En estas trincheras nuestras armas son palabras convertidas en argumentos y contra argumentos.
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Elizabeth Pérez

Colegio de Ciencias y Humanidades Plantel Azcapotzalco

Tiempo de mujeres al mando

Número 13 / ABRIL - JUNIO 2024

Recordemos a aquellas pioneras que se aventuraron a postularse para cargos públicos

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Elizabeth Pérez

Colegio de Ciencias y Humanidades Plantel Azcapotzalco

A escasos meses de la celebración de las elecciones en nuestro país, se observa que la contienda electoral por la presidencia está siendo liderada por mujeres. Por primera vez en la historia de nuestra nación, nos encaminamos hacia la posibilidad de contar con una mujer presidenta. Este hecho suscita reflexiones sobre las experiencias de aquellas pioneras que se aventuraron a postularse para cargos públicos. Es inevitable preguntarse sobre los temores que debieron afrontar y las numerosas ocasiones en las que les fue dicho que el liderazgo no era propio de mujeres, pero ahora lo impensable es posible. 

A principios del siglo XX, Salvador Alvarado, quien fungía como gobernador de Yucatán, inició un proceso de inclusión de las mujeres en la participación del gobierno estatal. Él consideraba que abogar por la emancipación de las mujeres era fundamental para hacer realidad sus ideales. Estos ideales, según él, serían los motores que impulsarían la dignificación de los débiles y oprimidos, aquellos que sufrían vejaciones y vivían en la pobreza, así como para erradicar la ignorancia y la inmoralidad. Al respecto, Alvarado señalaba como inaplazable la necesidad de preparar a las mujeres para el trabajo remunerado y para actividades fuera del hogar, con el fin de evitar que se vieran obligadas a recurrir al único comercio que las podía degradar: el de su propio cuerpo.

Hermila Galindo lideró un proyecto reivindicatorio que ofreció una representación innovadora para las mujeres de su época. Este proyecto se centraba en principios de igualdad entre ambos géneros en múltiples ámbitos: político, educativo, moral y legal. Galindo insistía en que las mujeres debían disfrutar de los mismos derechos que los hombres. Esta visión sin precedentes se construyó sobre una amalgama extraordinaria de fundamentos, entre los cuales destacaba la necesidad imperativa de una educación integral y moderna para alcanzar la tan anhelada igualdad.

Durante el movimiento revolucionario, la Iglesia católica era señalada como la principal responsable del atraso en el que se encontraba la población, especialmente en términos de educación e ilustración. Galindo identificó la superación de la ignorancia como un paso esencial para el avance hacia la igualdad de género y hacia una sociedad más justa y equitativa.

La relación que Hermila Galindo estableció con el movimiento constitucionalista desempeñó un papel fundamental en la obtención de un reconocimiento favorable para las mujeres dentro de su agenda feminista. En su correspondencia dirigida a Venustiano Carranza, abogó fervientemente por el derecho al voto femenino, sosteniendo que, si las mujeres asumían responsabilidades sociales, también debían tener reconocidos sus derechos civiles. Esta interacción resultó determinante para impulsar la inclusión de la mujer en el ámbito laboral remunerado, el acceso al sufragio, la mejora en la educación, la separación entre la Iglesia y el Estado, la ampliación de las oportunidades profesionales y la búsqueda de la equidad de género para prevenir su subordinación y la hipocresía moral en cuanto a lo sexual.

En 1918, Hermila Galindo se postuló como candidata a diputada, un acontecimiento sin precedentes que marcó una nueva dinámica para la participación de las mujeres en la política. A pesar de que se afirmó que había obtenido la mayoría de los votos, el Colegio Electoral no reconoció su victoria, lo que resultó en la negación de su asiento legislativo. Consciente de esta eventualidad, Galindo había decidido desafiar abiertamente la ley, al tiempo que exponía ante la opinión pública la injusticia perpetrada.

Desde el comienzo de su campaña, Galindo dejó en claro que su principal objetivo era evidenciar ante la ciudadanía la demanda creciente de sufragio por parte de las mujeres, sentando así un precedente de lucha para las generaciones futuras. Su intención era sembrar un ejemplo positivo que las mujeres de las décadas de 1920 y 1930 pudieran recoger y seguir.

Es importante destacar la lucha constante emprendida por destacadas feministas desde el periodo inmediatamente posterior a la Revolución mexicana, entre 1915 y 1916. Figuras como Elvira Carrillo, quien en 1923 se convirtió en la primera mujer elegida por un congreso de diputados en Yucatán, junto con Adelina Zendejas y la emblemática Hermila Galindo, entre otras, merecen ser mencionadas y resaltadas por su incansable dedicación hacia la causa de la igualdad de género. 

En 1954, Aurora Jiménez de Palacios se convirtió en la primera diputada federal, seguida por María Lavalle y Alicia Arellano Tapia, quienes fueron elegidas como senadoras en 1964. La consecución del derecho al voto fue el resultado de la labor llevada a cabo por mujeres que abrazaron la causa de su emancipación. Organizándose y librando diversas batallas, estas mujeres lograron ser reconocidas como ciudadanas y así acceder a derechos, espacios y leyes que durante mucho tiempo limitaron sus libertades.

La consecución del derecho al voto fue el fruto de la labor emprendida por mujeres que adoptaron la causa de su emancipación y se organizaron para librar diversas batallas en pro de su reconocimiento como ciudadanas. Este proceso les permitió acceder a derechos, espacios y leyes que durante mucho tiempo habían limitado sus libertades. 

En el contexto actual, la presencia de dos candidatas en la contienda electoral, ambas destacadas profesionales en sus respectivos campos, resalta la importancia del legado de Hermila Galindo en las decisiones políticas de nuestro país. Sin su influencia, no sería posible vislumbrar el ascenso de mujeres hacia posiciones de liderazgo en cargos públicos de elección.

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