Entre velos y máscaras
Por: Marlon Hiroshi De la Rosa Reyes
Cuando los disfraces se visten de personas
Escuela Nacional de Ciencias de la Tierra
Escuela Nacional de Ciencias de la Tierra
Van a existir mil ideas sobre el amor pero de compartir la vida con tus hermanas poco se habla.
Crecí leyendo novelas de amor. Mi adolescencia estuvo plagada de historias románticas con finales diversos que por alguna razón me enredaban cada hoja más. Leía cuentos románticos, novelas clásicas, y más tarde escritos contemporáneos que me harían construir una idea cambiante del amor. Y sí, leí mil y una historias de amor ideal, y otras mil más de amor crudo y real, pero aún con todos esos relatos aún no sé lo que es el amor.
No logro expresar de manera general lo que significa, reconozco que dentro de la belleza del amor está el hecho de no poderlo describir, es una esencia única y especial para cada ser que puede adquirir miles de formas. El amor es subjetividad en su máximo esplendor, y aún leyendo y pensando sobre el amor, sé en mi fuero interno que no lo puedo explicar. Así pues, este no es un texto donde se aclaren dudas respecto al amor, ni una historia que les haga vibrar el corazón, esto es un debate interno, que muchos como yo, pueden o han llegado a tener.
No sé lo que es el amor. Y no porque no lo haya sentido en algún momento de mi vida, al contrario, he experimentado tantos y tan diversos momentos de amor que no puedo expresar una constante para describirlo. Sin embargo, tengo claro que existirá siempre una fuerza que moverá viento y marea en cada ser humano, una fortaleza que de forma sobrehumana hará que cada sentimiento se convierta en ternura radical, especialmente para aquellos selectos a los que amamos.
Yo, del amor que más conocimiento tengo, es el de mis hermanas mayores, dos “brujitas” que me han acompañado toda la vida, y que por más remolino que fuera aceptarme en las suyas en los años formativos como los doce y los siete, han estado ahí no sólo por obligación natural, sino también por voluntad una vez que todas crecimos. Entonces, para mí, el amor son mis hermanas abrazándome cuando no me siento bien, llorando conmigo, regañándome cuando hago algo mal. Son ellas cuidando de mí, no por encargo de mamá, sino porque quieren hacerlo.
El amor es Ari, mi hermana mayor, dándome materiales de arte para dibujar, pintar o mostrándome nueva música para bailar. Es ella dándome besos en el cachete, agachándome a la fuerza y poniéndose de puntitas para lograr abrazarme, haciendo caras cuando digo algo “demasiado adolescente”, recomendando libros para tener temas por conversar. Es ella mandándome mensajes de buena suerte, invitándome a cenar, recordándome en cada viaje y regalándome un souvenir peculiar, Ari siempre sabe qué cosa es especial. El amor también es Andrea, mi hermana de en medio, cuando cocina de más para que pueda llevármelo de desayuno a la universidad, burlándose de mis ligues fallidos mientras lloro en su cama y calmándome con alguna de sus anécdotas. Es ella buscando películas que me gustarían, o ilustraciones por la calle que sabe que yo amaría, también cuando bromea y llega abruptamente a mi habitación para pintarme el dedo y cerrar la puerta para escapar de mi reacción. El amor es Andrea tomándome la temperatura al enfermar o prestándome ropa particular cuando no tengo idea de qué usar, o solo dándome de su tiempo un domingo por la mañana para desayunar juntas sin hablar, porque a veces es muy temprano para querer conversar.
Mi aquelarre es mi fuerza para la ternura radical, son amor en su máximo esplendor. Son ellas cuando me acompañan, por más historias que pudiera leer, pensadores, u opiniones que pudiera recibir de otros. Mi primer ideal del amor siempre serán ellas. No sé qué es el amor para todos, las personas pensamos diferente, y las ideologías también cambian de repente. Lo que sí sé es que si esas “brujitas” que conforman un lazo sororo dentro de mi vida no son amor, estoy más perdida de lo que imaginé.
Por: Marlon Hiroshi De la Rosa Reyes
Cuando los disfraces se visten de personas
Por: Úrsula Desireé Paez Torres
¿A dónde van los pensamientos que se suicidan?
Por: Sofia Cruz Huerta
Poema sobre las segundas oportunidades y el paso del tiempo