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Ilse González Morales

Facultad de Estudios Superiores Cuautitlán

Ordenar mi Cuarto

Número 13 / ABRIL - JUNIO 2024

Dentro del desorden, siempre hay un orden

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Ilse González Morales

Facultad de Estudios Superiores Cuautitlán

Tengo un recuerdo muy particular de cuando era más pequeño. Recuerdo estar en mi cuarto, rayos de sol cubriendo el piso de madera, una alfombra peluda en el centro de la habitación y varios juguetes regados por ahí. Cuando era niño, me encantaba pasar todo el tiempo en mi cuarto, jugando, dibujando y creando historias.

 

Después crecí. Mi cuarto dejó de ser un lugar agradable. Después de lo que pasó, ya no se sentía como el mismo lugar. Algo faltaba. Solo usaba mi cuarto para dormir. Entraba y me acostaba en mi cama. En las mañanas sonaba la alarma y salía de ahí. Odiaba estar en mi cuarto. No más juegos, no más dibujos y no más historias. 

 

Después crecí un poco más y decidí que quería volver a amar mi cuarto. Quería encontrar en esa habitación mi espacio, un lugar en donde pudiera pasar el rato como cuando era niño. Mi madre sacó el viejo librero de mi abuela, lo limpiamos y lo pusimos junto al nuevo escritorio que mi padre compró. Colgué posters y fotos en las paredes. Se veía mucho mejor. Ahora, al llegar a mi casa me encerraba en mi cuarto. Hacía mis tareas, chateaba con mis amigos y a veces dibujaba un rato. Volví a crear historias. 

 

Poco a poco fui cayendo en viejos hábitos. Crecí y con mi nueva edad vinieron nuevas responsabilidades. Mi tiempo libre se fue reduciendo, mientras que los quehaceres y tareas solo iban aumentando. Llegaba muy tarde a mi casa, mi cuarto lo usaba solo para dormir de nuevo. Mi escritorio se llenó de papeles, basura y otras cosas que no tenía tiempo de poner en su lugar. El librero estaba desacomodado, libros de cabeza y en desorden. Mi ropero fue reemplazado por una silla, en donde colocaba toda la ropa que en teoría debía doblar y acomodar. Las cosas en las repisas, los libros en los estantes estaban cubiertos de polvo. 

Mi cuarto era un desastre que no tenía tiempo de arreglar. 

 

Lo que me lleva a donde estoy ahora. 

 

El desastre es tan grande que ya no puedo funcionar. No tengo espacio para hacer nada, no puedo terminar mis tareas, mis quehaceres, y mucho menos puedo seguir con mis dibujos, mis historias. Además, no quiero volver a odiar mi cuarto, no ahora que aprendí que sí puede llegar a ser un lugar agradable. Estoy cansado de tener que vivir así. Sin importar cuánto tiempo o esfuerzo me tome, voy a arreglar mi cuarto. Ya lo decidí. 

 

Hoy es domingo, no tenemos ningún compromiso y el día de ayer terminé mis tareas. Puse un poco de música, agarré mi trapo para el polvo y me di a la tarea de ordenar mi cuarto. 

 

Al examinar mis pertenencias me di cuenta de que tengo muchas cosas que ya no utilizo, cosas que no me sirven. Basura, prácticamente. Es sencillo lidiar con ese tipo de cosas, me deshago de ellas sin problema. No puedo decir lo mismo de las cosas que no necesito tener pero que sí quiero tener. Esas son más complicadas. Porque realmente no uso ni me sirve de nada tener una figura de acción de Spider Man, pero realmente no me puedo deshacer de ella. Al final del día, mantengo conmigo lo que me hace feliz, lo que me gusta. Supongo que no todo tiene que ser funcional y tener un propósito para estar en mi vida. 

