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Escritores en Vuelo | Facultad de Filosofía y Letras

Los tres ojos

Número 21 / ABRIL - JUNIO 2025

Contar historias es darle sentido al mundo

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Escritores en Vuelo

Facultad de Filosofía y Letras

ACTO I: LA PALABRA COMO ALIENTO

Este texto está dividido en tres actos, porque las historias importantes rara vez caben en un solo golpe de voz. Tres actos, tres miradas, tres maneras de explicar por qué un grupo de personas decidió reunirse alrededor de algo tan simple y tan peligroso como escribir.

Yo empiezo. Escribo porque el mundo en el que crecí me enseñó a aguantar antes que hablar, en el barrio aprendí a sobrevivir más que a pensar en la belleza de las palabras, la poesía o la ciencia ficción. La realidad se me estampaba en el hocico de las formas más vulgares posibles, me ensordecía y me obligaba a bajar la mirada, guardar silencio y seguir caminando.

Pero se me acumuló la rabia, las preguntas, el hartazgo, las historias que sólo podrían vaciarse con la escritura. Mi eterno salvavidas para el dolor. 

No nació como un lujo de escritor de escritorio limpio ni como una pose elegante para parecer interesante ni postear en Instagram; apareció como herramienta política: para romper, abrir, defender, cuestionar, reclamar y gritar algo. Porque escribir también es un acto de resistencia y no estoy dispuesta a desaparecer sin dejar rastro.

Escribir es contar lo que pasa en nuestras casas, en nuestras escuelas, en nuestras calles. Antes de que alguien más lo cuente mal, de que lo maquillen, de que lo entierren bajo estadísticas, discursos bonitos o promesas vacías. Las palabras también son territorio. Y quien escribe deja marcas.

Por eso existe Escritores en Vuelo. No nació para fabricar autores perfectos ni frases elegantes para citas de Instagram. Nació para algo mucho más urgente: para que quienes tienen una historia atravesada en la garganta encuentren un lugar donde convertirla en palabra. Porque cuando muchas personas escriben al mismo tiempo, algo ocurre. Las experiencias dejan de ser individuales y las preguntas se multiplican.

Así que si alguna vez has sentido que hay algo dentro de ti que necesita ser dicho o has pensado una frase que nadie más estaba diciendo o simplemente el mundo se entiende mejor cuando lo pones en palabras.

Entonces tal vez este también sea tu lugar.

Tal vez la próxima voz que se levante en esta historia sea la tuya.

 

ACTO II: SOSTIENE LUIS

¿Cómo expresas tus problemas?, ¿le pegas a la pared?, ¿los reprimes?

Yo los escribo. Tengo la humana tendencia de dramatizar mi vida, a modo de hacerla un poco más interesante. Es curioso lo mucho que podemos hacer jugando con el vocablo: describir la misma cosa desde distintos ángulos hasta que aparece algo genuinamente interesante.

En Sostiene Pereira de Antonio Tabucchi nos dicen que la filosofía puede intentar hablar de la realidad, y en realidad decir puras fantasías; mientras que la literatura puede intentar hablar de fantasías, y en realidad decir puras verdades. Algo así iba, honestamente no me acuerdo. El caso es que el personaje de Pereira hace algo curioso: transmite ese mensaje, proveniente de un escritor viejo y fracasado, a un joven universitario con la vida por delante.

Ahora bien. Sin dar importancia a quién la dijo, se le puede encontrar cierta profundidad a esa frase. ¿Cuántos consensos filosóficos existen, estigmatizados como la fantasía de idiotas con una percepción distorsionada de la realidad? y, sin embargo, ¿cuántas veces citamos libros para relacionarlos a nuestras vivencias?

Tanto la filosofía como la literatura parecen hechas para hacernos reflexionar; quizá por eso conviven bajo el mismo techo en la FFyL. Y existe alguna distinción, por la que menospreciamos a la filosofía y celebramos a la literatura. Ese ya es otro tema de análisis.

