, fracaso lúcido.
Escrito en pleno Virreinato de la Nueva España, la obra articula un gesto profundamente moderno: pensar el pensamiento desde los márgenes del mundo colonial.
El poema narra el intento del alma por ascender hacia el conocimiento total. En la quietud de la noche, cuando el cuerpo duerme y los sentidos se repliegan, el pensamiento se libera y busca comprender el orden del universo. Sin embargo, ese ascenso no culmina en la iluminación absoluta, sino en el reconocimiento de un límite: el entendimiento humano no puede abarcarlo todo.
Ese fracaso no suena a derrota, sino a lucidez, pues no celebra la omnipotencia del saber: la pone en duda. En ese límite, Sor Juana introduce una grieta en la idea de una razón capaz de abarcarlo todo, heredada de Europa, y deja asomar una forma de pensamiento más consciente de su fragilidad.
Sor Juana no escribe solo desde una biblioteca, sino desde un cuerpo: femenino, criollo, inscrito en una estructura colonial y patriarcal que limitaba radicalmente las posibilidades de acceso al conocimiento. El claustro, más que un espacio de recogimiento espiritual, fue también una condición material que le permitió pensar y escribir en un mundo que negaba esa posibilidad a las mujeres.
Pensar, en ese contexto, no era un acto neutro. Era un gesto incómodo. El ejercicio intelectual se desarrollaba bajo la vigilancia del canon europeo, del dogma religioso y de una jerarquía que reservaba la razón plena para los sujetos masculinos y metropolitanos.
El conocimiento que Sor Juana maneja —la filosofía clásica, la teología, la ciencia de su tiempo— llega siempre mediado por ese canon. No porque ella carezca de originalidad, sino porque ese era el único marco de legitimidad disponible. Pensar fuera de él implicaba el riesgo de la desautorización intelectual, pero también el de la censura y el castigo.
En “Primero sueño” aparece entonces una tensión constante: el deseo de conocer desde sí misma y la necesidad de traducir ese pensamiento a un lenguaje aceptable para el poder. Leer este poema desde América Latina obliga a desplazar la mirada.
América aprendió muy pronto a verse con los ojos de otros. A pensarse desde fuera, desde un centro ajeno. Durante siglos, su producción intelectual, cultural y política fue leída como una nota al pie del pensamiento europeo, rara vez como una voz legítima por derecho propio.
La conquista no fue solo territorial. También fue una conquista del pensamiento. Se impusieron lenguajes, categorías, formas de entender el mundo y de nombrar la razón. Todo aquello que no encajaba en ese orden fue relegado, deformado o borrado. Así, el poema de Sor Juana puede leerse como algo más que una obra erudita: como una fisura en el orden colonial del saber.
No porque inaugure por sí sola un pensamiento latinoamericano, sino porque deja ver la posibilidad de una conciencia que comienza a preguntarse desde su propia experiencia. Un pensamiento propio, femenino, atravesado por las tensiones de su tiempo, que no renuncia al saber universal, pero tampoco se somete del todo a él.
Como señaló Leopoldo Zea, una de las tareas centrales del pensar latinoamericano consiste en reconocerse situado, histórico, marcado por condiciones propias, y no como simple reflejo de Europa.
Ese límite —el de poder pensar solo dentro de ciertos márgenes— marcó durante mucho tiempo el destino del pensamiento en América Latina, y de forma aún más dura el de las mujeres.
A esa forma de control del saber— violencia epistemológica: nunca ha sido evidente ni explícita, más bien ha funcionado a través de una administración silenciosa de lo pensable, de lo decible y de lo legítimo. Rara vez esta violencia se presenta de manera brutal. Es más discreta, obliga a traducirse, a justificarse, a adaptarse. No impide pensar; pero decide cómo, desde y hasta dónde.
La canonización de lo europeo no operó solo como una preferencia estética o intelectual, sino como una frontera invisible que organizó jerarquías, silenció voces y produjo exclusiones duraderas. Pensar desde América fue, durante mucho tiempo, pensar desde un lugar de sospecha.
Volver hoy a “Primero sueño” desde esta perspectiva no implica convertir a Sor Juana en una figura anacrónica de resistencia ni forzar su lectura. Implica reconocer que en su obra aparecen, ya, las huellas de un conflicto que sigue abierto: la disputa por el derecho a pensar desde lugares históricamente negados.
De la Cruz no pensó contra su tiempo, sino desde las grietas que su tiempo dejaba abiertas. En esas grietas se formula una pregunta que todavía incomoda: quién puede pensar, desde dónde y bajo qué condiciones. Nos queda confrontar una historia del pensamiento que, durante siglos, se escribió desde la exclusión y el silenciamiento, y que aún necesita ser disputada.
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