 

Además de todo eso también me encontré con muchas otras cosas que sí uso, que sí me sirven. Muchas de esas ni siquiera recordaba que las tenía. Por fin encontré mi cortauñas, y también encontré la plumilla de mi guitarra, hace mucho que no toco. Debería volver a hacerlo. Los cuadernos que todavía tienen hojas limpias, mis acuarelas, mis lápices, todo lo tenía arrumbado en un cajón. Ahora puse todo eso en la mesa del escritorio, así lo tendré a la mano cuando lo vuelva a usar. Y creo que ahora lo usaré más que antes. 

 

Muchos de estos objetos me traen recuerdos. La playera de la carrera Bonafont de hace tres años, buenos recuerdos. El regalo que me dio mi tía en mi cumpleaños número 12, malos recuerdos. Fotos viejas de mi perro, recuerdos de tiempos mejores. Mi cuaderno de dibujo de cuando tenía 15 años, recuerdos de tiempos distintos. Decido conservarlos todos. 

 

El desorden será mucho más grande antes de ser mucho más chico. Las cosas empeoran antes de mejorar. Es inevitable. La ropa ya no está en la silla, está en el suelo. En la silla están mis libros. En el librero hay cuadernos. Y en el escritorio hay un sin fin de fotos, juguetes, sombreros, pinceles, libretas, bolsas, y otros objetos que parecen no tener lugar alguno. No sé cómo es que todo esto cabía en el cuarto. 

 

¿Qué estoy haciendo? No creo poder lidiar con este desorden. Es demasiado, es muy difícil. ¿Cuánto tiempo llevo aquí? ¿Dos? ¿Tres? ¿Cinco horas? Estoy cansado. Esto es mucho más complicado de lo que creí que sería. ¿Cómo dejé que este desastre ocurriera en primer lugar? ¿Cómo dejé que se hiciera tan grande? Debí haber hecho algo antes, ahora ya es muy tarde. Aunque pudiera estar aquí ordenando por tres días seguidos nunca terminaría. Las cosas estaban mejor antes de empeorar este desastre. Tal vez a veces era un poco difícil, pero al final del día era funcional. Debería parar antes de empeorarlo más…

– ¿Qué haces?

 

Mi hermana abrió la puerta. 

– Nada – le digo. 

– Llevas aquí adentro un buen rato. ¿Estás seguro de que no haces nada?

– Bien. Estoy ordenando mi cuarto, o bueno, más bien intentando ordenar mi cuarto. 

– Ya veo. 

 

¿En qué momento terminé sentado en el suelo? Seguramente me distraje, todo por andar pensando en lugar de actuar. Esto es muy difícil. 

– Bueno, si quieres algo estaré en la cocina – dijo mi hermana, a punto de irse. 

– Esto es muy difícil. 

 

¿Dije eso en voz alta? Rayos, no se suponía que debía decirlo en voz alta. Ni siquiera es tan difícil. No sé por qué me cuesta tanto trabajo. 

– ¿Ordenar?

– Si. No sé por qué me cuesta tanto trabajo. Se supone que debe de ser algo sencillo, ¿no? Tú siempre tienes tu cuarto bien ordenado. Y mamá, y papá. Incluso los abuelos. Ustedes no son tan desastrosos como yo. 

– Oye, tú no eres desastroso. Solo porque veas un cuarto ordenado no creas saber la razón por la que está así. Es más fácil para algunos que para otros. 

– Pero ya no soy un niño, debería de poder hacer esto solo. 

– Bueno, pero no puedes.

– ¡Oye!

– Pero eso no tiene que ser algo malo. Solo necesitas un poco de ayuda. 

 

La relación que tengo con mi cuarto es algo confusa, tiene sus momentos altos y bajos. Lo amé, lo odié, es mi cuarto. Me pertenece y es todo lo que tengo. No dejaré que el desorden vuelva, lo prometo. Sé que será más fácil decirlo que hacerlo, y sé que habrá momentos en que el desorden volverá, aunque yo no lo quiera. Pero, aunque eso suceda, ahora sé que debo hacer. No estoy solo, y no tengo por qué estarlo. 

 

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