Facultad de Ciencias Políticas y Sociales
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Todo empezó en una noche sin sueño. Y hoy estoy viviendo ese sueño.
¿Crees en el “efecto mariposa”? Ese que dice que una pequeña acción puede desencadenar grandes cambios. Pues yo sí. Y es que una noche de insomnio recordé el día en que mi mejor amigo me dijo: “puedes hacer cualquier cosa que te propongas; tienes un potencial increíble”. En ese momento, no supe el impacto que tendrían esas palabras en mi vida. Creo que, después de lograr mi sueño de estar en un concierto de Coldplay, no tenía otra meta que realmente me importara. Vivir años con problemas de salud física y mental había hecho que el simple hecho de seguir respirando ya fuera un logro para mí.
Sabía que podía hacer más cosas, que cuando te cierran las puertas, aún puedes abrir ventanas y que había personas que confiaban en mí. Esa noche resurgió una idea: ingresar a la Universidad Nacional Autónoma de México. Obviamente, lo veía como algo casi imposible. Pero años atrás lo había imaginado, pero nunca lo había considerado en serio, así que me lo propuse. Sin embargo, eso no bastaba; me esforcé por lograrlo, lo intenté y lo conseguí. Hoy estoy aquí escribiendo esto, pero ¿y si me hubiera dormido esa noche? ¿Y si no hubiera confiado en mí? ¿Y si hubiera abandonado la idea de estudiar? Esa noche fue mi mayor efecto mariposa y lo agradezco.
Crecí en un pequeño pueblo con oportunidades limitadas. Todo siempre fue un desafío. Estudié bachillerato técnico en un colegio privado y, desde ahí, me di cuenta de lo costosa que es la educación, pero también de lo importante que es buscar mejores oportunidades. Tuve la oportunidad de trabajar en instituciones gubernamentales de mi estado, como el INM y la FGJEM. Escribí una tesis, presenté examen recepcional y, sobre todo, conocí personas y adquirí grandes experiencias. Con 17 años, tenía muchas ganas de seguir adelante, pero, por cuestiones familiares, económicas y, sobre todo, emocionales, no pude continuar estudiando. Pero todo pasa por algo, ¿no? En el entorno en el que vivía, para muchas personas, ingresar a la universidad era lo más normal, y para otras era algo imposible. Sin embargo, yo siempre supe que quería más porque podía y merecía; solo que aún no era mi momento.
Comencé a trabajar, hice cursos, leí libros y la idea de estudiar seguía presente, pero no la concretaba. No tenía el apoyo de mi papá, mi mamá se había ido de casa, yo no podía dejar mi empleo ni irme a vivir sola. Había muchas ideas, pero no sabía qué hacer. Aunque nunca le había tenido miedo a nada y sabía que podía lograrlo todo, no tenía suficiente voluntad ni confianza. Después de más de dos años, perdí ese empleo debido a problemas de salud mental. Pasé meses en terapia tratando de mejorar y encontrar motivación, pero no veía salida alguna; estaba muy frustrada. Había pasado el tiempo, algunas personas de mi generación ya estaban a medio camino, y yo sentía que no había logrado nada; ya no tenía motivación para estudiar, no encontraba trabajo, había perdido muchos amigos y sentía que no tenía nada, ni ganas de vivir.
Me mantenía días enteros sin dormir y fue ahí donde comenzó todo. Una noche empecé a buscar información sobre universidades. Fue entonces cuando me encontré con la UNAM y decidí intentarlo. No conocía a nadie que estudiara allí, era la mejor universidad, y si yo ya había esperado tanto para poder estudiar, iba a hacer que realmente mi intento valiera la pena. Había personas que no confiaban en mí, que no esperaban nada de mí y solo veían los problemas que enfrentaba, pero no me apoyaban. Por el contrario, había quienes se mantenían a mi lado y me motivaban a nunca rendirme, y eso me llevaba a esforzarme más en esa meta.
Al día siguiente, comencé a buscar fechas, documentos, guías de estudio, videos, aplicaciones y bancos de preguntas; conseguí todo el material posible para prepararme. Opté por Comunicación como carrera y esperé la convocatoria. Pasaron los meses, hice mi pre-registro, registro, todos los trámites y pagué mi examen. Pasaba mucho tiempo estudiando, desactivé mis redes sociales y llevaba mi material de estudio a mi trabajo. Sin embargo, surgieron pensamientos intrusivos: no conocía la CDMX, mi papá no me apoyaría, ya había renunciado a mi empleo y no tenía dinero. ¿Quién me iba a acompañar? ¿Y si no lo lograba, qué iba a hacer?
Estuve a punto de autosabotearme, pero recordé cuánto me había preparado, la ilusión que me generaba, la primera foto que me tomaría frente a la biblioteca, el impacto que iba a tener la noticia si lograba ser aceptada. Afortunadamente, hubo quienes me brindaron su apoyo y pude presentar el examen. Recuerdo a la perfección ese día. Me sentía confiada, pero el miedo y los nervios eran más grandes. El día que salieron los resultados, no los revisé inmediatamente; tenía fe en mí misma y estaba tranquila. Sabía que si lo lograba sería un cambio importante en mi vida y me había esforzado por ello. Pero también entendía que si no lo lograba, no sería culpa mía; había hecho todo lo posible y debía estar orgullosa de al menos intentarlo. Finalmente vi esa frase: “Aspirante seleccionado”. Lo había logrado.
Los trámites finales para la inscripción parecían un sueño. ¡Realmente iba a estudiar en la UNAM! En el pueblo donde vivo, eso es algo inimaginable para cualquier estudiante, y yo lo había logrado a pesar de varios obstáculos. Ya nada podía desmotivarme. Pasó el tiempo y, sí, tengo mi foto frente a la Biblioteca Central, tal como la imaginé durante todo el proceso. Cada paso que doy lo hago con la convicción de que es por y para mí. Hoy me estoy esforzando por terminar mi carrera y, sin duda, no pude haber elegido mejor. Todo empezó en una noche sin sueño; hoy estoy viviendo ese sueño.
Sin duda, fue una etapa crucial en mi vida. Los problemas claramente no se acabaron con mi ingreso a la UNAM; sigo trabajando en mi salud mental y enfrentando nuevos desafíos. Pero siempre recuerdo que todo pasa por algo y que he vuelto a confirmar que puedo lograr cualquier cosa que me proponga. Todo es cuestión de tiempo. Hoy ya tengo una nueva meta: obtener mi título y sueño con una nueva foto, la de graduación. Si estás leyendo esto, te invito a reflexionar sobre tu propio camino: ¿qué obstáculos has superado? ¿Qué es lo que sueñas o qué te quita el sueño? Sin importar dónde estés o lo que estés haciendo, siéntete siempre orgullosx; cada paso que das construye tu vida. Asegúrate siempre de estar soñando, tanto dormido como despierto.
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