Viviendo mi sueño universitario
Por: Brenda Paola Juárez Galaviz
Un relato de mi experiencia en la máxima casa de estudios
Facultad de Contaduría y Administración
Facultad de Contaduría y Administración
Entonces nos volvimos a encontrar en el sitio menos pensado: sobre un escenario teatral y en la complicidad de un grupo de locos jugando. Ahí recordé que la felicidad se viste de múltiples formas.
“Dulce es el fruto de la adversidad que, como el sapo feo y venenoso, lleva siempre una gema en la cabeza”, decía Shakespeare, y hay mucha verdad en eso, porque fue así, en medio de la adversidad, que conocí La Comuna Teatro hace poco más de tres años, y volví a encontrarme conmigo. Cuando llegué, traía a cuestas el pesado fardo de una vida vacía o, quizás, un costal rebosante de sombras y ausencia que me había enfermado las ganas de seguir andando y que amenazaba con ahogarme en la desesperanza. Digamos que estaba en la búsqueda de algo que me regresara a mi centro o que me sacara del pozo sin fondo en el que, a diario, me hundía un poquito más. En pocas palabras, intentaba reconciliarme con la felicidad y eso sucedió sobre un escenario, gracias a la Comuna.
De pronto, caminar por el espacio, compensarlo, proyectar la voz, buscar la luz, romperse una pata, entrar por piernas, dar foco, ensayar a la italiana y otras expresiones por el estilo, algunas de ellas incluso alusivas a lo escatológico y estrechamente vinculadas al ámbito teatral, hasta entonces desconocidas para mí, se volvieron parte de mi vocabulario y de mi cotidianidad.
La Comuna es el grupo representativo de teatro de la Facultad de Contaduría y Administración y, aunque a muchos les suena raro que una entidad académica en la que se imparten disciplinas sociales y administrativas, llena de profesionales que operan de manera rígida, textual y excesivamente normativa, tenga un grupo escénico que, literalmente, actúe en su nombre. Lo cierto es que ha sido así durante los últimos diecisiete años. Pero, más que un representativo, la Comuna es un colectivo que, bajo la dirección de la profesora Denisse León Álvarez, promueve, incentiva, alienta e inspira la colaboración, compromiso, identidad y creatividad de los que formamos parte del grupo, para que cada uno contribuya, de acuerdo con sus habilidades y roles, al objetivo común: lograr la puesta teatral o, en palabras simples, hacer teatro.
La puesta en escena es el último paso del proceso teatral y para llegar a ella “Los comunos” siempre tendremos un rol, aún si no subimos a escena, porque detrás del telón nunca sobra una mano, ya sea en tramoya, iluminación, utilería, música o maquillaje. Quienes formamos parte de este maravilloso colectivo entendemos, gracias a nuestra directora, que La Comuna, como el teatro, sólo puede existir desde el trabajo compartido. Aquí no hay personajes secundarios, la relevancia escénica radica en que cada uno haga su trabajo y no en quién tiene el foco sobre el escenario; los protagonistas somos todos.
La comuna es mi lugar seguro, un remanso de paz en el que puedo olvidarme un poco del caos del mundo en el que vivo. Es el sitio donde la magia sucede, porque antes de entrar al aula me despojo del atuendo gris de lo convencional y del rutinario gancho de metal que se me clava en los hombros, para convertirme en lo inimaginable. Es el espacio que me ha enseñado a retarme y a enfrentar mis miedos, a asumir y transformar mis emociones, junto con mi corporalidad, en herramientas al servicio de la escena. Me reconcilió con la vida, me hizo enamorarme de la magia y la locura que hay en torno al teatro y me enseñó a disfrutar la inquieta comodidad que se siente antes de subir al escenario, así como la energía que me invade al bajar y la derrota que viene después, cuando ese ímpetu se apaga, hasta volverse un delicioso cansancio físico y emocional.
Hace poco más de tres años llegué a una cita que el destino me tenía agendada y desde entonces creí haber llegado tarde; hoy estoy plenamente segura de que llegué a tiempo y es que, antes de encontrarme con La Comuna y el teatro, era necesario acudir a otro compromiso ineludible que también se me tenía previsto: el encuentro con las leyes, mi primer gran amor. En La Comuna me di cuenta de que los grandes amores no son únicos, se puede estar con uno sin serle infiel a otro, siempre que haya compromiso y se les dedique tiempo. El representativo me hizo abrazar aún más el amor inmenso que le tengo a las leyes, pero también me mostró que a ese abrazo podía sumarse el teatro. Así conocí a otro de mis grandes amores.
En La Comuna descubrí que amo hacer teatro, porque el teatro salva, porque con él puedo tocar el alma con las manos y acariciar la felicidad. Cuando creí que todas las puertas se me habían cerrado, La Comuna se coló por una pequeña rendija y me hizo volver a abrir los brazos a la vida.
Mi gratitud y respeto para la profesora Denisse León Álvarez por su pasión y entrega a la docencia y al representativo, así como mi reconocimiento a todos los compañeros con los que he coincidido brevemente en el camino, y a quienes continúan recorriéndolo conmigo.
Por: Brenda Paola Juárez Galaviz
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