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Foto de Amine M'siouri

El monstruo: ¿cómo convivir con el nuestro?

Número 18 / JULIO - SEPTIEMBRE 2025

Entender a tu engendro interior es parte del cuidado personal

Picture of José Ramirez Leñero

José Ramirez Leñero

Facultad de Estudios Superiores (FES) Acatlán

¿Qué es un monstruo? Normalmente definimos así a aquellos seres imaginarios de grandes ojos, colmillos rojizos, garras afiladas y pelaje oscuro. Pero también utilizamos la palabra “monstruo” para definir a una persona que ha cometido acciones deleznables, tales como: Ted Bundy, Ed Kemper, Nannie Doss o el monstruo de Ecatepec. En ello radica la monstruosidad, es la calidad de ser repulsivo y aterrador con tus acciones. Sin embargo, llamarlos de esta manera es verlo de forma reduccionista, justificando sus acciones. Aunque eso es tema para otros artículos.

En este caso el “monstruo” es un reflejo de algo que va en contra de las reglas preestablecidas: algo o alguien que representa aquello que no debería estar en la sociedad. Podríamos retomar las ideas de Carl Jung sobre la sombra, las cuales dicen que aquello con lo que no queremos convivir, nuestros deseos más íntimos y pensamientos más oscuros, son reprimidos y guardados en lo más profundo de nuestras ideas; no necesariamente lo ocultamos a terceros, sino que también a nosotros mismos, porque es difícil convivir con aquello que sabemos que está mal. 

Por otro lado, podemos leer el Lobo estepario de Hermann Hesse, donde nuestro protagonista, Harry, siente que posee una dualidad interna: la parte humana y la parte animal, la cual representa con el lobo. Del mismo modo en las primeras páginas del Corazón del hombre de Erick Fromm, el autor se pregunta si el ser humano es un lobo sediento de sangre y de violencia o si es un cordero dispuesto a seguir las reglas y normas de otros, incluso si van en contra de sus principios. El propio Hesse menciona que el ser humano no se puede reducir a un solo animal, más bien puede tener cualidades de distintos seres.  

Un ejemplo más que encontramos en la literatura es la criatura de Frankenstein. Escrito por Mary Shelley, en este libro se utilizan las palabras “monstruo”, “demonio”, “engendro” o “ser repulsivo” para referirse a la creación de Víctor, estos adjetivos se utilizan para menospreciar a la criatura, mas no definen lo que es, puesto que él, el monstruo, es un reflejo de lo que es su creador: un individuo necesitado de aprobación. La criatura en un principio carecía de maldad, no es sino hasta que interactúa con personas que huyen y repudian su aspecto físico, sin conocer sus sentimientos y emociones, que jura venganza contra aquel que le otorgó vida; aquí el monstruo puede nacer, pero también se puede hacer, la duda es: ¿si la criatura no tuviera defectos físicos se seguiría llamando monstruo? ¿Es acaso su aspecto lo que le hace merecedor de dicho título? Si sus intenciones en un principio son nobles, ¿por qué llamarlo monstruo?

¿Entonces eso es un monstruo? ¿Lo que ocultamos a las personas? ¿Es acaso nuestro aspecto físico? Quizá sea parte de la respuesta, pero no en su totalidad. La mente humana es verdaderamente tan compleja como para reducirla a varios aspectos, más bien me gusta pensar que es como un dodecaedro con caras tan distintas y complejas que forman una totalidad completamente única, así que un monstruo es una cara, sí, pero solo una de las tantas máscaras que utilizamos y ocultamos a los demás. 

Partiendo de la idea de que los monstruos son más que una sombra y son más una máscara, también podemos verlos como mensajeros. Tal y como lo trata el autor Alan G. Ramírez en su libro Los monstruos bajo la cama, donde aconseja que debemos convivir con nuestros monstruos, ya que pueden tratarse de mensajeros que nos advierten del peligro que a nuestros ojos pasa desapercibido. Ya que, si desconozco mis emociones, siempre voy a tener miedo. 

En conclusión, tener un engendro interior no es malo, malo es negarlo y negarle su voz que nos puede servir en momentos de incertidumbre. Es un reflejo de nosotros con el que debemos convivir para tener una vida en sano equilibrio, los que están debajo de la cama solo nos pueden atormentar si les damos ese poder. Porque no todos los monstruos tienen ojos grandes, colmillos rojizos, garras afiladas y pelaje oscuro, también pueden ser peluches de algodón color morado y poseer ojos brillantes para contemplarlo todo. Así que, abraza a tu monstruo interior, escúchalo y, por sobre todo, quiérelo, porque es una manera de aceptarte tal y como eres. 

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