Esta ventana es para mirar dentro de nosotrxs a través del arte y la creatividad.
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Carlos Nissim Valencia Osorio| Facultad de Filosofía y Letras

Lucha por tus sueños

Número 21 / ABRIL - JUNIO 2025

Creérsela es un acto de amor

Picture of Regina Carrillo

Regina Carrillo

Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH) Vallejo

A veces la gente idealiza los trastornos. Dicen: “tú no tienes esto porque no actúas así”, “solo finges”, “eso no se siente así”. Pero la realidad es que ellos no lo viven.

Me presento: soy Regina, tengo 15 años y tengo distimia, una depresión crónica, leve pero duradera. Me la diagnosticaron a los 10 años. En ese momento se lo dijeron a mi mamá porque, la verdad, yo no entendía muy bien lo que tenía.

Tiempo después tuve un intento de suicidio a los 12 años, del cual mi mamá ni siquiera se enteró en ese momento. Fue entonces cuando me di cuenta de que tenía depresión, y la verdad fue algo que no me esperaba, pues la mayoría de la gente la idealiza: una chica triste comiendo helado y pizza, sentada viendo televisión todo el día, con ropa sucia. Pero la realidad es otra. A mí siempre me gustaba arreglarme, sonreír aunque no lo sintiera, o reír sin emoción. Es raro: es como si tomaras prestado ese cuerpo y tú solo estuvieras ahí, manteniéndolo limpio. Sentía el cuerpo pesado, como si cada aliento me quitara energía.

Después vino la adolescencia, y ese cambio repentino de “querer encajar en un mundo cruel sin poder encajar en ti misma” fue una de las cosas con las que más me ahogaba.

Conforme pasó el tiempo, fui construyendo un poco de mi propia personalidad y entendiendo quién era y qué necesitaba. Esto me ayudó a sentirme mejor conmigo misma y a no sentirme tan deprimida por un tiempo. Pero después mi estado mental decayó: mi ansiedad y depresión se volvieron más intensas, hasta el punto de ser internada en un hospital psiquiátrico, donde estuve un mes.

En esos días me sentía agotada, sin vida y sin salida. Todo esto pasó unos meses antes del examen a la prepa y de mis 15 años. Sentía que mi vida se derrumbaba y que iba a ser una fracasada.

Cuando salí del internamiento me sentía más aliviada, pero con el paso de los meses volví a sentirme triste. Sin embargo, en ese momento me sentí más fuerte para enfrentar esos pensamientos.

Actualmente estoy estudiando en mi primera opción de la prepa y ya pasaron mis 15. Ese día entendí por qué tenía que estar viva. Y aunque a veces me siento triste y sin fuerzas, recuerdo que tengo familia y personas que amo por quienes luchar, y que también debo hacerlo por mí, porque yo importo, aunque mi fe esté por encima de todo.

Aunque muchos cristianos o católicos dicen que ir al psicólogo es malo, es un acto de amor que puedes hacer por ti. Y si no crees en Dios, también cuídate y no te fuerces a cumplir estándares de la sociedad ni a encajar en un lugar donde no perteneces. Eso daña tu salud mental y, aunque a muchos no les importe, es de lo más importante. Lucha por tus sueños, aunque los demás no quieran, y no dejes que tu trastorno te detenga; más bien, tómalo como un impulso para demostrar que no define tus metas ni tus logros.

No sé quién seas, ni tu situación ni lo que te pasa, pero quiero decirte que hay personas que te aprecian o que se han sorprendido por quien eres.

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