Sombras
Por: Juan Guerrero Jaramillo
Recuerdos de otra vida antes de partir
Escuela Nacional de Trabajo Social
Escuela Nacional de Trabajo Social
Había pasado ya un tiempo desde que las sombras se habían ido cuando, lesionada y con la respiración cortada, Keyla se levantó. Las piernas le fallaron e intentó recuperarse al apoyarse del anaquel volteado de aquel Oxxo abandonado, apenas logró evitar caer de cara contra el piso y hacer más ruido del necesario antes de levantarse por completo.
Con algunas gotas de sangre cayendo desde su hombro izquierdo se miró en el vidrio de los refrigeradores que alguna vez contuvieron botellas de refrescos y aguas de sabor frías que solía comprar cuando hacía calor. El reflejo de una mujer le regresó la mirada, una maraña de pelos sucios y negros, tenía un rostro que parecía haber visto lo peor del mundo que quedaba, estaba llena de arañazos, mugre y, su cuerpo, permanecía arropado con las ropas sucias de tierra, grasa y manchas oscuras. Intentó acercarse a la puerta de vidrio templado, pero al intentar moverse, un mareo casi la vuelve a tirar. Logró componerse justo a tiempo, pero la pérdida de sangre la estaba haciendo perder el conocimiento; sus ojos se entrecerraron por un momento.
Aunque fue extraño, el calor de la sangre que bajaba por su brazo le recordó a uno de los últimos días normales que tuvo.
Era un día soleado, algunas nubes blancas colmaban el cielo. Ella iba saliendo de sus clases en la universidad, platicaba con sus amigos sobre quién sabe qué tema de la última clase que tuvieron. Una de sus amigas se estaba despidiendo para irse a su casa, otra decidía si quedarse a hacer sus tareas o ir a comer primero y Keyla solo se debatía sobre si realmente su carrera había sido la indicada. Levantó la mirada para despedirse de ellas e irse a casa, pero algo no estaba bien, a pesar de que veía perfectamente el resto del paisaje y sentir incluso el sol en su brazo, no podía ver bien el rostro de sus amigas. Se quedó congelada, no podía mover sus piernas, sus manos se sentían frías a pesar de estar parada bajo el sol.
Cuando trató de moverse su torso fue hacia delante, pero sus pies no se movieron, cayó de rodillas contra el suelo de concreto con la pegatina que lo hacía parecer azulejo beige.
El dolor de la caída la distrajo, sus rodillas se habían estrellado contra restos de vidrio de las puertas y las botellas de los refrigeradores.
Levantó una de sus piernas para quedar con un pie apoyado y lista para levantarse por tercera vez, pero simplemente le faltaron fuerzas, decidió mejor respirar hondo e intentar recordar dónde había quedado su mochila tras el forcejeo. Pero no pudo.
Una gota golpeó el piso, un pequeño río de lágrimas se formó desde sus ojos, removiendo un poco de la mugre que cubría su rostro, rastros de suciedad y de un líquido negro que se removía ligeramente de sus mejillas. Un moco se asomaba desde su nariz. Keyla solo se quedó en la misma posición, apenas agarrando su brazo izquierdo para evitar que se moviera, con un dolor punzante en el hombro desde donde le escurría sangre y el mismo líquido negro que se había limpiado de su rostro impregnado con sus lágrimas, hasta la punta de sus dedos, de los que escurrió un hilo de sangre en el suelo. Unas piernas que no querían responder y una mente que empezaba a divagar.
Keyla, apenas recuperó fuerzas, pudo apoyar bien el pie en el suelo y se levantó, tambaleándose. Terminó golpeando su hombro contrario contra uno de los pocos anaqueles que quedaban levantados.
Un paso. Dos. Keyla se movió lentamente hacía la salida del Oxxo. Una punzada le recorrió todo el brazo y la detuvo sobre sus pasos. Apenas aguantando un grito, Keyla avanzó.
Faltaba poco, apenas unos tres metros para la salida.
Un ruido.
Alerta.
Se disparó el ritmo cardiaco de Keyla.
Era una de las sombras, el gutural y extraño ruido que generaban era inconfundible.
Si llegaba a la mochila estaría bien.
Aumentó el paso, una situación de vida o muerte.
Un chirrido, similar al de una hoja de cuchillo rascándose contra una roca.
Diez pasos.
Otro ruido de la sombra.
Cinco pasos.
Una figura se levantó detrás de Keyla, con un apéndice parecido a un brazo que se extendía desde detrás.
Keyla abrió su mochila.
La sombra se lanzó contra ella, su apéndice estaba listo para atravesarla por la espalda.
Solo se escuchó el sonido de un líquido golpeando de golpe el suelo…
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