Sostiene Pereira es una obra curiosa: a pesar de las diferencias contextuales, el mensaje de rebeldía es trascendental. La conocí por mi clase de TLRIID, donde al inicio me obligan a leer treinta minutos de novela.

Esto me irrita. ¿Por qué?, bueno, lo amaría si no tuviera ese sesgo de obligación.

Una actividad curricular puede ser valiosa y, aún así, no siempre saldrás de ella con un buen sabor de boca. Me sorprende cuánta gente no disfruta las clases elegidas por su propia cuenta; pero yo qué sé, sigo en el CCH. Lo que sí sé es que hay formas de sobrellevar esa pesadez. Lo sé muy bien, porque toda mi vida he cursado Matemáticas por obligación, y falta un buen rato para que eso deje de pasar.

Tiendo a dramatizar mi vida.

Quizá por eso no me conformo con talleres y cafés clandestinos. Gracias a este hábito conocí Incidencia UNAM: una organización estudiantil donde destaca el liderazgo y bla bla bla.

No todo se reduce a constancias para subir a historias o fotos frente al Senado. Cuando se da el esfuerzo comunitario, pasan cosas lindas: logramos proyectos, conocemos gente interesante y, dada la ocasión, surgen eventos que realmente valen la pena.

Me gusta pensar que quien se toma el tiempo de leer también es una persona interesante.

Ahora bien: ¿también tienes tiempo de escribir?

Si es así, permíteme invitarte a mi tribu —ser tu Pereira—: Escritores en Vuelo. Donde la incidencia incide y los escritores escriben. Aún no sabemos volar, pero tú nos puedes ayudar con eso, ¿sí?

 

ACTO III: EL POR QUÉ DE ESCRIBIR 

 Mi voz se pierde en el viento, mi conciencia en la muerte y mi historia en la vasta eternidad; es por eso por lo que escribo. Todos vamos a morir. ¡Sea maldito aquel que niegue su destino o ignore la presente condición de la vida, el pago por el que habitamos esta tierra! ¿Qué va a quedar de nuestra alma, más que la conciencia en lo que escribimos? Yo tengo una historia, una larga y ancha historia que se extiende desde el alba del tiempo hasta el futuro ocaso de mi existencia. No estoy aquí para contarla ahora, pero mi mayor deseo es que pueda ser observada a través de mi obra, nítido reflejo de lo que soy.

¿Quién soy?, ¿antes de ser, fui? Me atrae el pensamiento mágico, aunque no crea realmente en ello. En mi literatura, adorno una narrativa verdadera con cuestiones farsantes; exquisita metáfora para el ojo interesado. Imagino a mi presunta alma viviendo vidas antes, después y durante mi precario rumbo por la tierra. Dialogo con divinidades y filósofos, viendo a través del espejo de la ficción una realidad que debe ser comprendida. Ejercito mi conciencia a través de la historia de mi individualidad que, heterogénea, muta mediante diferentes arquetipos. Escribo acerca de esta carne hecha verbo como un método de reflexión interna. Veo mis conflictos y escribo guerras en mundos ficticios para representarlos, porque eso dejaré tras mi muerte: un fuerte eco de lo que plasmo mientras mantengo el aliento.

Me es difícil definir al “yo”. Soy tantas cosas que presentarme solo causaría que adoptara una máscara diferente. El simple hecho de no definirme proyecta una identidad que tal vez no sea la mía. Lo que sé es que yo no soy tú, pero tú eres momentáneamente, yo, al leer esto. Estás escuchando mi diálogo interno discutiendo cómo definirme. Mi identidad es fluida; al escribir, dejo de ser quien soy y paso a ser el otro. Por eso me uní a Escritores en Vuelo, para que cantemos juntos antes de desaparecer.

 

Estas tres visiones son aquellas de liderazgo en el programa de “Escritores en Vuelo”, un programa joven, que siempre estará dispuesto a escuchar tu voz, cual estas, para rimar por siempre, en la eternidad.

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