Lo que quedó de mí
Por: Quetzalli Torres Hernández
Preguntas desde una tristeza profunda e ira irracional
Facultad de Filosofía y Letras
Facultad de Filosofía y Letras
Recuerdo esa tarde de verano en la cual mi indecisión te lastimo, trayendo tristeza al corazón de un ángel tan hermoso; la recuerdo porque esa tarde mis lágrimas no lograban apagar las llamas de mi corazón, pues por primera vez actúe con razón y no con la emoción, pero dime ¿qué hago ahora que hay razón?, ¿acaso el impulso tomará su lugar?, ¿acaso la razón bastará para que me perdones?
Cada dia me es difícil verte y pienso que lo mismo opinas tú,
pero dime que hago si siento la necesidad de querer verte,
que hago si mis ojos quieren chocar con tus ojos,
que hago si mis manos quieren tocar las tuyas,
que hago si mi mente quiere escuchar tu voz,
dime que hago si mi alma no quiere olvidarte,
¿me podrías dar un consejo para ello?
Vivo añorando encontrarte y hablarte,
sin embargo entiendo que se me ha prohibido,
pues entiendo el daño que te he hecho.
Tal vez no escribiría si no te quisiera,
tal vez no te pensaría si no me importaras,
tal vez no sufriría si me hubieras contestado,
tal vez todo sería más fácil si no te hubiera conocido.
Pero aunque me arrepienta de todo, tú no me perdonarás,
porque el daño que te he hecho es más grande que el perdón.
Hace tiempo leí el poema “Canción de Otoño en primavera” de Rubén Darío, el cual compartí causando una gran tristeza a quien me escuchó, pues sus versos susurran que los seres humanos añoramos el amor de tiempos pasados; en mi caso, cosas que compartí contigo. Te lo expreso no con el fin de ofenderte, más bien para decirte lo adorable de aquel comportamiento tuyo.
Es cierto, no fui clara con mis intenciones, sin embargo me pregunto: ¿cómo podría molestarse el ser amado al ver a quien lo pretende hacer todo lo imposible para ser correspondido? Por ello, te pido perdón y te ruego que me concedas la oportunidad de hablar contigo, ya sea para que el cariño vuelva a florecer o para que ambos podamos encontrar paz. Porque nadie merece vivir con el corazón inquieto, privado de calma.
Por: Quetzalli Torres Hernández
Preguntas desde una tristeza profunda e ira irracional
Por: Areli Rodríguez
Un recuerdo dorado venda mis ojos
Por: Nicole Rios Osborn
¿Por qué estamos tan cómodos en el incendio?
2 Responses
Que impresión y que maravilla, lo sentí muy personal la verdad, parece que le pusiste palabras a algo que creo varios hemos sentido.
Que bonito, ahora veo que no solo yo me encuentro en este camino de lágrimas con el corazón hecho polvo, te abrazo a la distancia