Esta ventana es para mirar dentro de nosotrxs a través del arte y la creatividad.
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Miguel Á. Padriñán

Miedo

Número 5 / ABRIL - JUNIO 2022

La pandemia del COVID-19 dejó secuelas emocionales en lxs adultxs que afectan directamente a lxs más jóvenes en casa

Picture of Brisia Atziri Bretón Moncada

Brisia Atziri Bretón Moncada

Escuela Nacional Preparatoria Plantel 2 Erasmo Castellanos Quinto

Miedo, eso fue lo que el mundo entero sintió al escuchar la palabra “pandemia”. Todos corrían comprando y asegurando que este sería el fin del mundo, sí, fue el fin de un mundo que no estaba listo y mucho menos preparado para dejar de existir o dar paso a una evolución forzada por el famoso virus.

Sin darnos cuenta fuimos perdiendo una parte importante de nosotros mismos, las nuevas generaciones se vieron obligadas a crecer con el rostro cubierto, con sentimientos sin expresar, sin poder salir y conocer a nuevas personas que les aliviaran toda la presión que se ha generado en la casa, de todos esos sentimientos de desesperación y soledad que provoca el estar encerrado con personas que no saben cómo tratar bien a los pequeños inquietos que anhelan salir y explorar nuevos mundos.

Otros jóvenes simplemente decidieron abandonar el barco llamado “vida”, pues la presión social, familiar y escolar fue tanta que no pudieron continuar con el gran peso que les originó este confinamiento; por la calle se escucha cómo se refieren a ellos como cobardes, valientes o débiles. Yo no podría juzgar a alguien que cada día daba lo mejor de sí para enfrentar una vida que cambió de la nada sin un previo aviso o previo “adiestramiento” y que provocó que el brillo de sus ojos se extinguiera. Conozco a muchos jóvenes, adultos e inclusive niños que perdieron su esencia y ahora son solo cascarones vacíos andando por ahí esperando despertar de una “pesadilla” a la que todo el mundo conoce como realidad. ¿Quién podría aguantar las mismas reprimendas, las mismas oraciones negativas, las mismas voces diciendo qué hacer y cómo ser sin poder escapar de ellas ni por un segundo?

Los adultos ahora se volvieron más severos, no saben cómo detenerse, cuándo parar, su trabajo se encuentra ahora en el lugar que, se supone, utilizaban antes para descansar; se les ve corriendo de un lugar a otro de la casa, alterados por el estrés generado de sus cuatro paredes diarias, el mal humor se acumula y lo descargan con quien se cruce en el camino; se olvidaron de disfrutar del acompañamiento de su familia y de los pequeños momentos que hacían la vida mejor.

Nada de esto ha sido fácil para nadie, nadie supo cómo afrontarlo, nadie supo cómo expresarse sin lastimar a otros, todo el mundo se vio sumido en una situación tan repetitiva que poco a poco a cada uno lo sumió en una locura personal; unos aprendieron a sobrellevar todo de una mejor manera, otros simplemente no supieron y hasta el momento no saben qué hacer.

Llevamos dos años sin poder parar de trabajar, de estudiar, de las peleas absurdas que terminan en una pelea de semanas entre familias. Llevamos dos años con miedo de salir y regresar a casa con un virus que infecte a nuestra familia, con miedo de caer en manos de nuestros propios demonios, con miedo de no volver a disfrutar como antes, con miedo de vivir…

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