Raíces que despiertan
Por: Mariana Michelle Fierro Castañeda
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Facultad de Ciencias Políticas y Sociales
Facultad de Ciencias Políticas y Sociales
La lucha indigenista por una educación no excluyente se rige por el desplazamiento de la educación financiera-capitalista, que concibe el progreso del capital económico hacia una fuerza de trabajo laboral alineada a construir un mercado industrial y así transformar a las ciudades en urbes “desarrolladas”.
El argumento de la educación enfocada al progreso material era o sigue siendo potencializar a los estudiantes para una fuerza de trabajo y así adaptarse al mundo y construir una base del progreso económico y bienestar de un país, anulando la formación del pensamiento crítico, los conocimientos interculturales y el reconocimiento de una consciencia humana.
Por ende, surge una lucha indigenista para combatir estos modelos de educación que eliminaban prácticas sociales, formas de vivir y anhelos culturales, que son parte de una composición de nuestros pueblos indígenas.
Becker, economista estadounidense, sostiene que el capital humano incluye los conocimientos y técnicas especializadas para que la gente pueda desarrollarse en cualquier entorno, no solo en el laboral, y que este capital funciona como proceso personal y social, considerando la educación no como una inversión productiva sino como una expansión del conocimiento para la vida.
Algunas luchas políticas que enfrenta la población indígena ante la educación son la unificación del idioma español, que invisibiliza la variedad de lenguas y dialectos que se encuentran en las diferentes comunidades indígenas; la castellanización de los materiales de texto, que discrimina esas lenguas indígenas; e ideológicamente, se intensificó el mestizaje y la homogeneización racial. De esta manera, se propone la desaparición del indígena ante la sociedad, y por ende su cultura.
Desde el rostro de los gobiernos, José Vasconcelos como secretario de Educación Pública en 1921 buscó incorporar la cultura indígena mediante el sistema escolar, el cual buscaba integrar a las comunidades indígenas a la nueva sociedad mexicana.
Cárdenas con su política indigenista, incentivo a los pueblos indígenas respecto a cuáles son sus derechos sobre la tierra y la dignidad. Por su parte, Andrés Manuel López Obrador firmó el Decreto de Reforma Constitucional sobre Derechos de los Pueblos Indígenas y Afromexicanos que tiene como objetivo reconocer su patrimonio propio.
Y Sheinbaum, en su informe de los 100 días del Segundo Piso de la Cuarta Transformación, resaltó que, por primera vez en la historia, todos los pueblos y comunidades indígenas y afromexicanas, tendrán un presupuesto para infraestructura social, además de establecer que este año será dedicado a la mujer indígena para resaltar a la figura que fue callada por años; a pesar de ello y por el constante apoyo a las comunidades indígenas de manera gubernamental todavía en el sector educativo sigue siendo excluyente, porque invisibiliza el conocimiento pluricultural.
Es importante que exista una educación pluricultural, porque en el sector educativo mexicano existen comunidades indígenas a las cuales se les debe dar reconocimiento ya que, también tienen ideas, conocimientos, deseos, anhelos, propósitos como cualquier comunidad en México.
El pedagogo, Omar Hernández menciona que “educarse en la interculturalidad, desde la visión cósmica de los Pueblos Indígenas, debe llevar al equilibrio y la armonía, es decir a la aceptación de la diversidad como premisa básica para la convivencia. La humanidad se ve ante la necesidad de aprender a convivir en un mundo de múltiples diferencias en aras de la supervivencia del planeta.”
Seguido, las instituciones educativas deben formar conciencia humana hacia las comunidades indígenas para compartir vivencias y experiencias para formar conocimiento y construir un pensamiento pluricultural humanista.
Dice José Jiménez en El arte de América latina en la transición al siglo XX: “La verdadera patria es la imagen de las diferencias humanas, la diversidad de sentimientos, lenguajes y culturas”, que desde luego la lucha indigenista muestra su preocupación “a gritos” por seguir siendo excluida en uno de los pilares de la vida: la educación.
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