Viviendo mi sueño universitario
Por: Brenda Paola Juárez Galaviz
Un relato de mi experiencia en la máxima casa de estudios
Facultad de Estudios Superiores (FES) Zaragoza
Facultad de Estudios Superiores (FES) Zaragoza
Corría el año 2011, tenía siete años y emocionada veía por televisión que Pumas se coronaba campeón del torneo Clausura de la Liga MX. Sentía afinidad por dicho equipo, su nombre, su escudo, su porra, su mascota Goyo y sus colores fueron elementos de identidad que captaron mi atención desde un principio, al igual que saber que formaban parte de una gran universidad. Fue en ese momento de intensa alegría que surgió mi sueño de ser estudiante de la Universidad Nacional Autónoma de México o, por sus siglas, UNAM.
Tiempo después mi hermana mayor empezó a estudiar en el Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH) Oriente, y hablaba maravillas de pertenecer a la UNAM, lo cual aumentó todavía más mis anhelos de querer estudiar ahí. Pero al momento de decidir mis opciones para cursar el nivel medio superior, el miedo se hizo presente. No me sentía preparada para trasladarme diariamente a la Ciudad de México por el cambio de rutina que implicaba. Aunque soy de la zona metropolitana, en ese entonces no sabía andar sola por la ciudad y tenía miedo de los diferentes riesgos que existen durante el trayecto, por lo tanto, descarté la opción de CCH y opté por otra escuela, sin embargo, mi meta seguía estando presente. Tal vez no pude ingresar desde el bachillerato, pero aún quedaba la opción de hacer el examen para la universidad, por lo que después de haberme preparado con suficiente dedicación llegó mi resultado. El recibir la noticia de aspirante seleccionado ha sido de las más grandes dichas de toda mi vida. Me brindó la oportunidad de vivir un nuevo comienzo.
Fue así como llegué a la Facultad de Estudios Superiores (FES) Zaragoza para estudiar la carrera de Psicología. Al inicio, mi mente sólo estaba enfocada en pensar cosas negativas de lo que me esperaba: asignaturas complejas, demasiadas tareas, proyectos, estar apresurada todo el tiempo y dificultad para socializar y formar amigos. Visualizaba un escenario difícil y pesado al que quizá me costaría adaptarme, pero, para mi sorpresa resultó ser todo lo contrario. La semana de inducción fue cálida y emocionante, durante el primer día de clases me sentí cómoda y en confianza con mi grupo y profesores, conocí y empecé a hablar con quienes serían mis amigos de toda la carrera. Todo resultó ser un éxito. Al paso de los días me sentía bastante bien acoplada y pude hallar un modo para organizarme con la carga escolar, pero también disfrutaba cada momento que pasaba en mi facultad, ya sea estando en clases, en prácticas, festivales, celebraciones e incluso en los espacios de tiempo libre con mis amistades.
Después de algunos meses llegó el momento de comenzar a participar en otras actividades académicas. La primera en la que me involucré fue en la decimotercera edición del Congreso Estudiantil de Psicología de la FES Zaragoza, como miembro del staff y presentando mi primera investigación, la cual desarrollé en conjunto con mi equipo de trabajo. Más adelante, me desenvolví como ponente en un foro estudiantil de Psicología del Trabajo y las Organizaciones. Bajo esta línea quiero destacar el hecho de que la facultad cuente con este tipo de eventos que contribuyen a la formación integral de los alumnos y que, además, es la oportunidad perfecta para que con la guía de los docentes presentemos proyectos que hemos realizado en diferentes asignaturas, lo que también implica que podamos desarrollar habilidades de comunicación verbal. Así mismo, exalto que la comunidad estudiantil con su compromiso y liderazgo organicen y le den forma a estos eventos que seguirán persistiendo.
Pero no toda la experiencia se reduce a lo académico, ya que también se encuentran las actividades culturales y deportivas que he disfrutado. Es una grata experiencia caminar por los rincones de Ciudad Universitaria, visitando sus facultades, sus bellos recintos históricos y de naturaleza y los museos que están dentro y fuera del campus central, incluso todavía tengo una lista de lugares y eventos pendientes a los que debo asistir.
