Escuela Nacional Preparatoria Plantel 3
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Las niñas y mujeres siguen siendo alejadas o excluidas de diversos ámbitos sociales a consecuencia del sistema patriarcal y las actitudes machistas. Tal es el caso de la ciencia, que muchas veces ha estado vinculada directamente con la masculinidad.
El patriarcado es un sistema que radica en centrar la organización, dominio, autoridad y poder del hombre y lo “masculino”, poniendo a las mujeres como menos relevantes e importantes. De tal forma se nos coloca en situaciones en las que somos privadas de derechos, libertades, así como de nuestro potencial desempeño económico, social y político. Esto ha sido constante por el uso de la violencia para obligar ciertas conductas que asimismo, se aceptan por un proceso de socialización. Por otro lado el machismo se reconoce como el “…conjunto de actitudes, normas, comportamientos y prácticas culturales que refuerzan y preservan la estructura de dominio masculino y heteronormado sobre la sexualidad, la procreación, el trabajo y los afectos” (INMUJERES). Ambos factores han rezagado el papel de las mujeres en la construcción de la ciencia y el conocimiento.
En la actualidad la presencia de mujeres en la educación ha crecido en esta parte del mundo, pero los prejuicios y estigmas sociales siguen afectándonos: según la UNESCO, el 45% de investigadores en Latinoamérica en áreas de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas son mujeres, lo cual es bastante alto en comparación con el porcentaje mundial, que corresponde a sólo el 33%. Lamentablemente aún existen factores que impiden el pleno desarrollo de las mujeres en estas áreas como la falta de legitimación, la misoginia, la escasez de financiamientos para investigaciones, el salario inferior y la poca oportunidad de avanzar profesionalmente en comparación con los hombres. Esto sin duda es provocado por los estereotipos de género impuestos por la sociedad y transmitidos por diversos agentes sociales.
Pese a estos obstáculos, la participación de las mujeres se ha hecho presente y se han logrado grandes avances y reconocimientos a lo largo de la historia. Tal es el caso de Marie Curie, quien ha sido la única mujer hasta el momento en ganar dos Premios Nobel, el primero en Física (1903) por su descubrimiento de los elementos radioactivos y el segundo Premio Nobel en Química (1911) por sus investigaciones del radio y el polonio; también está Ada Yonath ganó el Premio Nobel de Química (2009), por sus descubrimientos pioneros sobre la estructura y función de los ribosomas, los sintetizadores de proteínas de nuestras células, convirtiéndose en la primer mujer de origen Israelí reconocida de esta forma por su aportación en la ciencia; además pienso en Tu Youyou ganó el Premio Nobel en medicina (2015) por descubrir la eficacia de la molécula antimalárica de la planta Artemisia annua; o Margaret Hamilton, quien fue la primer mujer en trabajar en la NASA; igual está Katalin Karikó (2020) considerada madre de la vacuna contra la Covid-19, así como Chen Wei, Kizzmekia Corbett, Sara Gilbert, Nita Patel, o Isabel Sola, quienes han participado en el desarrollo de las principales vacunas contra el COVID-19; entre otras destacadas mujeres que se han atrevido a experimentar y transformar el mundo de la ciencia.
Mantener a la sombra o al margen de las investigaciones científicas a las mujeres significa subestimar su potencial y perjudicar los avances científicos. El mundo científico requiere abrirse a la diversidad para seguir impulsando el desarrollo científico en pro de la humanidad. Resulta imposible ejercer el derecho a la ciencia de las niñas y mujeres en contextos de inequidad en el acceso o desarrollo en el ámbito profesional como el que actualmente vivimos. Pero a esa realidad nos enfrentamos.
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Una respuesta
Muy interesada en la historia y los procesos de los feminismos