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Foto de Anastasia Dvoryanova

Apoptosis existencial

Número 20 / ENERO - MARZO 2026

¿A dónde van los pensamientos que se suicidan?

Picture of Úrsula Desireé Paez Torres

Úrsula Desireé Paez Torres

Facultad de Medicina

Madre, hasta mis células se matan. 

Se escurren, se drenan y se destazan, 

me vuelcan las entrañas de fuera 

y se dispararían si pudieran. 

…que es el orden natural de las cosas. 

Mi vida ya había sido escrita en prosa: 

que crezca muerta, que viva muerta, 

y consciente siga, de cualquier manera. 

Mi corazón completo no trata de vivir más, 

mi mente triste inmortal no será jamás. 

La autólisis es la regla de mi cuerpo, 

larga agonía en lo que resta de tiempo. 

Morir para vivir, vivir para morir; 

he ahí por qué venimos a sufrir. 

Y mi carne, hecha de estrellas muertas, 

dice que la vida eterna se ha vuelto incierta. 

Hasta mis células se matan, 

y a mí a la tumba me atan. 

¿O me salvará mi propia muerte 

de más malvivir tener la suerte? 

La apoptosis es, en la sien, el disparo: 

el suicidio de la vida, que tiene el descaro 

de negarse a sí misma la prudente muerte

y, ante la destrucción, hacerse más fuerte. 

No pido perdón ni a Dios ni al mundo 

por mi pensamiento vagabundo. 

Que la muerte me lleve a la vida 

y este ciclo, nuevamente, a mi caída. 

No. No te pido ni perdón, cuerpo, 

por mi comportamiento terco, 

por tus instintos querer continuar 

y este accidente no querer perpetuar. 

¿Es la macroescala destrucción de Dios? 

¿Un accidente que, solo porque sí, sucedió? 

¿Que mis fibroblastos se suiciden es correcto, pero la muerte del Yo es un desperfecto? 

No pido disculpas, entonces, Dios. Pídeme perdón tú a mí, Bios, por este mundo loco que me has creado, por esta lógica en la que me has dejado. 

Excúsate, implórame, pídeme que ruegue, como yo ahora ruego que tu respuesta llegue. ¿Por qué me has hecho así, Dios, humano, estúpido, triste, indigno y profano? 

Hasta mis células se matan, 

unas a otras se atacan. 

Yo las he hecho morir, 

y tú, tú a mí me has hecho existir.

 

Entonces, dime: ¿por qué los pensamientos 

morir no pueden? Si no hacen la mente fragmentos, ¿qué son, sino un triste intento 

de mí, creyendo que tengo conocimiento? 

¿A dónde van los pensamientos que se suicidan? ¿Qué pasa con todos aquellos que se olvidan? ¿Los guardas en un purgatorio especial 

para que me crea el cuento existencial? 

Si mi cuerpo puede matarse, mi mente también debería. Por biología, es una decisión con sabiduría. Después de todo, fue tu diseño,

¿o es que cuando lo planeaste tenías sueño? 

Madre, hasta la mente se mata. 

Se roe, se hiere y, si puede, se ata. 

Se rompe por completo, de dentro a fuera. ¿Y yo? Yo me dispararía si pudiera.

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