De igual forma, me gusta ir a los partidos de fútbol soccer de la liga femenil y varonil de Pumas (sigo esperando que vuelvan a ser campeones), pero una de mis experiencias favoritas ha sido presenciar en vivo el clásico partido de fútbol americano entre Pumas CU vs Burros Blancos IPN. Para mí el momento más memorable y emocionante fue el duelo de porras entre el Goya y el Huelum, así como entonar el himno deportivo universitario, porque he de admitir, se me enchina la piel.
También me enteré de la existencia del periódico estudiantil ¡Goooya! y motivada comencé a escribir mi primer texto para la sección de trincheras, el escrito fue publicado en la edición número 16; después se publicó mi segunda colaboración, que apareció en la edición número 17 en la sección de ventana interior y, finalmente, este texto que forma parte de la sección puma de la edición número 21, completando así mi trilogía y mi sueño de escribir y ser publicada. Disfruto con entusiasmo involucrarme en todo el proceso, por ello le agradezco a todo el equipo de ¡Goooya! por impulsar este medio de expresión, por el acompañamiento editorial, por los talleres que ofrecen y por su constante interacción y dinamismo que ha alentado a la comunidad estudiantil a intercambiar ideas y puntos de vista a través de la escritura y el debate.
Finalmente, he iniciado el año participando como orientadora en el evento “El estudiante orienta al estudiante”, acudiendo a la Escuela Nacional Preparatoria (ENP) No. 6 para compartir información con los alumnos sobre mi carrera y facultad, pudiendo así aclarar sus dudas e inquietudes sobre la labor que realizamos los psicólogos. Con cada conversación que entablaba me sentía satisfecha por ayudarlos para que ellos puedan tomar su decisión vocacional con mayor claridad.
Ahora, recuerdo que todo empezó como un sueño que se transformó en una meta y que se hizo realidad. Me gusta mi carrera, me gusta ser universitaria y pertenecer a esta máxima casa de estudios, a la cual le expreso gratitud y respeto por todo lo que me ha brindado, y aunque todavía me falta un semestre para concluir, he de hacer remembranza y valorar todos los momentos buenos y no tan buenos que he vivido dentro de este espacio que es la universidad, así como agradecerles a todas las personas que hicieron de estos años los mejores.
Le agradezco a mis padres y a mi hermana a quienes quiero mucho, por acompañarme en todo este proceso que inició años atrás. Gracias a mis profesores que llevaron a cabo un excelente proceso de enseñanza-aprendizaje y que además, me transmitieron esa increíble dedicación por la Psicología en sus diferentes áreas. Gracias a mis compañeros y amigos por el apoyo que me brindaron y por confiar en mí.
Escuché una frase que dice “los mejores momentos pasan con las mejores personas y con uno mismo”, y vaya que es cierto. La amistad se vuelve importante en este viaje porque nos ayuda a afrontar los momentos difíciles y sobrellevar las presiones, pero también le da ese brillo y color a cada día. Estoy muy orgullosa de los amigos que tengo en la carrera y también en otras facultades, porque a ellos los he visto cumplir sus sueños dentro de esas aulas, esforzándose y ganando resultados.
Sin duda me llevo muchas risas, una amplia gama de aprendizajes y diferentes reflexiones sobre la manera de ver y vivir la vida que me ha enseñado cada persona que conocí en esta travesía. Es probable que cuando egrese sienta un gran vacío y nostalgia por culminar esta etapa que me ha creado tantos recuerdos, sé que cerrar un ciclo no siempre es fácil, pero tengo en mente una de mis frases favoritas:
“Separarse de alguien es también unirse a algún otro en un plano diferente, es elegir; inclusive para reunirse posteriormente en un nivel distinto, con la misma persona, en una dimensión donde la solución de la paradoja unión-separación está dada por el tiempo”.
– Maurizio Andolfi y Claudio Angelo.
Esta carta es para ti, mi Alma Mater.
Con cariño, Pao.
Por: Brenda Paola Juárez Galaviz
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