En ausencia de…
Por Alexis Boleaga
¿Qué vida puede vivirse así?
Facultad de Medicina
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Durante mucho tiempo pensé que era alcanzar una meta, recibir un aplauso, o ver mi nombre grabado en algún reconocimiento. Creí que el éxito era una cima, y que mientras más alto subiera, más cerca estaría de la felicidad. Pero el tiempo, con su paciente sabiduría, me enseñó que hay montañas que se derrumban al tocarlas.
Hubo un instante en el que todo aquello que creía sólido se desvaneció. Los premios perdieron su brillo, los aplausos se disiparon, y comprendí que había confundido el ruido externo con la voz interior. Entonces, como quien observa su propio reflejo en un espejo roto, vi que lo que buscaba no era éxito, sino aprobación. Y la aprobación, como la arena entre los dedos, nunca se puede retener.
Fue necesario perder para entender. Entendí que nada nos pertenece, ni las cosas ni las personas, porque todo está en constante tránsito. El verdadero aprendizaje ocurre cuando el alma acepta el cambio sin resistirlo, cuando aprendemos a soltar con fe, aunque duela.
Hoy creo que el éxito no está en conquistar, sino en comprender. En aceptar lo que la vida ofrece, incluso cuando parece quitar. Éxito es estar en paz con lo que eres, con lo que fue y con lo que aún no llega. Es confiar en el orden invisible que guía cada paso, en ese pulso divino que transforma las pérdidas en lecciones y los finales en comienzos.
Soñar sigue siendo necesario, los sueños son brújulas del alma, pero ya no para demostrar, sino para descubrir. Cada meta es solo un mapa para encontrarnos con la versión más consciente de nosotros mismos.
A veces imagino a una niña abrazando con fuerza su juguete favorito, temerosa de soltarlo. No sabe que al hacerlo, la vida le entregará algo mejor. Así somos todos: aprendices de la entrega. Quizá el éxito, en su forma más pura, no sea otra cosa que la serenidad de quien confía. Esa calma profunda que nace cuando entendemos que nada se pierde realmente, porque todo forma parte del viaje hacia uno mismo.
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