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Floro

Número 17 / ABRIL - JUNIO 2025

De la imaginación nacen muertas las estrellas, y del amor otro poema

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Juan Pablo Valerio Luna

Facultad de Ciencias

Uno.

Los soles entre las montañas

siempre me recordaron a ti,

como aves de alas largas

que no miran abajo,

desapareciendo en el horizonte

como estrellas diluidas.

 

Dos.

El eco de tu voz pintó las vivencias

a las que llegaste tarde,

era el fantasma de un momento

caminando entre los huecos de mi cabeza

obligándome a susurrar entre lágrimas de hiel:

“cuánto quisiera que estuviera aquí”.

 

Tres.

Tus ojos susurraban otro nombre.

Dentro de una fragua apagada pero caliente,

creí poder darte un amor mal templado,

incompleto y frágil,

flor blanca.

 

Cuatro. Cuatro años.

Mis venas no llegaron a tus bolardos,

y volando mi barco en las nubes se quedó.

Mi viaje acabó.

Acabó la historia de un libro

que jamás empezó a escribirse,

relato majestuoso y triste

como los soles en las montañas…

que siempre me recordaron a ti.

 

De la imaginación 

nacen muertas las estrellas,

y del amor

otro poema.

Míralo. 

 

¿Cuántas vidas pasan en una mirada?

En sus ojos encontró,

para su soledad, una cura,

y en su lánguida voz, 

una canción de cuna.

 

¡Pobre diablo!

Soñando el escenario

donde bailaban ambos,

unos llamándole “amor”,

otros “lo imaginario”.

 

Espíritu de barro

esbozando un alma eterna,

un oasis sacro

para un cactus de piedras.

 

Diablo, escúlpela a tu placer.

Haz que su voz de cello

a tu corazón 

le pinte un “te quiero”,

¡deja que luzca tu cincel!

 

Cede a que tres acordes de piano

orquesten sus encuentros sagrados,

así observando el vano

de morir soñando.

 

Diablo…

¿Cómo sonaba su voz?

Vamos…

Sal ya del salón.

 

Buscan como gusanos

el amor con sentido

atravesando los planos

de los seres cohibidos.

 

Concluyeron con los zapatos enlagrimados

el insólito final de todos los amores porfiados,

donde las pasiones originan vida

y con finales felices nunca terminan.

 

Somos cómplices del insomnio del otro.

Siento que te conozco.

¡Claro!

Fuimos estrellas de la misma constelación.

 

Subimos a un avión desplomándose,

nuestra única solución fue besarnos,

encontrarnos en el dolor y el gozo

de dos seres amándose.

 

La vida empezó a ser un sueño

al momento que pude verte despierto.

Dispuesto a aceptar una pasión

que desbordaba mi corazón.

 

Nos encontramos a tientas,

cegados por un amor mortífero,

enfermos, perdidos y salvados,

conociéndonos en los secretos de las venas.

 

El día que no pude volver

sentí mi corazón romper mis costillas,

y oí al tuyo gritar mi nombre

de la misma manera 

que cuando te vi por primera vez.

 

En el lecho merodean tus besos,

y a mi almohada le pido consuelo.

Cenizas de cartas, cuerpos desalmados.

Supernovas consumadas, amores terminados.

 

No me arrepentí de sentir.

No me arrepiento de amar.

No me arrepentiré de soñar.

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